Deconstruyendo la religiosidad primigenia: mecanismo cerebral del que surge la religión (4ª parte)

El Homo es solo instintivo antes que científico y religioso. Con la ciencia comienza la primera revolución evolutiva que lo va separando del mundo exclusivo de los instintos. El trabajo sistémico de la piedra para darle funcionalidad herramental lo dirige su hemisferio cerebral izquierdo, pero la imaginación que este trabajo estimula visualizando esa piedra en bruto transformada en artilugio de trabajo para romper huesos y desgarrar la carne de las piezas carroñeadas empieza a desarrollar las potencialidades de su hemisferio cerebral derecho.

Las imágenes funcionales de la piedra comienzan a transmutarse en su mente y a hacer que esa capacidad imaginativa comience a proyectarse sobre otras realidades del entorno perceptible por sus sentidos naturales, de modo que ya no solo imagina las piedras en bruto transformadas en herramientas a las que darles una intencionalidad muy concreta, sino que ahora su universo cognitivo se ve desbordado por imágenes que procedentes de lo concreto se le manifiestan como abstracciones que cada vez comprende menos ..y lo que pasa a ser más determinante, de las que ignora su intención porque ya no controla su razón de ser por efecto de su propia voluntad, como si hacia con la de las imágenes meramente funcionales de las piedras, sino que estas nuevas imágenes parecen tener una intención desconocida y por lo tanto dependientes de una voluntad que no es la suya…

En esa percepción de que no controla la intención que guía a esas imágenes y de que por la tanto no dependen de su voluntad está el origen de la religión. Si el Homo no controla la intención de las imágenes entonces existe un mundo que escapa a sus sentidos, y lo que controla las intenciones de las imágenes debe poder controlarlo a el o a ella misma. Si el Homo no crea las imágenes, ¿quien las crea?, se pregunta a si mismo y a si misma. Esa potencia creadora debe ser responsable de su propia creación; cuando el Homo llega a esta conclusión ya se ha transformado en un ser que podemos llamar religioso.

A su condición de ser exclusivamente instintivo se superpone la de ser científico cuando comienza a trabajar la piedra, y a la de ser instintivo y científico se superpone ahora la de ser religioso cuando a consecuencia del trabajo sistémico de la piedra recrea en su mente un potente mundo de imágenes a las que percibe dotadas de una intención por ella y el no controladas…

El Homo que se enfrenta a las imágenes cuya intención no controla ve potentemente estimulado su hemisferio cerebral izquierdo ante el hecho de verse forzado a utilizar una forma de comunicación sofisticada para poder trasmitir entre sus congéneres las ideas que permitan socializar de manera adecuada la nueva realidad meta sensorial. La vieja realidad de lo concreto perceptible por sus sentidos naturales la transmite y socializa adecuadamente con signos surgidos del movimiento de manos, de otras partes de su cuerpo, o toscos sonidos que salen de su boca, pero la nueva realidad de su mundo ahora dual no puede transmitirla adecuadamente por medio de estos mecanismos, porque lo abstracto que emana de las imágenes no es accesible por aquellos sentidos.

Es entonces cuando su cerebro izquierdo comienza a desarrollar las primeras manifestaciones de un lenguaje articulado sofisticado, estimulado por una poderosa intención, la de ser capaz de transmitir y socializar la realidad abstracta que ahora bifurca su conocimiento del mundo.

Forjar la piedra impulsó la religión

La relación del Homo con el mundo abstracto de lo meta sensorial le hace a su vez pasar de estar guiado por una intención colectiva y manifiesta ligada a sus instintos y necesidades de supervivencia del clan, a otra intención individual y oculta ligada a su relación personal con ese mundo de lo abstracto y su convencimiento de que su propia existencia se la debe a la voluntad de una potencia creadora. El Homo va así a ocultar el verdadero propósito de sus intenciones, una practica que tendrá su reflejo en la construcción de las tradiciones orales o escritas que van a sustanciar las cosmovisiones religiosas ya en tiempos históricos. 

El mecanismo cerebral descrito pasa a formar parte de la memoria genética del Homo, y es la causa de que todas las religiones cosificadas oral o escrituralmente tengan en su esencia un sustrato científico. El rastreo de la primigenia religiosidad humana nos lleva de tal manera a la remembranza prístina del conocimiento científico, donde las metáforas y alegorías contenidas en aquellas tradiciones religiosas orales o escritas son o solo enseñanzas éticas o morales, sino también transmisión de conocimiento científico a través de un arquetipo biológico, astronómico o geológico.

La actividad cerebral en el Homo oscilaba pendularmente activando potencialidades en el hemisferio cerebral izquierdo y en el hemisferio cerebral derecho; la forja de la piedra como actividad funcional del hemisferio izquierdo estimula la creación de imágenes por el hemisferio derecho, y estas imágenes estimulan el desarrollo del lenguaje sofisticado por el hemisferio izquierdo.

Líquido amniótico como arquetipo del agua de vida

La memoria genética rememora recuerdos que yacen en el inconsciente del Homo y que pasan a formar parte de sus potencialidades como especie.

En el seno materno, los días anteriores al nacimiento el bebé cambia de posición y comienza a descender por el abdomen hacia el canal de parto,  dándose la vuelta y posicionándose generalmente con la cabeza hacia abajo para descender por el. El bebé oye voces y vislumbra destellos luminosos procedentes de más allá de su mundo acuoso. La distensión abdominal que coincide con el encajamiento de la cabeza del bebé en la pelvis , y que en algunas mujeres se produce semanas antes del alumbramiento o en ocasiones solo unas horas antes, permite en estos casos que penetre una tenue luz en el útero a través del canal de parto, la cual al contacto con el líquido amniótico adquiere para el bebé la apariencia de un resplandor rojizo. Los órganos visuales del bebé al estar en esos momentos en proceso de contracción y dilatación de las pupilas, perciben esa luz en forma de destellos luminosos muy difuminados que van desapareciendo desde su perspectiva a medida que avanza por el canal de parto, haciéndose claramente visible justo en el momento que se produce la confluencia entre la luz procedente del exterior y el borde externo del canal de parto, aún con restos de líquido amniótico. Ni siquiera es necesario que el bebé se deslice por el canal de parto con los ojos mirando hacia el frente para percibir esa luz, ya que el nacer de cara es una anomalía que solo ocurre en un porcentaje muy reducido de los partos. 

La memoria genética a diferencia de la memoria personal es producto de decenas de miles de años de acumulación de experiencias que forman parte de nuestro desarrollo como especie. Esta memoria genética relativa a la experiencia del nacimiento que subyace en nuestra inconsciencia,  va a reaccionar con el mundo de los abstracto surgido por la sistémica actividad científica de trabajar la piedra para impulsar al Homo a justificar su existencia en la voluntad de una potencia creadora.

Ver aquí 3ª parte

 Ver aquí 5ª parte

Anuncios

Deconstruyendo la religiosidad primigenia: porqué se construyeron pirámides (3ª parte)

Los homínidos que primero desarrollaron la ciencia de forjar la piedra para transformarla en un artilugio de utilidad eran carroñeros y recolectores de vegetales, y solo eventualmente cazadores. Para facilitarse el carroñeo se ayudaban de piedras que acondicionaban para poder desgarrar con ellas la carne de los animales muertos, de modo tal que golpeando una piedra contra otra obtenían lascas cortantes con las que sustituir la acción directa de sus dientes sobre el cuerpo del animal que se disponían a devorar. Imaginaban la piedra como artilugio herramental estando aun en estado natural, y esta actividad cerebral sistémica lo indujo a la práctica de proyectar las imágenes que recreaba en su mente a su mundo cotidiano tangible. De esta práctica se deriva el universo de los arquetipos que dará lugar al mundo de los símbolos. 

Este es un punto esencial a la hora de comprender el porqué del nacimiento del mundo de los símbolos religiosos en la mente del Homo, derivado de su esfuerzo por proyectar las visualizaciones de su imaginación en su mundo tangible. Pero esta proyección tiene una base científica o socializante en su origen.

Más allá de sus estrictas connotaciones etimológicas originarias, la religión alude a una justificación, y el hecho religioso a la práctica que materializa esa justificación. Cuando el Homo justifica su existencia mundana en la voluntad de una potencia creativa percibida como insondable tiene religión, y cuando comienza a practicar un culto en torno a esa justificación que le hace auto-posicionarse como creación de la potencia creadora hay hecho religioso. La base científica o socializante de las proyecciones de la imaginación en su mudo tangible acaba transformándose en hecho religioso cuando el Homo pasa antes por la transición de la justificación, consecuencia a su vez del desarrollo cerebral que potencia cada vez con más fuerza la capacidad para proyectar mentalmente imágenes percibidas como provenientes de un universo no tangible.

Fue en la mirada al cielo, como la del animal rojo que mira al eclipse tras el alineamiento de la Luna, la Tierra y el Sol representado por la conjunción de tres círculos (véase el capítulo anterior), donde el Homo encontró sus primeros arquetipos, los astros visibles como la Luna y el Sol, que primero transmitieron con el lenguaje corporal de sus manos, y luego con círculos pictóricos o geológicos como los que representan esos mismos tres astros.

Pero también encontró otro arquetipo astronómico que en época histórica alegorizaría en forma de construcción arquitectónica de piedra o adobe: la pirámide.

Diferentes culturas de tiempos históricos las han construido por todo el mundo, la más antigua, en base a los testimonios arqueológicos hasta hoy conocidos, es la Pirámide escalonada de Saqqara o de Zoser en Egipto, de hacia mediados del siglo XXVII a.C. Se atribuye la invención de la pirámide en el país del Nilo al genio creativo del sabio Imhotep, pero esta atribución parte de una premisa errónea, pues la idea de pirámide estaba ya presente en la mente del Homo desde tiempos paleolíticos.

Desde tiempos ignotos muy anteriores a la época histórica la pirámide era una referencia científica que señalaba al Homo el inicio de los equinoccios de primavera y de otoño en las zonas más al norte o al sur del Ecuador, lo que anunciaba el cambio del ciclo climático entre las culturas paleolíticas, y además de los ciclos agrícolas entre las culturas neolíticas de esas partes del mundo. Así como en las culturas paleolíticas y neolíticas presentes en el resto de regiones de la Tierra constituía la luz zodiacal un anuncio del amanecer y de ocaso, es decir, del comienzo y final de la luz del Sol que cada día se imponía durante unas horas a las tinieblas de la oscuridad. En las zonas más septentrionales del Globo, al visualizarse durante los equinoccios de primavera y otoño, la luz zodiacal anunciaría la llegada de un largo día y de una larga noche de seis meses respectivamente.

Luz zodiacal como arquetipo astronómico de la pirámide

Este enorme fulgor que se hacia visible en el cielo constituía de tal manera una imagen astronómica arquetípica conocida universalmente. Imhotep solo vivió en una sociedad urbana muy rica que tenía los medios tecnológicos, humanos y económicos, al igual que otras culturas posteriores, para extrapolar al mundo tangible mediante la piedra lo que desde incontables generaciones veían en el cielo. Pero las luces zodiacales no solo eran representadas por grandes estructuras arquitectónicas piramidales, sino también por otras más simples como los obeliscos, que también representaban luces zodiacales.

Las culturas neolíticas también representaban esas mismas luces zodiacales por medio de grades piedras colocadas verticalmente ligeramente talladas, en un intento vago de representar la imagen arquetípica de la luz zodiacal. En el norte de Europa y otras zonas del mundo el menhir era el equivalente alegórico de la pirámide o el obelisco faraónico, de resultado que los diferentes tipos de pirámides presentes por toda la extensión de la Tierra tienen su equivalente en los diferentes tipos de obeliscos o menhires presentes también por toda ella. Todos ellos no eran pues sino distintas formas de alegorizar una misma idea arquetípica de naturaleza astronómica, que en su esencia primigenia venía a simbolizar el cambio de ciclo; ciclo climático o agrícola para las culturas más alejadas del Ecuador, del largo día de seis meses a la larga noche de seis meses para los más septentrionales de entre los del norte, y del paso de la luz del día a la oscuridad de la noche para el resto de culturas.

Menhir alegorizando la luz zodiacal en la prehistoria
Obelisco como otra forma de alegorizar la luz zodiacal

El tipo de alegorización terrenal de la luz zodiacal como remembranza de los cambios de ciclos iba a depender del potencial tecnológico, humano y económico de la cultura que los construyese…

ver aquí 2ª parte

Ver aquí 4ª parte

Deconstruyendo la religiosidad primigenia: cuando las manos rupestres conformaban relojes de piedra (2ª parte)

Cuando las manos rupestres conformaban relojes de piedra

Desde el descubrimiento de las pinturas rupestres en la cueva de Altamira en 1879, la verdadera finalidad de las formas animales y humanas representadas en esa y otras muchas cuevas ha permanecido ignota para los especialistas, pero lo que más a intrigado y a la vez desconcertado a estos ha sido la finalidad de las manos plasmadas en esas cuevas del llamado arte rupestre.

Se piensa que estas manos rupestres pudieran contener alguna simbología mágica o sagrada, y se divaga en especulaciones sobre este asunto, pero este es un error que no tiene en cuenta la condición del Homo como ser científico sino como ser religioso, y a partir de esta premisa se elucubra. Pero elocubremos partiendo de su condición de ser científico y veremos como todo es más sencillo de lo que parece.

Las manos no representan simbología mágica ni sagrada, sino meramente astronómica; parte de un tiempo en que los homínidos no disponían aún de un lenguaje articulado elaborado con el que comunicarse, y lo hacían por tanto mediante signos. La mano izquierda abierta se extendía hacia el cielo para tapar la Luna, simbolizándola, y la mano derecha se extendía hacia el cielo para tapar el Sol, simbolizándolo. Las manos eran plasmadas con dos técnicas,: en negativo, cubriendo la superficie de la roca y pintando alrededor de ella, y en positivo, mojándola en la pintura y luego apoyándola sobre la pared.

Ni la una ni la otra técnica implicaba simbología alguna, solo diferente método para plasmar la Luna y el Sol en la roca. Las manos conforman un conjunto dual con el halo que se aprecia alrededor de cada una, donde la coloración del mismo viene a significar un momento determinado del día o una perturbación atmosférica en alguno de los casos. Son los colores del cielo alegorizados en la apariencia del sol según el momento del día o la apariencia del cielo sometido al estar sometido a perturbaciones como la de las nubes cargadas de vapor de agua. Si es la mano lunar, la izquierda, podemos además hablar de fases lunares como la de cuarto menguante o cuarto creciente durante las horas diurnas, o de luna llena durante las horas nocturnas.

Reloj pétreo luni-solar
  • 1. El halo de tonalidad amarilla o similares transmite la idea de la apariencia del Sol desde el amanecer hasta las primeras horas de la mañana antes del mediodía.
  • 2. El halo de tonalidad blanco transmite la idea de la apariencia del Sol durante las horas del mediodía y su entorno temporal anterior y posterior.
  • 3. El halo de tonalidad rojiza y similares trasmite la idea de la apariencia del Sol desde después del mediodía hasta el ocaso.
  • 4. El halo de tonalidad  marrón transmite la idea de cielo lluvioso.
  • 5. El halo de tonalidad verde, muy poco usual, transmite la idea de justo antes del amanecer o justo después del ocaso, en base al efecto óptico atmosférico conocido como destello verde.
  • 6. El halo de tonalidad negra transmite la idea de noche.
  • 7. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad amarilla o similar indica una Luna en cuarto menguante visible durante las horas de la mañana.
  • 8. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad rojiza o similar indica una Luna en cuarto creciente visible durante las horas de la tarde.
  • 9. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad negra indica una Luna llena visible durante la noche.

Las manos coronadas por los halos secuenciadas en las rocas sin otras asociaciones animales o de estructuras naturales constituyen relojes luni-solares esculpidos en piedra. Cuando estas manos y sus halos están asociados a otras representaciones de animales o estructuras naturales indican escenas que transmiten conocimientos con los que se quiere socializar a la comunidad.

Animales durante el eclipse lunar

En la escena aquí representada podemos observar animales que corren en diferentes direcciones, señales horarias, y un eclipse lunar en la parte inferior izquierda, representado por la conjunción de los tres círculos concéntricos, cada uno de ellos y respectivamente de menor a mayor tamaño transmitiendo la idea de Luna, Tierra y Sol.

Los círculos son representaciones astronómicas de estos astros que no tienen las connotaciones horarias de las manos coronadas por halos de diferentes colores; las manos izquierda y derecha como representaciones de la Luna y el Sol provienen del lenguaje corporal que utilizaban el Homo antes de la aparición del lenguaje articulado, como mecanismo comunicativo entre los individuos del clan, mientras los círculos son representaciones pictóricas de estos astros provenientes de un tiempo muy posterior en el que ya se utilizaba un lenguaje articulado como mecanismo de comunicación entre esos individuos del clan. Las manos provenientes del lenguaje de signos se van así superponiendo con los círculos para enriquecer los mecanismos comunicativos del Homo.

Llama la atención el animal de tonalidad rojiza que no corre..sino que esta inmóvil con su mirada levantada hacia el eclipse y su cola erguida. Su tonalidad rojiza la diferencia también del resto de guanacos de la representación. Tal tonalidad es la misma que representa al Sol rojo del ocaso. 

Es impresionante, pero no estamos viendo un cuadro, sino una película. Las diferentes manos coronadas por halos de distintas tonalidades indican movilidad temporal, no la plasmación de una imagen pictórica de un momento determinado. Hay un río al fondo, animales que corren en diferentes direcciones, y se produce un eclipse hacia el que el animal de rojo dirige su mirada. 

Nuestros ancestros prehistóricos nos contaban secuencias vitales en movimiento, no solo nos transmitían imágenes simbólicas estáticas. Esta era una de sus características como ser científico..el carácter de movilidad temporal y no solo de representación simbólica inmóvil de las ideas que transmitían con la reproducción de sus escenas pictóricas grabadas en las piedras.

Ver aquí 1ª parte

Ver aquí 3ª parte

Deconstruyendo la religiosidad primigenia: como nacen los espíritus (1ª parte)

Toda transmisión de conocimiento religioso oral u escrito fue en origen un intento de explicar un conocimiento científico que los sabios del clan querían socializar entre su comunidad, lo que sugiere que antes que religioso el homínido ancestro del homo sapiens que comenzó a despertar a la consciencia de lo meta sensorial fue antes científico que religioso. De ahí que todas las cosmovisiones espirituales orales u escritas estén en gran medida encriptadas en metáforas y alegorías como reflejo ancestral de que lo que un día fue conocimiento científico se poetizó tras la aparición del lenguaje articulado para poder transmitirlo no solo con la imitación sino con esa nueva capacidad que era la palabra. 

Pero hubo un antes en ese proceso de poetización del conocimiento científico, una espiritualidad anterior a la aparición del lenguaje articulado en el sapiens. De ambas nos ocuparemos aquí.

Como nacen los espíritus 

Para entender porqué despertó en los homínidos antecesores de los homo sapiens la consciencia sobre la existencia de una realidad más allá de la que se hacía tangible por la puesta en ejecución de sus cinco sentidos naturales hay que poner nuestro foco de atención en la condición de científicos de aquellos homínidos.

El Homo como ser científico es anterior al Homo como ser consciente de lo meta sensorial. Todas las cosmovisiones históricas que retratan la relación del ser humano con lo meta sensorial reflejadas en tradiciones espirituales orales o escritas evolucionan de una primigenia realidad científica; lo que hoy en día entendemos por religiosidad no es pues un estado que nace con nosotros como una cualidad innata, sino una evolución natural derivada del desarrollo de ese espíritu científico que vivificaba a las comunidades homínidas en tiempos remotos e ignotos…

Entenderemos tras leer estas líneas porque digo que el despertar a la consciencia de lo meta sensorial es la prolongación natural de ejercitar de manera sistémica la actividad científica, y porqué por tanto primates superiores como bonobos y chimpancés son proclives también a desarrollar una consciencia de sumergimiento en lo meta sensorial al igual que los homínidos que comenzaron a trabajar la piedra para transformarla en instrumento de utilidad. Lo que si podemos considerar como cualidad innata de nuestra especie es la imaginación pura, definida por el psicólogo evolutivo Flavell John como la tendencia del niño en su primera etapa de vida a concebir todas las cosas dotadas de vida e intenciones (Flavell John, “La Psicología evolutiva de Jean Piaget”, Buenos Aires, México, Paidós, 1991).

Esta imaginación pura se va diluyendo a medida que el niño madura, no siendo pues el factor determinante en la aparición de la consciencia acerca de lo meta sensorial, pero si el sustrato psicológico sobre la que aquella se va a asentar al interactuar con esta imaginación pura la imaginación científica que supone la capacidad que se tiene para tomando entre sus manos una piedra en estado natural visualizarla ya transformada en un artilugio de utilidad para extraer con ella beneficios de la naturaleza. La imaginación pura durante la primera etapa de desarrollo del niño dota de vida e intenciones a objetos perceptibles por los sentidos naturales, pero no a entidades que no son perceptibles por esos mismos sentidos naturales. Y este punto es el esencial que comienza a marcar la diferencia con la imaginación científica, con la que aquella va a interactuar para hacer saltar las chispas de las visualizaciones meta sensoriales; el trabajo sistémico de la piedra para transformarla en artilugio de utilidad desarrolla la parte del cerebro que visualiza esa piedra ya transformada, lo que incide en su potencial imaginativo para ver imágenes transfiguradas en su cerebro, que como proyecciones mentales producto de una actividad cerebral sistémica acabará durante la evolución formando parte de un organigrama genético que a su vez proyectará en todo tipo de imágenes más allá de las de las piedras transfiguradas en objetos de herramientas. Todo comienza entonces a poder transmutarse, dando así origen a la idea de espíritu.

La idea de espíritu constituye pues la consecuencia natural del trabajo sistémico de la piedra que faculta al homínido para imaginar objetos visualizados en bruto transformados en artilugios de utilidad herramental. De tal manera es que bonobos o chimpancés tienen también la capacidad de recrear en su mente un mundo dual de realidades sensoriales y meta sensoriales. Pero la consciencia sobre la existencia de esas entidades meta sensoriales no es tampoco en si misma suficiente para hablar de la espiritualidad homínida, pues esta necesita del desarrollo de un culto para completar el ciclo. Es el ritual de apaciguamiento que la inteligencia homínida concibe para aplacar las intenciones que se le suponen a esas entidades espirituales que escapan a su control lo que va a configurar la base de la primigenia religiosidad homínida.

Más el Homo que se sumerge en esta religiosidad primigenia no tiene aún la capacidad para comunicarse con un lenguaje articulado, lo que lo dificulta enormemente para ser capaz de transmitir a sus congéneres todas las nuevas realidades que le surgen de sus recreaciones meta sensoriales, por lo que no socializa adecuadamente esa religiosidad primigenia…

Ver aquí 2ª parte