La engañosa democracia de Winston Churchill

La democracia de los testaferros
La democracia de los testaferros

Simbiosis político-financiera para una democracia directa

Los mecanismos de la democracia representativa que hoy en día constituyen el fundamento de la democracia reconocida como tal por la Comunidad Internacional institucionalizada en el organigrama de las Naciones Unidas, son ilegítimos en cuanto al cumplimiento de la función que teóricamente se les presupone..

La delegación de la voluntad ciudadana en representantes ha convertido al estamento político que encarna esta función en una casta aristocracia investida de un poder que la posiciona por encima de la ciudadanía a la que legalmente representan, posicionamiento que contradice el espíritu democrático que debiera caracterizar la relación entre gobernantes y ciudadanos.

La función de gobierno debe entenderse como el ejercicio de gestión de los asuntos que atañen a la comunidad ciudadana..no como la ejecución de actitudes de poder sobre los ciudadanos mismos..que es lo que en esencia ha confundido históricamente la naturaleza de la práctica democrática.

El problema es que el principio de delegación de la voluntad ciudadana en representantes políticos se ha convertido en una institución en sí misma, independizándose de la institución que en justicia debiera presidir las interrelaciones políticas humanas..la democracia directa en si  misma.

Cuando la delegación de la voluntad ciudadana encarnada en una casta política aristocrática se transforma en una institución en si misma..la democracia muestra su vértice corrupto transformándose con ello en ilegitima. La delegación de la voluntad ciudadana no puede entonces constituirse en una institución en si misma, sino que tiene que ser en todo momento no más que uno de los mecanismos posible en los que puede proyectarse la institución de la democracia.

Democracia representativa solo como complemento

La delegación de la voluntad ciudadana en representantes solo es legitima si se articula como mecanismo complementario de la democracia participativa y directa; no puede ser por tanto un sustituto absoluto de esta, sino que el principio de delegación debe articularse como un mecanismo funcional que pueda llegar donde en determinados contextos políticos no pueda ser posible la implementación de prácticas de democracia participativa y directa como expresión de un poder democrático real, y no ilusorio.

En este sentido se entiende que una dinámica de implementación de una democracia directa y participativa debiera conllevar el abandono del principio de delegación de la voluntad ciudadana como norma, pero no como complemento. A través de un sistema de asambleas ad hoc se articularía un mecanismo que permitiese la participación ciudadana en los procesos políticos de toma de decisiones, en las que al representar cada partícipe no más que así mismo, cualquier decisión que se tomase en estas asambleas solo adquiriría la condición legal de “Propuesta”, que luego podría ser tanto elevada a la asamblea de sufragio,  como directamente sometida a referéndum ciudadano. Otras asambleas ad hoc podrían constituirse en el mismo nivel administrativo que la primera, y tomar una decisión contraria a la de las otras asambleas, por lo que una y otra “Propuesta” podrían ser sometidas a refrendo ciudadano.

Las asambleas ad hoc constituirían cauces democráticos en los que se debatiría asuntos de interés público y donde se elaborarían propuestas relativas a estos. La diferencia de motivación por la que la Propuesta surgida de unas asambleas ad hoc podrían ser elevada a una asamblea de sufragio para ser en ella debatida, o ser sometida directamente a refrendo ciudadano, estaría en el número de votos que globalmente hubiesen llegado a reunir unas u otras dinámicas asamblearias. Por debajo de un número determinado, solo podrían ser elevadas a la asamblea de sufragio para su debate en ella, pero por encima, las asambleas ad hoc tendrían la potestad legal de someterla directamente a referéndum sin necesidad de la intermediación de la asamblea de sufragio.

La naturaleza antidemocrática de la democracia representativa

Es evidente en nuestro modelo de organización social que los órganos de gobierno que coronan nuestras instituciones políticas no son sino meros intermediarios del poder financiero representado en la institución de la Banca.

Cuando vamos a depositar nuestra papeleta en la urna no somos plenamente conscientes de que solo estamos dirimiendo acerca de quiénes serán los testaferros que habrán de gobernarnos subrepticiamente en nombre de un poder financiero que se encarna en personas concretas, las cuales son poseedoras de este.

No elegimos pues a nuestros gobernantes de manera democrática..sino que elegimos únicamente a los testaferros de nuestros verdaderos gobernantes, hecho que convierte en ilegitimo el sistema político que rige todo nuestro sistema legal desde sus raíces. No hay pues espíritu democrático alguno presidiendo nuestra forma de organización política,  de la Winston Churchill dijo “la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando.”, en su discurso ante la Cámara de los Comunes del 11 de noviembre de 1947.

Lo que Winston Churchill ignoraba es que lo que habría de marcar la diferencia no estaría en la forma de gobierno, sino en la forma en que nos organizamos socialmente, que es la que a su se ha erguido en responsable de las formas de gobierno que históricamente nos hemos dado.  No es una cuestión entonces de sistema de gobierno, sino de forma de organización social.

Nuestros representantes políticos elegido democráticamente no funcionan en la práctica como delegados de la ciudadanía que los ha elegido, sino de los intereses de poderosas corporaciones financieras que son quienes en última instancia determinan los modos de actuación política. Siguen ni más ni menos la misma pauta que siguieron los tribunos de la plebe que fueron elegidos en la antigua República de Roma a partir del 494 a.C., los cuales siendo teóricamente institucionalizados para defender los intereses de los plebeyos frente a los de los patricios, acabaron siendo no más que un apéndice más ligado a los intereses de poder de estos últimos. La corrupción de la legitimidad de los representantes del pueblo es un hecho que se viene repitiendo desde hace por lo menos 2.500 años..y aún no hemos aprendido nada.

El causante de esta corrupción de la legitimidad democrática no es otro que la existencia de un poder financiero externalizado respecto a las estructuras político administrativas locales, y de naturaleza así mismo supralocal y globalizante.

La alternativa es una relocalización de los ámbitos financieros y político-administrativos que produzca una relación simbiótica entre ambos..de manera que la solidaria comunitarización de los recursos fuese el único posibilismo viable que habría de fundamentar nuestra forma de organización social.

¿No debemos acaso considerar cambiar nuestra forma de organización social para sustituir el sistema de gobierno de testaferros del bancarismo en que se basa nuestra democracia representativa?..

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