Una sociedad sin bancos es tan posible como necesaria

  “La disolución del orden bancario es condición imprescindible para edificar una sociedad de cooperación, y la posibilidad de acumular riquezas en el sentido capitalista no ha de tener en esta cabida.”

 La construcción política, social, y económica de la civilización humana está históricamente edificada sobre premisas erróneas.

Habría entonces que deconstruirlas para descubrir lo que en ellas hay de esencial y volver a edificarlas sobre premisas distintas.

La mentalidad destructiva no ha servido nunca de nada, por lo que esta debiera ser sustituida por otra mentalidad de naturaleza deconstructiva.

La destrucción solo va dirigida a derruir lo exterior, pero deja intacto lo interior, resultando de ello que se produce un cambio de los que ostentan el poder, pero no de la naturaleza del poder en si.

Apoderarse de las estructuras del estado para nacionalizar sus redes bancarias no supone más que un cambio meramente estético, que en modo alguno cambia el estado de barbarie e injusticia en la que la sociedad humana se ve irremediablemente abocada a vivir.

En el llamado Occidente vivimos en una dictadura financiera camuflada a través de engañosos resquicios de democracia política.

En otras partes del mundo que no se corresponden con ese Occidente hay también dictaduras, de matiz visiblemente más políticas que financieras.

Del esfuerzo de mi reflexión personal me surge la idea de que más allá del tipo de estado y del tipo de estructura bancaria que deseemos construir, la verdadera razón de la barbarie, la opresión y la injusticia que históricamente viene arrastrando la humanidad está en la posibilidad que existe de acumular riqueza… lo que hoy en día entendemos por este concepto.

Desde mi punto de vista, tenemos la percepción errónea de concebir al estado y a su inherente orden bancario como la forma irremediable en que el ser humano ha de organizarse. Partiendo de tal premisa consideramos utopía toda forma de organización social que no tenga en cuenta estado ni orden bancario alguno, y resulta entonces que es, condicionados por este presupuesto, que gastamos todas nuestras energías mentales en intentar diseñar alternativas al sistema en que vivimos, dando por descontada la premisa de que una sociedad moderna no puede vivir sin bancos.

Pero ello es un signo de lo engañados que vivimos, pues no hay mayor venda en los ojos que aquella que nos impele a creer que solo es posible articular el cambio a partir de las estructuras políticas y financieras conocidas.

La sociedad humana no solo puede vivir sin orden bancario, sino que es necesario que se prescinda de este para acabar con el orden social bárbaro e injusto en el que desgraciadamente nos toca desarrollarnos como seres humanos.

La deshumanización del orden establecido es el reflejo de nuestra propia codicia que encuentra su materialización en las posibilidades que ofrece el estatus económico-financiero vigente, que a su vez ha sido consustancial al devenir histórico del ser humano.

La posibilidad de enriquecimiento debe ser eliminada de la faz de la Tierra, tanto para los capitalistas clásicos que se enriquecen en la esfera de la propiedad privada, como para los capitalistas revolucionarios que se enriquecen en la esfera de la propiedad que ellos mismos han estatalizado.

Pienso que paradójicamente podría llegar a considerarse al anarquismo como la forma más viable de organización social.

Esta afirmación aparentemente irracional se sustenta en la idea de que otra sociedad puede ser edificada a partir de premisas diferentes de las que en el presente condicionan nuestra percepción del mundo.

Hablo de anarquismo, entendido como superación del concepto de estado y de estructura bancaria, que en su forma de realidad geopolítica condiciona el modelo de organización social.

Superación que no habría de consumarse en la dirección de implementar una dimensión imperial que se configuraría en el hecho de sumar estados para configurar una súper estructura geopolítica mundial, sino en la de una dimensión solidaria que se fundamentaría sobre la interacción de las municipalidades en espíritu de cooperación.

Es en tal dirección en la que adquiriría sentido la unificación de los ayuntamientos con las entidades de depósito, y la interacción de las asambleas de gestión solidarias (Asgerias) resultantes de la misma a través de la configuración de fondos comunes que harían posible su funcionamiento sin la necesidad de un estado rector.

La eliminación de la posibilidad de acumulación de riquezas se materializaría en la co­nfiguración jurídica de las asgerias, entes locales sustentados sobre la democracia asamblearia sobre los que habría de edificarse la sociedad de cooperación.

En el colegio, el alumno aprende ya desde sus primeros años de escolarización que la sociedad de cooperación en la que vive y en la que habrá de desenvolverse cuando sea adulto, está basada en la solidaridad como forma de vida.

La solidaridad debiera ser percibida como la expresión natural inherente a la naturaleza humana, que a su vez habría de ser reflejo de otra forma de vida basada en valores diferentes a los contravalores que en la actualidad rigen toda nuestra visión del mundo.

La economía solidaria habría entonces de conformar una misma realidad con la forma jurídica sobre la que habría de constituirse la asgeria.

Para que las asgerias funcionen con los recursos financieros que controlan, sería necesario que derivasen recursos a la configuración de Fondos Comunes que estarían destinados a paliar las carencias individuales de estas, y que habrían de constituir una realidad de la que se beneficiarían todas ellas.

En la sociedad de cooperación, los Fondos Derivados Comunes tejen redes de interdependencia entre las asgerias, y redes solidarias entre las comunidades humanas que las conforman.

Interdependencia y solidaridad son dinámicas inseparables en la sociedad de cooperación y le dan a esta su esencia vital.

Los recursos financieros se ponen en común a través de la implementación de un sistema integrado de Fondos Derivados Comunes y estos a su vez derivan recursos destinados a hacer funcionar la sociedad de cooperación, lo que a mi entender supondría estimular el desarrollo humano, empezando por el empeño en elevar el nivel de desarrollo de las comunidades humanas más desfavorecidas, teniendo en cuenta la premisa de que este debe ser inherente al del respeto por nuestro entorno natural.

El estado y su estructura bancaria son los sustentadores de la barbarie y la injustica, su deconstrucción constituye pues una prioridad humana.

Al superarse los conceptos de estado, posibilidad de acumulación de riquezas, y estructuras bancarias como consecuencia de la unificación de los ayuntamientos con las entidades de depósito, las asambleas de las asgerias custodian cada una de ellas una parte de los recursos financieros que conforman los Fondos Derivados Comunes.

Sería a mi entender la interacción en espíritu de solidaridad entre las distintas asgerias el factor que permitiría el desarrollo de las comunidades humanas más desfavorecidas.

Como me han sugerido compañeros con los que he debatido sobre este tema en el Foro del 15 M, habría que tener en cuenta muchos factores previos a la implementación de una sociedad de cooperación basada en las nuevas premisas sugeridas, tales como la previa condonación de la deuda a nivel mundial, o el establecimiento de normas que favoreciesen el acceso gratuito y universal al agua, la salud, la educación, o la energía.

Sin obviar otros muchos factores que ciertamente dependen de la ética y la solidaridad humana y no del interés del capital y el desbordado deseo de acumular patrimonio que hoy en día corroen el espíritu humano, deshumanizándolo.

Una economía basada en la solidaridad solo es posible si realmente si el ser humano desea el cambio, pues nadie puede ser obligado a cambiar por la fuerza.

Personalmente no tengo ni tan siquiera conocimientos básicos de economía, así que todo lo expuesto es este artículo como en el anterior, “El emerger de una alternativa económica integral”, son solo reflexiones personales sin base académica alguna.

Tengo la convicción de que es realizable y necesaria la unificación de ayuntamiento y entidad de depósito, y su estructuración en Fondos Comunes que habrían de tejer redes de solidaridad entre las distintas asgerias.

La solidaridad sería entonces el equivalente al “estado” que habría de diluir la barbarie de la sociedad deshumanizada en la que hoy nos vemos abocados a vivir.

Aunque hoy es obvio que nuestra codicia constituye un agujero negro que no deja pasar la luz.

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