El tridente del proto Shiva en el Reino del Pez

Sello de Mohenjo-Daro del Valle del Indo

Cuando los arios invadieron el Valle del Indo hacia 1.500 a.C., se encontraron con unas gentes de avanzada cultura urbana a las que en su idioma indoeuropeo denominaron “matsyas”, “los peces”(1).

En pez se encuentra asociado a otro símbolo netamente shivaítico (2), el tridente, asociación que es perceptible en las imágenes plasmadas en el sello de Mohenjo-Daro:

Sello de Mohenjo-Daro/Nandûr conocido como “El ritual del sacrificio”. Aparece, de izquierda a derecha, el dios supremo Ân sobre un árbol “Pipal” coronado por el moño sacerdotal y su símbolo del tridente; un sacerdote postrado y a continuación el símbolo del dios como “Señor de las ocho partes del año”: “El carnero-pez”. (1)

El pez y el tridente aparecen asociados a otros símbolos de la fecundidad como el árbol Pipal o de la Vida, y en otro sello del Indo aparecen el toro, el falo y el tridente como representaciones arquetípicas de la religiosidad shivaítica.

El hecho de que la divinidad del Valle del Indo aparezca rodeada de distintos animales establece una conexión aquella y el Shiva clásico en su aspecto de Pashupati, o Señor de los animales. Podemos señalar además que el Shiva clásico a los animales que aparecen en el sello de Mohenjo-Daro. En otra impronta de sello sobre terracota aparecida en el Valle del Indo se advierte la imagen de la misma divinidad con tres símbolos, concretamente el toro, el tridente, y el falo, que también son símbolos específicos de Shiva. Por otra parte, el gran número de piedras cónicas o cilíndricas (que representan el linga u órganos masculinos) y anulares (imagen del yoni, u órgano femenino) decubiertas en el Valle del Indo constituye una prueba evidente de que el culto fálico debió de ser un elemento importante de la religión de aquellas gentes. Es verosímil que el culto del falo y del yoni se desarrollase independientemente, pero luego se entremezclaría con los restantes elementos del complejo religioso centrado en torno al dios de Mohenjo-Daro que era representado antropomórficamente. Otro rasgo común al dios del Valle del Indo y a Shiva es su asociación con el culto de la Diosa Madre, el culto de la fecundidad y el culto de la serpiente. (3)

Al definir como religiosidad shivaítica las creencias intrínsecas a los cultos practicados por los pueblos del Valle del Indo antes de la época védica, se puede entender que cuando Jorge Quintana Vives (1) se refiere al dios representado en el sello de Mohenjo-Daro como An, se está refiriendo a una de las formas de Shiva anteriores a la época aria, tal cual podría ser Pashupati-Shiva. Se trata por tanto de un proto Shiva pre ario, anterior por tanto a la religiosidad védica, brahamánica, o hinduista. En los textos más antiguos del Rig Veda, Shiva se presenta bajo la epifanía de Rudra, dios toro de las tormentas, los relámpagos, y el rayo, todo ello alegorizado mediante el mugido del toro.

Simbología shivaítica del tridente y relación con el mito de la Atlántida

El lingam o falo sagrado de Pashupati-Shiva, podía manifestarse mediante la forma del tridente que a esta divinidad se le asociaba ya desde los tiempos shivaíticos, pues el lingam ya aparece en la época aria dividido en tres partes simbolizadas en las manifestaciones divinas de Brahma, Vishnu, y el propio Shiva ario (4). La idea que determinó a los arios a denominar “matsyas” o “los peces”(1) a los indios del Valle del Indo después de la invasión, pudo haber confluido con la de la interacción del tridente con Shiva como epifanía del falo sagrado que se manifestaría en las tres divinidades, para motivar que en la relación de los indios del Valle del Indo con los griegos del Mediterráneo, estos últimos llegasen a relacionar a Pashupati-Shiva con su divinidad Poseidón.

Representación arquetípica de Shiva con el tridente

Esta relación del Pashupati-Shiva indio con el Poseidón heleno, es lo que Platón reflejó en su narración de la Atlántida contenida en sus Diálogos del Timeo y el Critias.

Los indoeuropeos denominaron “matsyas”, “los peces”(1) a los habitantes del Valle del Indo, pero estas gentes ya llamaban en su propia lengua Minad a su tierra, o lo que es lo mismo, “el reino del pez”, antes de la invasión aria.

El país a orillas del Indo era denominado con el nombre de “Mînâd” (4,13), – “nâd” que significa “reino” y “mîn” que significa “pez” – , y sus habitantes como los “mînair” (4,11), en plural o “mînan” (5,3), en singular – “Mînair”que se compone de símbolos “mîn” y “an”. Éste último como determinativo de personalidad o lo que es lo mismo: “Los de el pez”, junto con “ir” como plural – y cuyo “totem” parece ser que fue el unicornio (1)

Por otro lado, Lothal se encontraba en una península del sur del Valle del Indo llamada Kathiawaren o Saurashtra en la que penetraba profusamente el mar por el norte y el sur-sureste, y que en el transcurrir de los siglos se vio sometida a grandes inundaciones por la acción de las lluvias, el desbordamiento de los ríos, la acción del mar que profusamente la penetraba, y los terremotos que periódicamente la azotaban según constatación de la impronta geológica. Al norte de la península están los montes Aravalli, que podían proteger Lothal de los vientos del norte, pero no dejaban de exponerla a los vientos del sur. (5)

Panorámica vía satélite de la península de Kathiawaren al sur del Valle del Indo, lugar de ubicación de Lothal

La comparación con la narración descriptiva que de la Atlántida hace Platón en su Diálogo del Critias es inevitable.

El aspecto fenotípico de la población del Valle del Indo antes de la invasión aria

La población del Valle del Indo antes de la invasión aria correspondiente a las culturas de Mohenjo Daro y Harappa, era dravídica según se desprende del material antropológico, histórico, y antropológico disponible, y pertenecía por tanto a un grupo lingüístico que en el presente se restringe al sur de la India, noreste de Ceilán, y una región del norte del Valle del Indo. El antropólogo y lingüista David McAlpin establece un nexo entre las poblaciones dravídicas y los elamitas del suroeste de Persia.

Podemos entonces quizás hablar de un nexo cultural entre el Valle del Indo, Elam, y las colonias-factorías de Tartessos (6). Los dravídicos eran de tez más morena que los conquistadores arios que hacia la segunda mitad del segundo milenio a.C. conquistaron el Valle del Indo y en los siglos posteriores el resto de la India. Cuando se descubrió Lothal en 1953 se desenterró un sistema de alcantarillado en esta localidad que ha sido calificado como perfecto por los arqueólogos, lo que es signo del inmenso grado de desarrollo tecnológico alcanzado por esta urbe del Valle del Indo. También se desenterró un cementerio cuyos esqueletos parece ser que denotan que en esa región se daba una importante variedad de grupos fenotípicos.

Según parece, se identificaron dos grupos con características dolicocéfalas y un tercer grupo braquicéfalo, con signos de tener la cabeza aplastada por detrás. Resulta interesante saber que hasta el presente no se ha podido identificar con certeza a que grupo fenotípico podría pertenecer el sustrato poblacional de Elam, aunque la mayoría de los antropólogos que han trabajado en esta zona del suroeste de Persia, como G. Contenau y Lenormant),  han inferido que la población de esta región podría haber pertenecido a grupos fenotípicos que ellos han identificado como negros o negroides.

Quizás hablan más propiamente de drávidicos, razón por la que se podría seguir una línea de continuidad fenotípica y cultural que abarcaría el sur del Valle del Indo, Elam en el suroeste de Persia, y las colonias-factorías de Tartessos entre la Huelva actual y el Rif norteafricano.

En este sentido, se podría pensar que cuando Estrabón (63 a.C – 22 d.C. aproximadamente), geógrafo e historiador griego, escribió lo siguiente cerca de los turdetanos:

Estos son los tenidos por más cultos de entre los íberos, puesto que no solo utilizan escritura, sino que de sus antiguos recuerdos tienen también crónicas históricas, poemas y leyes versificados de seis mil años, según dicen. (7)

Los propios turdetanos, que se sentían herederos de una cultura muy antigua y diferente a la que existía en otras áreas de la península ibérica, se decían poseedores de crónicas históricas, poemas y leyes en verso, contenidas en tradiciones orales que remontaban a un período muy remoto. En mi caso no me pasa desapercibido como mero observador la posibilidad de que esta alusión de Estrabón a los turdetanos no sea sino el reflejo de una memoria cultural identitaria que se pierde en la noche de los tiempos, y que podría tener su razón de ser en el recuerdo de los textos védicos elaborados en el país de sus remotos antepasados, Minad, el Reino del Pez..(1)

Notas
(1)   Culturas del Valle de Indo: Los estados teocráticos y su manifestaciónes en la escritura proto-índica. (I), tomado a su vez de la obra de Jorge Quintana Vives, “Aportaciones a la interpretación de la escritura proto-índica” de 1946
(2)   Entendiendo por shivaítico los cultos religiosos profesados por las gentes del Valle del Indo antes de la época védica
(3)   Fuente: E. J. Brill, Leiden, Holanda – Título original: Historia Religionum. Handbook for the History of Religions. II Religions of the Present, 1971
(4)   Brahma, Vishnu, ShivaShiva Purana 1.21.22
(5)   Para comparación con la descripción que hace Platón de la Atlántida véase Critias 118 b
(6) El origen indio de Tartessos según la hipótesis del pavo real
(7)  Estrabón, “Geografía, Libro III 1,6” – Biblioteca Básica Gredos
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