Alegorías coránicas

El ser humano desciende a la existencia cuando en nuestra mente se dispersan estas facultades y a consecuencia de ello son percibidas como si en realidad estos conceptos se refiriesen a entidades dispersas..por un lado Adam, por otro los malaika, por otro Iblis, y por el otro los yunun

alegorías

La Revelación coránica relata el acontecimiento que precedió a la creación del ser humano por Allah mediante la utilización de cuatro conceptos alegóricos que van a interactuar entre ellos.

Adam, Iblis, los yunun y los malaika, han pasado a formar parte en la psicología religiosa islámica, al igual que en la judía o cristiana a través de los conceptos de Adán, Satán y los ángeles, de entidades individualizadas y con personalidad propia a la vez que distintiva de cada uno ellos.

Pero esta percepción fuertemente interiorizada y arraigada en la percepción psicológica de creyentes y no creyentes se contrapone con la idea de considerar que el relato coránico lo que en realidad narra es una historia psíquica del ser humano, a través de inclinaciones latentes que son extrapoladas del cuerpo físico para adquirir personificación individualizada en forma de alegorías representadas por conceptos antropomórficos o pseudo-antropomórficos fácilmente asimilables para  la mente del  receptor del mensaje.

Sería entonces que ante la naturaleza humana tanto Adam como Iblis, los yunun o los malaika, no serían en realidad entidades individualizadas, sino estados psíquicos diferenciados que latentes conformarían todos ellos la naturaleza que en el Corán los autores o el autor humano o divino de este le atribuyen al ser humano.

Adam, Iblis, yunun, y los malaika, confluyen así en el ser humano como prototipo de ente psíquicamente complejo, por lo que todos tenemos un Adam, un Iblis, unos yunun, o unos malaika en nuestra naturaleza..pero parece ser que esto no lo percibimos así, pues el relato coránico, así como el judeo-cristiano, nos ha engañado hasta el punto de percibir en dispersión lo que realmente solo es unidad.

¿Por qué los malaika no pueden nombrar todas las cosas como si puede Adam?

En la prexistencia persiste el estado de tawhid de las facultades del Adam (consciencia en estado puro),  del malaika (intenciones puras o la completa sumisión a Allah), Iblis (intención impura), y yunun (velos mentales que ocultan la realidad).

El ser humano desciende a la existencia cuando en nuestra mente se dispersan estas facultades y a consecuencia de ello son percibidas como si en realidad estos conceptos se refiriesen a entidades dispersas..por un lado Adam, por otro los malaika, por otro Iblis, y por el otro los yunun.

Pero Adam, malaika, Iblis o los yunun son solo facultades presentes todas ellas en la naturaleza del ser humano.

El Corán explica con una alegoría magistral lo que significa la epifanía de Allah respecto a la capacidad de percepción del ser humano..

Y enseñó a Adán los nombres de todas las cosas; luego se las mostró a los ángeles y les dijo: “Decidme los nombres de estas cosas, si es verdad lo que decís.” (Corán 2:31)

Cuando el ser creado del barro desciende a la existencia, Allah le enseña “los nombres de todas las cosas”; estos nombres alegorizan la consciencia que se abre para poder percibir la dispersión mental que preside el mundo del dunia..los malaika no pueden percibirlo porque solo pueden percibir a Allah en estado de tawhid, puesto que al alegorizar los malaika la intención en estado puro, significa que esta no conforma la intención que depende de la voluntad humana, sino aquella intención que depende totalmente de la guía de Allah..

La epifanía de Allah conforma entonces “los nombres” que este le enseña a Adam, o sea, los distintos elementos de la Creación que nuestra consciencia percibe en situación de dispersión desde el momento mismo en que, en estado de pureza, nacemos al abandonar el seno materno, dispersión que nuestro malak no pueden percibir porque la intención pura solo es capaz de sentir a Allah en tawhid..no puede esta percibir la Creación en elementos separados, “los nombres”, porque nunca ha abandonado en realidad “el ajira”..

La negación de Iblis a postrarse ante Adam

El nombre de Iblis, sinónimo de Satán según la tradición islámica, aparece nueve veces nombrado en el Corán. Lo hace en el contexto de ocho textos, en uno de ellos se le cita en dos ocasiones, de los cuales en siete su nombre está ligado directamente al relato de la creación de Adán recogido en el Corán.    

Veamos cuales son esos ocho textos coránicos en los que se le cita nueve veces:

 Y cuando dijimos a los ángeles: “¡Postraos ante Adán!” –se postraron todos, excepto Iblis, que se negó y se mostró arrogante: y así se convirtió en uno de los que niegan la verdad. (Corán 2:34)

Y, ciertamente, os hemos creado y luego os dimos forma; y luego dijimos a los ángeles: “¡Postraos ante Adán!” –y se postraron [todos] excepto Iblis, que no fue de los que se postraron. (Corán 7:11)

Entonces, los ángeles se postraron todos juntos, (30) excepto Iblís que rehusó ser de los que se postraron. (31) (Corán 15:30-31)

Y, HE AHÍ, que dijimos a los ángeles: “Postraos ante Adán” –y se postraron todos excepto Iblís.Dijo: “¿Es que voy a postrarme ante quien has creado de barro?” (Corán 17:61)

 Y [recuerda que] cuando dijimos a los ángeles: “Postraos ante Adán,” se postraron todos, excepto Iblís: él [también] era uno de esos seres invisibles, pero se rebeló contra la orden de su Sustentador. ¿Vais, pues, a tomarle a él y a sus secuaces por señores [vuestros] en vez de a Mí, cuando son enemigos vuestros? ¡Mal canje hacen los malhechores! (Corán 18:50)

 Pues [así fue:] cuando dijimos a los ángeles: “¡Postraos ante Adán!” –se postraron todos, excepto Iblís, que se negó [a hacerlo]; (Corán 20:116)

[Pues,] he ahí, que tu Sustentador dijo a los ángeles: “¡Ciertamente, voy a crear un ser humano de arcilla; (71) y cuando lo haya formado por completo y haya insuflado en él [algo] de Mi espíritu, caed postrados ante él!” (72) Entonces, los ángeles se postraron todos juntos, (73) excepto Iblís, que se mostró arrogante, y se convirtió [así] en uno de los que niegan la verdad. (74) Dios] dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te ha impedido postrarte ante ese [ser] que he creado con Mis manos? ¿Eres demasiado orgulloso [como para inclinarte ante otro ser creado], o eres de los que se creen superiores [a todos]?” (75) (Corán 38:71-75)

La característica más notoria de estas ocho ocasiones en las que se cita a Iblis, es que en la antropología coránica se le hace interactuar con Adam, exactamente en el sentido de manifestar su negativa a postrarse ante el (Adam) cuando Allah les ordena a los ángeles hacerlo.

Solo en una ocasión Iblis es citado sin la alusión directa a su negativa a postrarse ante Adam:

y serán preguntados: “¿Dónde está ahora todo lo que solíais adorar (92) en vez de Dios? ¿Pueden esos [objetos o seres] auxiliaros o auxiliarse a sí mismos?” (93) Serán entonces arrojados al infierno –ellos y también todos los [demás] descarriados, (94) y las huestes de Iblís –todos juntos. (Corán 26:92-95)

En esta única ocasión en la que citando a Iblis el Corán no alude a su negativa a postrarse ante Adán, podemos observar como el contexto se enmarca sin embargo en el de la adoración a dios, en este caso para referirles al hecho de que Iblis adora precisamente  a algo que no es dios, de ahí la razón de la condena de sus huestes al infierno..

Del relato creacionista de Adam plasmado en el Corán, las interpretaciones tradiciones elaborados por los musulmanes han entendido mayoritariamente que las referencias a los ángeles, los yunun, Adam, e Iblis, han de ser entendidas en el sentido de concebirlos como seres de personalidad y esencia individualizada los unos respecto de los otros.

La dispersión mental ha presidido históricamente la comprensión psicológica que los musulmanes han tenido acerca de la naturaleza de Adam, Iblis, ángeles y yunun. Pero la comprensión teniendo en cuenta el principio del tawhid emanado de la antropología coránica, permite una relaboración mental de esa comprensión.

Desde esta perspectiva psicológica derivada del tawhid, el acontecimiento de la postración de los ángeles ante Adam y la negativa de Iblis a hacerlo, se entiende como una alegoría que transcurre toda ella en el seno mismo de la naturaleza del ser humano creado por dios.

Angeles, yunun, Adam, e Iblis, conforman por tanto la naturaleza humana.

Desde la perspectiva de esta comprensión en estado de tawhid, Adam sería una alegoría de la consciencia en estado puro, los ángeles representarían las intenciones puras que guían al ser humano hacia el encuentro con esa consciencia primordial que es Adam.

Esa guía de las intenciones puras (ángeles) equivaldrían en el lenguaje alegórico manifestado en el Corán al acto de postración (sumisión o islam) ante la consciencia en estado puro (Adam), es decir, ante la voluntad de Allah.

Postrarse ante Adam es la forma alegórica en que el relato coránico se refiere entonces al acto de mostrarse sumiso a la voluntad de dios, la cual se manifiesta precisamente en la consciencia pura con la cual fue creado el ser humano.

Los atributos del fuego

Esta consciencia pura relacionada con el concepto de fitra recogido por las tradiciones islámicas, tiene su plasmación en el concepto coránico de ahsan taqwim:

En verdad, creamos al hombre en la mejor constitución (ahsan taqwim) (Corán 95, 4)

Este concepto de ahsan taqwim revelado en el Corán es el que la tradición coránica conoce como fitra o naturaleza original del ser humano, naturaleza que le predispone a buscar la forma de reconocer a su creador.

En esta comprensión mental desde el tawhid del relato creacionista adamico, Iblis representa alegóricamente la intención impura que se manifiesta en actos contrarios a la voluntad de dios.

La postración de los ángeles ante Adam ocurre pues en el seno de la naturaleza humana, y la negativa de Iblis a postrarse ante el también.

 En cuanto a los yunun de los que se habla en el Corán, se nos dice en este:

Hemos creado de barro al hombre, de esa arcilla a que se da forma fácilmente (26). Antes de él habíamos creado ya los genios (yinns) de un fuego sutil (27). (Corán 15:26-27)

La Revelación coránica nos transmite la realidad de estos seres en la preexistencia cognitivizados a través de la noción del fuego.

El fuego se asimila en un primer nivel de entendimiento a un elemento de destrucción de la realidad, pero más allá de ese primer nivel, podemos inferir que lo que hace el fuego como elemento alegórico no es destruir la realidad..sino distorsionar la percepción que podamos tener de esta..

Es por lo tanto un elemento de ocultación de la misma.

El ser humano tan solo es capaz de desvelarse o velarse a si mismo la realidad de su creación través de la manifestación de su intención.

En la prexistencia, es la combinación en estado de tawhid de las facultades de Adam (consciencia en estado puro), intenciones puras (ángeles, o la completa sumisión a Allah), intención impura (Iblis), y velos mentales que ocultan la realidad (yunun).

Pero al aludir al barro con el que dios reviste a Adam (la consciencia pura), es está recreando alegóricamente la causa que hace posible la manifestación en estado de dispersión de aquellas facultades humanas que en la prexistencia están en estado de tawhid. La consecuencia de tal descenso a la realidad física repercute así en la distorsión de la comprensión a través del principio del tawhid.

Contexto psicológico del mito sobre la creación de Adam en la Biblia y el Corán

Una de las características de la mente humana es la de ser susceptible a la percepción del mundo causal, o lo que es lo mismo, a la racionalización de las causas primeras. En este sentido las elaboraciones cosmogónicas de los pueblos de la antigüedad siguen patrones psicológicos comunes porque para poder racionalizar ese mundo causal la mente humana tiende a buscar arquetipos de la naturaleza, ya que solo podían aspirar a explicar lo desconocido a partir de lo conocido.

La razón de haber visualizado el origen de todo el universo físico a partir de las Aguas Primordiales,  o de cualquier forma de vida a partir del agua en las cosmogonías religiosas y en los tratados científicos de la antigüedad, pudo deberse a que en el intento de racionalizar ese mundo causal los pensadores que creaban escuela pudieran fijarse en algo tan normal  como podía ser el propio nacimiento humano a partir del útero materno.

Siguiendo este esquema psicológico, no sería difícil imaginar como el medio acuoso en que se desarrolla la vida humana en el seno materno en forma de líquido amniótico, se hubiera posicionado ante la mente humana como el arquetipo natural del que habrían tomado el patrón para imaginar aquellas Aguas Primordiales como el elemento primigenio del que todo surgió, o para imaginar el agua como el elemento del que surgiría la vida.

En lo que respecta a las concepciones cosmogónicas que idealizan la creación del primer ser humano a partir del barro, el arquetipo natural que las idealizaría en el mundo causal habría residido en la capacidad creativa del hombre artesano, la cual se habría proyectado sobre la imagen de los dioses que enseñarían a los seres humanos el arte de moldear el barro. El aliento divino insuflado sobre el ser moldeado del barro acabaría por otorgarle vida a este.

Podemos visualizar así como el barro que reside en el fondo de las Aguas Primordiales en el mundo causal tiene su arquetipo en el mundo de los sentidos físicos en la vida humana que se está gestando en el seno del útero materno rodeado del líquido amniótico.

La vida humana en gestación equivaldría entonces al barro del que fue moldeado el ser humano, y el líquido amniótico en el que este se desarrolla a las Aguas Primordiales que constituyen el elemento donde nace la vida. La divinidad es desde tal perspectiva psicológica concebida como el artesano que va dando forma al barro que se gesta en el medio acuoso.

El barro es por tanto una alegoría del ser humano que se está formando en el seno del útero materno rodeado del líquido amniótico, mientras dios hace que vaya adquiriendo las características físicas predeterminadas como un artesano que va moldeando su obra a voluntad, dios que al insuflarle el aliento de vida, o sea, el efecto de su voluntad otorgadora de existencia, se convierte en la mente humana en el arquetipo del Principio Creador..

Los atributos del fuego o yunun son creados en la prexistencia, antes por tanto del descenso del ser humano a la existencia física a través del barro, de ahí la sentencia coránica revelada en Corán 15:26-27.

Los yunun conforman de tal manera  esos atributos ligados al fuego que nos hacen ocultarnos la realidad de nuestra naturaleza primordial (fitra), y olvidarnos así de nuestra procedencia del seno de Allah instigados por la acción dispersora de nuestra intención impura (Iblis).

Corán 18:50 se refiere a Iblis como “uno de los seres invisibles”..

¿Qué hay de invisible en nosotros que sea más importante ante dios que las intenciones reales que guían nuestros actos y de las cuales tan solo él es verdadero conocedor?..

Conclusión

La dispersión que percibimos en conceptos como Adam, Iblis, yunun o malaika, es un efecto de la naturaleza psíquica que desde los clanes de sapiens sapiens del Paleolítico nos impele a visualizar las sensaciones psíquicas que desde esos tiempos infinitos nos agobiaban a través de la dinámica mental de individualizarlas y corporizarlas, pues parece que así podemos intentar entenderlas mejor.

La religión constituye el paradigma de esta dinámica mental, y el relato coránico, así como también el judeo-cristiano, no es sino una expresión nítida de esta realidad psicológica que ha pasado a formar parte de nuestra ancestral memoria genética.

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