¿Cómo organizarnos socialmente para superar el sistema?

Deconstruyendo Banca y Estado

Deconstruyendo nuestra forma de organización social
Deconstruyendo nuestra forma de organización social

La propuesta consiste en promover la disolución del sistema a través de la deconstrucción de los dos grandes parámetros que en el nivel financiero conforma la estructura bancaria y en el geopolítico la estructura administrativa del Estado, de tal modo que nos fijemos solo en lo esencial de ambos

En un mundo incendiado por el fuego de la injusticia, se necesita vertebrar una nueva dimensión mental que de origen a premisas diferentes a las que han venido sustanciando la historia humana hasta el tiempo presente, premisas a partir de las cuales habrían de sentarse las bases que implementarían el posibilismo sustentador de otra forma de vida.

Imaginemos un modo de organización social alegorizado en las complejas estructuras fisiológicas que caracterizan las sinapsis neuronales, donde las neuronas serían las unidades político-financieras que constituirían las bases de dicha sociedad, y los axones las redes de fondos comunes que conectarían en dependencia reciproca unas unidades político-financieras con otras..

Hacemos el ejercicio mental de pensar desde fuera del posibilismo vigente, y consideramos entonces que no se trata de proponer cambios desde dentro del histórico posibilismo vigente, que es el que se sustenta en la premisa que asume como un hecho natural que la banca debe existir puesto que de otro modo sería inconcebible la vida humana en organización social, sino que de lo que se trata es de repensar más allá del encasillamiento mental en el que el sistema nos tiene encerrados. Desde tal premisa podemos llegar a visualizar como la estructura bancaria mundial, pública y privada, es perfectamente prescindible, pese a lo que ingenuamente damos por hecho.

Para ello comenzamos por hacer una retrospectiva antropológica que nos permita reelaborar el acervo de premisas mentales que han ido configurando desde tiempos pretéritos las bases psicológicas del ser humano, concibiendo la sistemática actividad científica que tenía lugar entre los homínidos como un factor de incidencia en el desarrollo del potencial imaginativo que acabaría derivando en pensamiento religioso, ocurriendo entonces que ante la necesidad de transmitir en socialización los conceptos mentales emanados de esta nueva realidad cognitiva, se vería forzada la mente humana a desarrollar un lenguaje articulado.

Cuando se hace consciente de su capacidad para superponerse a la naturaleza, aquel ser al que la evolución llevaría a ser plenamente humano, comienza a percibir su singularidad en la naturaleza. Su religiosidad desarrolla una psicología que le separa lentamente del mundo de los instintos y le sumerge en el de las intenciones profundas y ocultas.

La evolución homínida acaba derivando en el ser humano, que durante milenios sigue una forma de vida nómada. La psicología nómada le impide concebir la idea de acumular bienes, pues esta actividad es del todo incompatible con la vida errante que se ve obligado a llevar. Pero en un momento de su devenir, descubre el secreto del cultivo de algunas plantas, y entonces sufre profundos cambios en su forma de vida. Comienza a sedentarizarse, y con ello conoce la posibilidad de acumular bienes, práctica que la forma de vida nómada hacía inviable.

El cambio en su forma de vida supone la destrucción de la prevalencia de la solidaridad sobre el egoísmo. La solidaridad era la manifestación social prevaleciente en el mundo nómada, pero en el mundo sedentario las pulsiones humanas hacían prevalecer el egoísmo individualista, fomentado por el posibilismo que favorecía el acaparamiento de riqueza.

El instinto de supervivencia ha impelido al ser humano a llevar una forma de vida basada en el gregarismo. Es de esta forma de vida gregaria donde adquieren sentido las pulsiones del egoísmo y el altruismo, pues evidentemente, el ser humano solo ha podido ser lo uno o lo otro en relación a su comportamiento personal respecto de otros seres de su misma subespecie.

El altruismo es diferente a la solidaridad. Lo primero es un desapego de algo propio para compensar con el a otros sin esperar nada a cambio, mientras que lo segundo está basado en una actitud mutua de cesión o compartimiento de algo. Todos estamos potencialmente dotados de pulsiones como el egoísmo, la solidaridad, o el altruismo.

Un ser humano que viva aislado sin contacto alguno con otras personas solo necesitará arreglárselas para sobrevivir, pero no necesitará ser egoísta ni solidario para lograrlo, ni tendrá con respecto a quien ser altruista.

Es desde el momento en que este ser humano aislado comienza a compartir con otro el mismo espacio vital, que empiezan a aflorar pulsiones tales como el egoísmo, la solidaridad, o el altruismo. Esto significa que estas pulsiones son manifestaciones sociales. Potencialmente todos las llevamos con nosotros, como la propensión latente a determinadas enfermedades que según la combinación de diversos condicionantes podemos desarrollar o no, pero solo desarrollaremos unas u otras pulsiones en la medida que se den determinados factores neurológicos o sociales.

Puede ocurrir que de dos hermanos que se críen juntos en el mismo ambiente, y habiendo tenido ambos una vida bastante acomodada, uno desarrolle el egoísmo y el otro el altruismo. Hay entonces una parte de predisposición genética en la prevalencia en nuestra personalidad de una u otra pulsión, predisposición que a su vez solo se desarrolla en un sentido o en otro en una parte de la población. El altruismo solo se da en ciertas excepciones de seres humanos, no ha sido por tanto históricamente relevante en la conformación del devenir humano.

La solidaridad ha funcionado históricamente dependiendo del tipo de forma de vida. En las comunidades humanas nómadas funcionaba el principio de solidaridad, pero con la sedentarización, este principio comenzó a romperse y a ser sustituido por el del individualismo egoísta. El altruismo solo ha constituido una excepción sin peso social. La forma de vida nómada no permitía la acumulación de riqueza..posibilidad que se hizo viable con la aparición de la forma de vida sedentaria.

Podemos a través de este razonamiento comprobar como el egoísmo empieza a ganar la partida a la solidaridad con el nuevo posibilismo que permitía la forma de vida sedentaria..el de hacer viable la acumulación de bienes debido a su vez al nuevo concepto de riqueza que se gestó a partir de esta sedentarización.

No es entonces la forma de vida en si misma, o la naturaleza humana la causante de la prevalencia del egoísmo sobre la solidaridad, sino el posibilismo que implementamos a partir de las formas en que nos organizamos socialmente.

La sociedad debe ser entonces adaptada a la necesidad de implementar la solidaridad como único posibilismo admisible. Solo así podemos sentar las bases para dominar el egoísmo al que nos vemos impelidos por el posibilismo existente en la sociedad del presente. En la sociedad de cooperación el egoísmo es entonces la utopía y la solidaridad la realidad.

Con la prevalencia del egoísmo sobre la solidaridad llegamos al tiempo presente, en el que se acepta como un hecho indiscutible que la sociedad humana se sustancie en un sistema económico donde las entidades financieras constituyen un elemento indisociable de cualquier organización social.

Esta aceptación aparentemente natural y por ende lógica, conforma una realidad psicológica que irremediablemente impele la inteligencia humana a buscar nuevos marcos de desarrollo humano en los que en cualquier caso, las estructuras económicas inherentes a ellos han de tener como premisa fundamental que todo sistema que pudiera idealizarse habrá de edificarse sobre redes bancarias…

Para unos la banca ha de estar privatizada, para otros ha de ser nacionalizada, pero fuera de estos parámetros la mente humana no ha logrado diseñar otra forma de organización socio-económica que suponga una superación histórica de las realidades económicas vigentes.

Esta superación debiera conllevar la edificación de una sociedad de cooperación que habría de edificarse sobre tres premisas fundamentales: unificar los entes políticos y económicos, dotar de un carácter de máxima cercanía a las comunidades humanas a estas nuevas entidades político-económicas, y promover que el espíritu de solidaridad que debe presidirlas tenga su reflejo en las normativas constitutivas de las mismas.

La aspiración debe ser la búsqueda de una alternativa financiera y geopolítica que sobrepasase al sistema por debajo, no por arriba. Quizás pueda parecer extraña esta afirmación que más que nada parece solo un juego de palabras, pero realmente no es así.

La propuesta consiste en promover la disolución del sistema a través de la deconstrucción de los dos grandes parámetros que en el nivel financiero conforma la estructura bancaria y en el geopolítico la estructura administrativa del Estado, de tal modo que nos fijemos solo en lo esencial de ambos.

Por un lado tenemos entonces lo esencial de la Banca, representado por la función de depósito y custodia de capital, y por otro lo esencial de la organización política del Estado, representado por el ayuntamiento o estructura equivalente, o la comunidad tribal de ámbito local, que pasan a unificarse en un único ente político-financiero que ha de constituirse en la base de una nueva forma de organización social.

De su naturaleza participativa, su ausencia de liderato y funcionalidad meramente de gestión de los asuntos comunitarios, y del hecho de estar regidas por una ley de bases que antepongan la solidaridad como norma de obligado cumplimiento legal, la entidad resultante de la unificación de ayuntamiento y entidad de depósito se denominaría “Asamblea de Gestión Solidaria”, o como acrónimo asgeria.

La cuestión, evidentemente, no consiste en hacer exclusivamente un cambio del sistema político, pues si esto fuese así estaríamos ante una transformación meramente cosmética de la sociedad. Así que no se trata de sustituir el liderazgo político personalizado al servicio del poderoso capitalismo, por un liderazgo político colectivo también puesto al servicio del poderoso capitalismo.

El cambio de sistema político tan solo es un instrumento más para el cambio que se precisa, no un fin en si mismo. Desde mi punto de vista, si lo vemos como un fin, estaremos condenados de antemano a seguir siendo rehenes de nuestra historia..

Debemos repensar el histórico asociacionismo entre poder y ejercicio del gobierno.

Es obvio que la mentalidad bancarista domina la gestión de los asuntos públicos, así como que en nuestra mente no concebimos una forma de organización social que no cuente con la omnipresencia de las instituciones bancarias, sean estas privadas, públicas o mutualistas. Siendo entonces que el bancarismo es el sistema, la aspiración debiera ser la búsqueda de una alternativa financiera y geopolítica que  sobrepasase al bancarismo por debajo, esto es, a partir de los cimientos materiales básicos sobre los que este se levanta.

La forma en la que históricamente hemos interactuado como constructores sociales es síntoma de la limitación mental que nos impele a direccionarnos en el sentido que marca la mentalidad bancarista.

¿Por qué resignarnos pues a aceptar conducirnos por estas premisas sociológicas que nos impone el sistema para que concibamos al bancarismo como el único posibilismo viable?..

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s