Sobre las formas de gobierno en la asgeria

Repensando el sentido del poder
Repensando el sentido del poder
Breves apuntes sobre el ejercicio del gobierno en la sociedad de cooperación

 

En las presentes líneas se entiende por Órgano Gestor la institución que en la sociedad de cooperación haría las veces de lo que en el tiempo presente se entiende por Gobierno. La razón de denominarlo de tal modo es atender a su carácter de institución funcional exenta de liderazgo político alguno.

Los integrantes del Órgano Gestor no debieran ostentar prerrogativa especial alguna que los posicionase por encima de los otros ciudadanos en cuanto a derechos y obligaciones, ni aforamiento en el cumplimiento de sus funciones, resultando que podrían ser destituidos por decisión de las asambleas cuando así fuese procedente. La implementación de una sociedad de cooperación sin estructuras políticas piramidales es perfectamente viable teniendo siempre como premisa ineludible la deconstrucción del sistema bancario mundial y del poder financiero que le es consustancial.

De manera resumida se exponen a continuación los puntos esenciales que podrían articular la forma de ejercer el gobierno en la sociedad de cooperación.

Jefatura de gobierno rotativa y jefatura de estado ad hoc

La jefatura de gobierno no tiene en la sociedad de cooperación la condición de liderato político, sino de cargo de representación meramente funcional que puede o no adquirir la condición de puesto rotativo en el seno del Órgano Gestor durante el período de vigencia de sus funciones, según lo decidiesen los miembros de cada Órgano Gestor.

Si se decidiese no rotarlo durante dicho periodo de vigencia, la permanencia de un miembro del Órgano Gestor en funciones de jefe de gobierno no puede prorrogarse a una segunda legislatura, sea cual fuese la duración que se estableciese para cada una de estas.

Las funciones institucionales de carácter representativas asimilables al cargo de jefe de estado pueden ser asignadas indistinta y alternativamente a cualquier miembro del Órgano Gestor, por las que las funciones atribuibles a un jefe de estado serían siempre ad hoc.

Se inviste un gobierno, no un Presidente

La formación o formaciones políticas o ciudadanas que hubiese obtenido mayor número de sufragios designarían una plancha de ministrables que se sometería a aprobación de la Asamblea de Sufragio (1) para poder ser legitimada. La asamblea de sufragio tendría potestad para vetar individualmente a cualquiera de los ministrables propuestos en la plancha.

Una vez que el Órgano Gestor propuesto hubiese superado el proceso que se reglamentase para ser investido por la Asamblea de Sufragio, se designaría por el propio Órgano Gestor quien asumiría las funciones de Presidente de dicho Órgano Gestor, pudiendo darle a este cargo funcional carácter rotativo, o pudiendo prorrogarlo anualmente solo hasta el final de la vigencia de la legislatura correspondiente.

Si en la democracia representativa es el Presidente o el Primer Ministro quien nombra a su Gobierno, en la democracia participativa es el órgano gestor de gobierno quien nombra a su Presidente, difuminando de tal manera el liderato político institucionalizado en el posibilismo vigente. La responsabilidad de formar gobierno es otorgada directamente por la voluntad popular a la formación o formaciones políticas o ciudadanas que hubiesen obtenido mayor respaldo en la Asamblea de Sufragio, no a ningún líder político que se hubiese postulado en las elecciones a la Asamblea de Sufragio para ser cabeza de Gobierno. Tales prácticas ya no son concebibles en la democracia participativa.

Cualquier cambio en el Órgano Gestor que supusiese la incorporación de un miembro que no hubiese sido investido junto con el colectivo que en primera instancia se presentó a la aprobación por parte de la Asamblea de Sufragio, debe someterse a un proceso de investidura individual por parte de esta.

Disolución del liderazgo personalista en la nueva cultura política

La democracia participativa puede prescindir de jefe de estado y de gobierno. El Órgano Gestor  hace de jefe de estado, ostentando uno de sus miembros de manera funcional y rotativa la responsabilidad de representarlo institucionalmente en la escena internacional que fuese precisa. No debiera por ello ningún cargo de representación ostentar individualmente poder político alguno.

No se trata en absoluto de que no haya gobierno, sino de que no haya poder político personalizado en el seno del Órgano Gestor.  Las asambleas ad hoc tienen la potestad legal, si alcanzan un número de votos previamente establecidos, de destituir al Órgano Gestor o a miembros concretos que formasen parte del mismo.

Esto sería la expresión verdadera de un poder democrático real, a mi entender obviamente, y no de un poder democrático ilusorio como ocurre en el presente. El poder político individual que en la actualidad ostentan los individuos, constituye en la práctica la expresión visible del verdadero poder, el financiero, diluido en la sociedad de cooperación en el seno de la asgeria. Teniendo en cuanta esta premisa ineludible es perfectamente viable una forma de gobierno que excluya los lideratos personalistas, sin jefe de gobierno ni de estado tal como hoy en día lo conocemos.

El liderato personalizado es una de las manifestaciones de la injusticia humana, el mismo concepto de poder debe ser eliminado, pues la Asamblea, lo que debe delegar, es aquello que le ha otorgado la voluntad popular, la capacidad de gestionar los asuntos públicos..no el poder..

El poder así no debe residir en individualidad o colectivo alguno, tan solo debe dejar de ser.

El gobierno puede funcionar sin individualismos que acaparen poder como condición sine qua non para que la sociedad pueda funcionar. La necesidad de un poder personalizado es una idea fuertemente arraigada en el subconsciente colectivo, pero es innecesaria si se desarticula el poder financiero a través de la implementación de un nuevo posibilismo.

La cuestión, evidentemente, no consiste en hacer exclusivamente un cambio del sistema político, pues si esto fuese así estaríamos ante una transformación meramente cosmética de la sociedad. Así que no se trata de sustituir el liderazgo político personalizado al servicio del poderoso capitalismo, por un liderazgo político colectivo también puesto al servicio del poderoso capitalismo.

El cambio de sistema político tan solo es un instrumento más para el cambio que se precisa, no un fin en si mismo. Desde mi punto de vista, si lo vemos como un fin, estaremos condenados de antemano a seguir siendo rehenes de nuestra historia..

Debemos repensar el histórico asociacionismo entre poder y ejercicio del gobierno.

(1) Interacción entre Asamblea de Sufragio y Asamblea Ad Hoc en la asgeria

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