La asgeria y el nuevo sistema financiero y crediticio

Redes neuronales simbolizando las redes de asgerias entrelazadas por los fondos comunes

Condicionantes previos

Los cambios de poder político producto de revoluciones teóricamente anti capitalistas, han nacionalizado las redes bancarias con intención de poder establecer parámetros económicos que hagan posible una sociedad donde no imperen las enormes deferencias sociales características de los países regidos por los vaivenes del mercado. Pero en la práctica estos aparentes cambios políticos y económicos no han supuesto más que alteraciones meramente estéticas. La clase dirigente acapara patrimonio ilimitadamente, y continúa la mentalidad que considera necesaria la existencia de estructuras militares que constituyan el brazo armado del estado.

La mentalidad destructiva respecto del orden capitalista no ha servido entonces para edificar sociedades justas y humanas, sino un capitalismo de estado injusto e inhumano.

Históricamente hemos considerado al estado y su inherente orden bancario como la forma irremediable en que el ser humano ha de organizarse, y partiendo de tal premisa consideramos utopía toda forma de organización social que no tenga en cuenta estado ni orden bancario alguno, pues no concebimos la idea de organizarnos al margen de la implementación de estas estructuras.

La mentalidad deconstructiva supone indagar en que lo que de esencial hay en aquello que consideramos imprescindible, y a raíz de ello hacerlo perceptible a la inteligencia humana para poder analizarlo y razonar sobre como podemos utilizarlo para construir otro tipo de sociedad.

De tal manera la función bancaria, depósitos, custodia, transferencia y crédito, tal como históricamente la conocemos, debe ser replanteada y rediseñada a partir de estructuras diferentes a las conocidas.

No se trata de trasplantar la función bancaria a la asgeria, sino solo hacerlo de la necesidad básica, de modo que el depósito, custodia, transferencia, o canalización de créditos, queden insertados en una institución ajena a la bancaria.

Previa a la implementación de la sociedad de cooperación, habría que desarrollar otras premisas imprescindible, tales como la condonación de la deuda a nivel mundial, o el establecimiento de normas que favoreciesen el acceso gratuito y universal al agua, la salud, la educación, la energía, o la vivienda.

Una economía basada en la solidaridad solo es posible si realmente el ser humano desea el cambio, pues nadie puede ser obligado a cambiar por la fuerza.

Las normas financieras que habrían de regir las asgerias serían rediseñadas para adaptarse al requerimiento de solidaridad, desterrando prácticas tan nefastas como la usura.

¿Cómo habría de ser esto en la práctica posible?

El sistema de intereses inversos

Las asgerias, que controlan todos los recursos financieros, los ponen en común a través de la implementación de un sistema integrado de Fondos Comunes, que tejen redes de interdependencia entre todas las asgerias, y de solidaridad entre las comunidades humanas que las conforman.

Las asgerias deben constituirse con la premisa de favorecer la máxima cercanía de estas a las comunidades humanas. Evidentemente este es un concepto relativo que tendrá diferente edificación dependiendo de la comunidad humana que tratemos. Puede sustentarse sobre criterios poblacionales variable de un área a otra. La población de Barcelona, por ejemplo, puede considerar oportuno establecer en su ámbito municipal 2, 3, o 4 asgerias, y la de La Orotava una sola para todo su ámbito municipal. Esto debe ser una elección propia de cada comunidad ciudadana atendiendo a los criterios que cada una juzgue más adecuados.

Las asgerias no están sujetas al principio irreductible de la territorialidad, sino que están basadas en otros principios de humanidad donde el ser humano es el centro en torno al que ha de girar toda la construcción económica. En esta premisa radica la naturaleza de máxima cercanía a las comunidades humanas de las que ha de estar basada la asgeria.

La solidaridad es el principio rector de la sociedad de cooperación, no el poder económico, político, o militar. Hay que concebir entonces la asgeria desde premisas mentales distintas a las que en el tiempo presente condiciona nuestra psicología. Si no hay un deseo de cambio que surja desde nuestra interioridad, la asgeria no tiene sentido, pues solo lo tiene si hay una verdadera intención de fomentar la solidaridad y edificar con ello la justicia humana, hasta ahora desconocida.

Un nuevo sistema económico que tenga en cuenta la realidad de las comunidades humanas en el ámbito municipal puede eliminar las lacras que suponen el estado, el ejército, y la banca. Pero para que deje de ser una utopía se necesita precisamente otra realidad económica acorde al desarrollo de una nueva mentalidad solidaria.

Una sociedad de cooperación basada en las asgerias como unidades político-económicas fundamentales no es una utopía, sino una necesidad.

El mundo inhumano en el que vivimos es la utopía que nosotros mismos hemos edificado, cambiar este estado es cuestión de tener verdadera voluntad de hacerlo, y de comenzar a diseñar y planificar las bases mentales para conseguirlo.

Nos hacen creer que la utopía es el diseño de otro tipo de sociedad al margen de esta condicionada en esencia por la guía indefectible de la codicia humana, y lo creemos así de manera natural, por inercia mental..más en realidad la utopía es precisamente el mundo en el que vivimos.

La sociedad de cooperación basada en las asgerias está por diseñar. Hay que elaborar propuestas destinadas a una fase previa, en la cual adquiriría sentido la exigencia de disolución de las estructuras militares, o del acceso gratuito y universal al agua, la sanidad, la educación, la energía, y la vivienda, exigencias que debieran ser asociadas indefectiblemente a la idea de sociedad de cooperación.

Para todo ello se precisa de otra dimensión mental destina a cambiar las prioridades humanas; la alternativa económica integral no sería en realidad sino el efecto de este cambio de prioridades.

Ni utopías ni filosofías inconsistentes en la práctica, sino cambio mental, acceso gratuito y universal al agua, la sanidad, la educación, la energía, y la vivienda. Disolución del orden bancario mundial e imbricación de lo esencial de la estructura bancaria, o lo que es lo mismo, deposito, custodia, y canalización de créditos, en el ámbito administrativo municipal. Disolución de los ejércitos y estructuración de una red de Fondos Comunes Integrados constituidos por los recursos financieros de las asgerias.

Las asgerias cuentan con cuentas de depósitos que generan intereses por tener el dinero custodiado en ellas durante tiempos marcados, intereses que habrían de repartirse entre el ciudadano o la empresa privada propietaria del dinero depositado y la asgeria.

La proporción de intereses que se queda la asgeria es derivada por esta a la red integral de los Fondos Comunes, no el dinero que los ciudadanos particulares o las empresas tienen en las cuentas de las asgerias. El ciudadano particular o la empresa disponen en todo momento libremente del dinero que han depositado en su cuenta de la asgeria, y de los intereses proporcionales que le corresponden.

La asgeria es la recaudadora de todos los impuestos, que también destina a la red integral de Fondos Comunes, junto con la proporción de los intereses que le corresponde de las cuentas de depósito de particulares y empresas.

En la sociedad de cooperación, la acumulación de riqueza patrimonial es un concepto susceptible de ser limitado normativamente. Quedan al margen del condicionante del dinero conceptos básicos como sanidad, educación, agua, energía, y vivienda, que deben ser de acceso gratuito y universal para todo ser humano. En lo referente al acceso al agua, se debe garantizar gratuitamente un mínimo por vivienda particular que se condicionará a diferentes criterios.

Se establece un límite máximo de acumulación patrimonial, siendo esto posible porque todos los recursos financieros son controlados en el nivel de la asgeria. Se puede entonces acumular patrimonio por encima del nivel básico establecido para todo ser humano, si así se desea y se lo puede cada cual permitir, pero se establece un límite para acumularlo.

Se ha de establecer para ello un índice de acumulación patrimonial, que habrá de tener en cuenta las realidades económicas hoy en día delimitadas dentro de los marcos de los estados vigentes, por lo que estos índices serán diferentes atendiendo a la realidad económica a la que se aplique. Toda acumulación de patrimonio por encima de este índice habrá de revertir en el control público, que lo derivará dinerariamente para constituir el embrión de la red integral de Fondos Comunes.

El ahorro es una opción legítima, no una acumulación patrimonial ilícita por encima de lo normativamente estipulado.

El dinero del que disponen las asgerias es el proveniente de los impuestos recaudados por cada una de ellas, así como el de los intereses generados por las cuentas de particulares y empresas privadas colocadas en las cuentas de depósito, siempre en la proporción que sobre estos corresponda ser asignado normativamente a la asgeria. Estos recursos de las asgerias resultan derivados a la red integral de Fondos Comunes con la finalidad de hacer funcionar la sociedad de cooperación.

La propiedad privada se permite en sectores que no estén destinados a cubrir necesidades básicas de los seres humanos.

La sociedad de cooperación garantiza los mínimos básicos, sanidad, educación, acceso al agua, vivienda, o energía, entre otros, que se financian con recursos provenientes de la red integral de Fondos Comunes.

Esta red integral de Fondos Comunes dispone de cuentas especializadas que tienen como función intervenir en el sistema crediticio.

Las cuotas por los créditos concedidos a particulares se devuelven periódicamente a la asgeria sin intereses, por la razón de que cada una de estas cuotas que se va reintegrando, es derivada por la asgeria a las cuentas especializadas de la red integral de Fondos Comunes, donde se van a generar los intereses que aquella se quedará, haciéndose así innecesario aplicarlos directamente a quienes han solicitado el préstamo. Esta política crediticia puede ser igualmente aplicable a las pequeñas empresas que soliciten créditos, no así a empresas de determinado tamaño que si deberían de tener incrementos de intereses en sus deudas crediticias, a no ser que la empresa acordase compensar el pago de los intereses generados por su préstamo, por el pago a la asgeria de los intereses que normativamente le corresponderían de sus cuentas de depósito.

En la sociedad de cooperación, el concepto de interés tiene por tanto una conceptualización inversa a la que por el entendemos en el tiempo presente, puesto que al generarse estos en el entramado de los Fondos Comunes, no han de repercutir como una losa que ahoga al ciudadano, sino todo lo contrario..

Si durante el tiempo en que el ciudadano está devolviendo su crédito a la asgeria se genera una subida del i.p.c., esté se incrementaría sobre la cuantía sin interés que periódicamente se ha de devolver..si el sistema acaba generando i.p.c..

Todo ello con la finalidad de hacer perfectamente viable el sostenimiento de una sociedad donde haya acceso gratuito y universal a la sanidad, la educación, el agua, la energía o la vivienda.

El planteamiento de la sociedad de cooperación no es el de un mundo donde se repriman las iniciativas particulares en muchos sectores que pueden resultar enriquecedoras para el conjunto de la sociedad, y por lo tanto repercutir en el bienestar social de toda la comunidad humana.

De hecho, habría de haber Fondos Comunes específicos destinados a favorecer iniciativas empresariales particulares, que en modo alguno habrán de ser impedidas. Estos Fondos habrían de nutrirse en parte precisamente de la proporción que de los intereses generados por las cuentas de depósito de las empresas correspondiesen normativamente a las asgerias.

No habrá de haber lugar para la usura en la sociedad de cooperación.

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