El origen de la religiosidad paleolítica y su influencia en el Apocalipsis y el Corán

 

ÍNDICE

Introducción

PRIMERA PARTE: Deconstruyendo el origen de la religiosidad primigenia

SEGUNDA PARTE: Deconstruyendo alegorías del Apocalipsis y el Corán 

Conclusión

Introducción

En el siguiente análisis expondré la teoría de que la adquisición de la consciencia religiosa en el Homo del Paleolítico que acabamos heredando los sapiens sapiens fue la penúltima consecuencia de una escalera evolutiva biológica-intelectual que comenzó por el bipedismo y terminó con la aparición de un lenguaje articulado plenamente desarrollado, último peldaño de la escalera.

En el punto central del análisis se posiciona la imaginación científica como el elemento vertebrador de todo el proceso psicológico de la escalera, que comienza con el cerebro del Homo mirando al cielo donde cree ver los primeros atisbos de una geometría elemental como el punto, el cuadrado, el círculo o el triángulo, y una mirada hacia si mismo donde  ve la geometría de la linea recta, plasmando más tarde todo ello en los pictogramas rupestres descubiertos en muchas cuevas y piedras por todo el mundo. La capacidad para recrear imágenes mentales se potenció enormemente con el desarrollo cerebral que supuso el trabajo sistémico de la piedra con la finalidad de utilizarla como artilugio herramental, imágenes que con el tiempo llegará a individualizar y dotar de voluntad propia.

Me detendré en analizar el significado de esos pictogramas geométricos rupestres, interpretando su significado,  así como el de otros conocidos pictogramas como el de las manos completas y cercenadas visibles en numerosas cuevas y piedras, así como también interpretaré la supuesta escalera plasmada en la cueva cántabra de La Pasiega atribuida a sapiens neanderthales y en parte a sapiens sapiens. En este mismo sentido expondré las razones por las que se comenzaron a construir pirámides u obeliscos, o porque se levantaban menhires.

El análisis no lo desarrollo siguiendo un estricto orden temporal en la escalera psicológica evolutiva, sino un orden expositivo en base al criterio de importancia argumental que yo le otorgo al desenvolvimiento del Homo en la escalera, razón por la que comienzo por hablar primero del proceso mental que lleva a la recreación del mundo de los espíritus, y luego lo haré de los procesos biológicos y mentales que anteceden a la capacitación del Homo para recrear en su mente esa idea de espíritu.

Para terminar entraré en la religiosidad histórica para hacer un ejercicio de interpretación de cuatro textos apocalípticos y coránicos de difícil y controvertida exégesis, utilizando como metodología de trabajo la proyección de la imaginación científica y de arquetipos fácilmente visibles en las alegorías que encriptan textos como los referentes al 666 o las siete cabezas en el Apocalipsis, así  como a los 300 más 9 de la sura La Caverna o los 1000 años menos 50 de la sura La Araña en el Corán.

Para desencriptar las alegorías apocalípticas contenidas en la segunda parte de este análisis referentes al significado del 666 o las siete cabezas de la bestia mencionada en el texto, he contextualizado la exégesis conjugando los escritos de Pablo de Tarso sobre Jesús con la historia que sobre este mismo personaje recoge Celso en su obra Alethes Logos.

Pablo de Tarso fue en el siglo I el primero en sentar las bases de la Trinidad que acabaría tomando la forma de dogma por la imposición del emperador Constantino tras la celebración del Concilio de Nicea en el año 325. La fórmula de bendición usada por Pablo está en el fundamento doctrinal de la teoría trinitaria:

13 La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros. (2 Corintios 13, 13)

El hagiógrafo del Apocalipsis era conocedor de esa historia que circulaba sobre Jesús, de la que Celso no haría sino hacerse eco en su obra Alethes Logo escrita en el 177, de sus poderes mágicos como sacerdote de Serket, y de su proclamación como dios al regresar del país del Nilo, tal como Celso mismo relata.

Esto unido a su conocimiento sobre la divinización de Jesús formalizada por Pablo de Tarso y la plasmación de esta divinización filial en las invocaciones paulinas, conformó el contexto en el cual el hagiógrafo del Apocalipsis encriptó una acusación por blasfemia dirigida al Jesús auto-divinizado, según la historia que entonces circulaba y que fue recogida en la mencionada obra de Celso, y otra acusación también encriptada dirigida al Pablo de Tarso que proclamaba a diestro y siniestro tanto la filiación divina de Jesús como a la vez su propia divinidad.

A Jesús lo condenó metáforicamente  en los versos contenidos en la alusión a la primera bestia, de lo que ya he hablado, y a Pablo de Tarso lo condenó metáforicamente en los versos contenidos en la alusión a la segunda bestia.

En lo que se refiere a la exegésis coránica de la sura La Caverna y La Araña, la he contextualizado partiendo de la premisa de que la Revelación coránica relata el acontecimiento que precedió a la creación del ser humano por Allah mediante la utilización de cuatro conceptos alegóricos que van a interactuar entre ellos dándole la apariencia de constituir conceptos diferenciados unos de otros, pero en realidad nos habla de partes de una misma entidad.

Adam, Iblis, los yunun y los malaika, han pasado a formar parte en la psicología religiosa islámica, al igual que en la judía o cristiana a través de los conceptos de Adán, Satán y los ángeles, de entidades individualizadas y con personalidad propia a la vez que distintiva de cada uno ellos.

Pero esta percepción fuertemente interiorizada y arraigada en la percepción psicológica de creyentes y no creyentes se contrapone con la idea de considerar que el relato coránico lo que en realidad narra es una historia psíquica del ser humano, a través de inclinaciones latentes que son extrapoladas del cuerpo físico para adquirir personificación individualizada en forma de alegorías representadas por conceptos antropomórficos o pseudo-antropomórficos fácilmente asimilables para  la mente del  receptor del mensaje.

Sería entonces que ante la naturaleza humana tanto Adam como Iblis, los yunun o los malaika, no serían en realidad entidades individualizadas, sino estados psíquicos diferenciados que latentes conformarían todos ellos la naturaleza que en el Corán los autores o el autor humano o divino de este le atribuyen al ser humano.

Adam, Iblis, yunun, y los malaika, confluyen así en el ser humano como prototipo de ente psíquicamente complejo, por lo que todos tenemos un Adam, un Iblis, unos yunun, o unos malaika en nuestra naturaleza..pero parece ser que esto no lo percibimos así, pues el relato coránico, así como el judeo-cristiano, nos ha engañado hasta el punto de percibir en dispersión lo que realmente solo es unidad.

La premisa de partida que he usado en la metodología es la de que toda transmisión de conocimiento religioso oral u escrito en las religiones históricas en forma de metáforas o alegorías, es en realidad una reminiscencia de una práctica que se pierde en la noche de los tiempos y que comenzó en el Paleolítico, primero con el lenguaje corporal antes de que apareciese el lenguaje articulado en el Homo, y después con los pictogramas que comenzaron a transmitir ideas a través de las formas geométricas más simples con la intención de explicar  y poder perpetuar un conocimiento científico con el que los sabios del clan pretendían crear los lazos imprescindibles para socializar a su comunidad, lo que da idea de que antes que religioso el Homo ancestro del Homo sapiens fue científico. De ahí la teoría de que todas las cosmovisiones espirituales orales u escritas estén en gran medida encriptadas en metáforas y alegorías como reflejo ancestral de aquella práctica que se comenzó a gestar entre el Homo del Paleolítico en tiempos ignotos aún para la ciencia antropológica, consistente en que lo que un día fue conocimiento científico,  se acabó poetizando tras la aparición del lenguaje articulado para poder transmitirlo no solo con movimientos corporales  y diversos sonidos, sino ahora con esa nueva capacidad que era la palabra. 

Pero hubo un antes en ese proceso de poetización del conocimiento científico a consecuencia de la aparición de lenguaje articulado primero y de la escritura propiamente dicha más tarde. Del antes y del después me ocuparé en este análisis, dividiéndolo para ello en dos partes claramente diferenciadas. 

PRIMERA PARTE

Deconstruyendo el origen de la religiosidad primigenia

Para entender porqué despertó en los homínidos antecesores de los homo sapiens la consciencia sobre la existencia de una realidad más allá de la que se hacía tangible por la puesta en ejecución de sus cinco sentidos naturales hay que poner nuestro foco de atención en la condición de científicos de aquellos homínidos. 

El Homo como ser científico es anterior al Homo como ser consciente de lo meta sensorial. Todas las cosmovisiones históricas que retratan la relación del ser humano con lo meta sensorial reflejadas en tradiciones espirituales orales o escritas evolucionan de una primigenia realidad científica; lo que hoy en día entendemos por religiosidad no es pues un estado que nace con nosotros como una cualidad innata, sino una evolución natural derivada del desarrollo de ese espíritu científico que vivificaba a las comunidades homínidas en tiempos remotos e ignotos…

1.1.- Como nacen los espíritus 

Se entenderá tras leer estas líneas porque digo que el despertar a la consciencia de lo meta sensorial es la prolongación natural de ejercitar de manera sistémica la actividad científica, y porqué por tanto primates superiores como bonobos y chimpancés son proclives también a desarrollar una consciencia de sumergimiento en lo meta sensorial al igual que los homínidos que comenzaron a trabajar la piedra para transformarla en instrumento de utilidad. Lo que si podemos considerar como cualidad innata de nuestra especie es la imaginación pura, definida por el psicólogo evolutivo Flavell John como la tendencia del niño en su primera etapa de vida a concebir todas las cosas dotadas de vida e intenciones (Flavell John, “La Psicología evolutiva de Jean Piaget”, Buenos Aires, México, Paidós, 1991).

Esta imaginación pura se va diluyendo a medida que el niño madura, no siendo pues el factor determinante en la aparición de la consciencia acerca de lo meta sensorial, pero si el sustrato psicológico sobre la que aquella se va a asentar al interactuar con esta imaginación pura la imaginación científica que supone la capacidad que se tiene para tomando entre sus manos una piedra en estado natural visualizarla ya transformada en un artilugio de utilidad para extraer con ella beneficios de la naturaleza. La imaginación pura durante la primera etapa de desarrollo del niño dota de vida e intenciones a objetos perceptibles por los sentidos naturales, pero no a entidades que no son perceptibles por esos mismos sentidos naturales. Y este punto es el esencial que comienza a marcar la diferencia con la imaginación científica, con la que aquella va a interactuar para hacer saltar las chispas de las visualizaciones meta sensoriales; el trabajo sistémico de la piedra para transformarla en artilugio de utilidad desarrolla la parte del cerebro que visualiza esa piedra ya transformada, lo que incide en su potencial imaginativo para ver imágenes transfiguradas en su cerebro, que como proyecciones mentales producto de una actividad cerebral sistémica acabará durante la evolución formando parte de un organigrama genético que a su vez proyectará en todo tipo de imágenes más allá de las de las piedras transfiguradas en objetos de herramientas. Todo comienza entonces a poder transmutarse, dando así origen a la idea de espíritu.

La idea de espíritu constituye pues la consecuencia natural del trabajo sistémico de la piedra que faculta al homínido para imaginar objetos visualizados en bruto transformados en artilugios de utilidad herramental. De tal manera es que bonobos o chimpancés tienen también la capacidad de recrear en su mente un mundo dual de realidades sensoriales y meta sensoriales. Pero la consciencia sobre la existencia de esas entidades meta sensoriales no es tampoco en si misma suficiente para hablar de la espiritualidad homínida, pues esta necesita del desarrollo de un culto para completar el ciclo. Es el ritual de apaciguamiento que la inteligencia homínida concibe para aplacar las intenciones que se le suponen a esas entidades espirituales que escapan a su control lo que va a configurar la base de la primigenia religiosidad homínida.

Más el Homo que se sumerge en esta religiosidad primigenia no tiene aún la capacidad para comunicarse con un lenguaje articulado, lo que lo dificulta enormemente para ser capaz de transmitir a sus congéneres todas las nuevas realidades que le surgen de sus recreaciones meta sensoriales, por lo que no socializa adecuadamente esa religiosidad primigenia…

1.2.- Cuando las manos rupestres conformaban relojes de piedra

Desde el descubrimiento de las pinturas rupestres en la cueva de Altamira en 1879, la verdadera finalidad de las formas animales y humanas representadas en esa y otras muchas cuevas ha permanecido ignota para los especialistas, pero lo que más a intrigado y a la vez desconcertado a estos ha sido la finalidad de las manos plasmadas en esas cuevas del llamado arte rupestre.

Se piensa que estas manos rupestres pudieran contener alguna simbología mágica o sagrada, y se divaga en especulaciones sobre este asunto, pero este es un error que no tiene en cuenta la condición del Homo como ser científico sino como ser religioso, y a partir de esta premisa se elucubra. Pero elocubremos partiendo de su condición de ser científico y veremos como todo es más sencillo de lo que parece.

Las manos no representan simbología mágica ni sagrada, sino meramente astronómica; parte de un tiempo en que los homínidos no disponían aún de un lenguaje articulado elaborado con el que comunicarse, y lo hacían por tanto mediante signos. La mano izquierda abierta se extendía hacia el cielo para tapar la Luna, simbolizándola, y la mano derecha se extendía hacia el cielo para tapar el Sol, simbolizándolo. Las manos eran plasmadas con dos técnicas,: en negativo, cubriendo la superficie de la roca y pintando alrededor de ella, y en positivo, mojándola en la pintura y luego apoyándola sobre la pared.

Ni la una ni la otra técnica implicaba simbología alguna, solo diferente método para plasmar la Luna y el Sol en la roca. Las manos conforman un conjunto dual con el halo que se aprecia alrededor de cada una, donde la coloración del mismo viene a significar un momento determinado del día o una perturbación atmosférica en alguno de los casos. Son los colores del cielo alegorizados en la apariencia del sol según el momento del día o la apariencia del cielo sometido al estar sometido a perturbaciones como la de las nubes cargadas de vapor de agua. Si es la mano lunar, la izquierda, podemos además hablar de fases lunares como la de cuarto menguante o cuarto creciente durante las horas diurnas, o de luna llena durante las horas nocturnas.

reloj pétreo luni-solar
  • 1. El halo de tonalidad amarilla o similares transmite la idea de la apariencia del Sol desde el amanecer hasta las primeras horas de la mañana antes del mediodía.
  • 2. El halo de tonalidad blanco transmite la idea de la apariencia del Sol durante las horas del mediodía y su entorno temporal anterior y posterior.
  • 3. El halo de tonalidad rojiza y similares trasmite la idea de la apariencia del Sol desde después del mediodía hasta el ocaso.
  • 4. El halo de tonalidad  marrón transmite la idea de cielo lluvioso.
  • 5. El halo de tonalidad verde, muy poco usual, transmite la idea de justo antes del amanecer o justo después del ocaso, en base al efecto óptico atmosférico conocido como destello verde.
  • 6. El halo de tonalidad negra transmite la idea de noche.
  • 7. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad amarilla o similar indica una Luna en cuarto menguante visible durante las horas de la mañana.
  • 8. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad rojiza o similar indica una Luna en cuarto creciente visible durante las horas de la tarde.
  • 9. Una mano lunar coronada por un halo de tonalidad negra indica una Luna llena visible durante la noche.

Las manos coronadas por los halos secuenciadas en las rocas sin otras asociaciones animales o de estructuras naturales constituyen relojes luni-solares esculpidos en piedra. Cuando estas manos y sus halos están asociados a otras representaciones de animales o estructuras naturales indican escenas que transmiten conocimientos con los que se quiere socializar a la comunidad.

Animales durante el eclipse anular

En la escena aquí representada podemos observar animales que corren en diferentes direcciones, señales horarias, y un eclipse lunar en la parte inferior izquierda, representado por la conjunción de los tres círculos concéntricos, cada uno de ellos y respectivamente de menor a mayor tamaño transmitiendo la idea de Luna, Tierra y Sol.

Los círculos son representaciones astronómicas de estos astros que no tienen las connotaciones horarias de las manos coronadas por halos de diferentes colores; las manos izquierda y derecha como representaciones de la Luna y el Sol provienen del lenguaje corporal que utilizaban el Homo antes de la aparición del lenguaje articulado, como mecanismo comunicativo entre los individuos del clan, mientras los círculos son representaciones pictóricas de estos astros provenientes de un tiempo muy posterior en el que ya se utilizaba un lenguaje articulado como mecanismo de comunicación entre esos individuos del clan. Las manos provenientes del lenguaje de signos se van así superponiendo con los círculos para enriquecer los mecanismos comunicativos del Homo.

Llama la atención el animal de tonalidad rojiza que no corre..sino que esta inmóvil con su mirada levantada hacia el eclipse y su cola erguida. Su tonalidad rojiza la diferencia también del resto de guanacos de la representación. Tal tonalidad es la misma que representa al Sol rojo del ocaso. 

Es impresionante, pero no estamos viendo un cuadro, sino una película. Las diferentes manos coronadas por halos de distintas tonalidades indican movilidad temporal, no la plasmación de una imagen pictórica de un momento determinado. Hay un río al fondo, animales que corren en diferentes direcciones, y se produce un eclipse hacia el que el animal de rojo dirige su mirada. 

Nuestros ancestros prehistóricos nos contaban secuencias vitales en movimiento, no solo nos transmitían imágenes simbólicas estáticas. Esta era una de sus características como ser científico..el carácter de movilidad temporal y no solo de representación simbólica inmóvil de las ideas que transmitían con la reproducción de sus escenas pictóricas grabadas en las piedras. 

1.3.- Porqué se construyeron pirámides

Los homínidos que primero desarrollaron la ciencia de forjar la piedra para transformarla en un artilugio de utilidad eran carroñeros y recolectores de vegetales, y solo eventualmente cazadores. Para facilitarse el carroñeo se ayudaban de piedras que acondicionaban para poder desgarrar con ellas la carne de los animales muertos, de modo tal que golpeando una piedra contra otra obtenían lascas cortantes con las que sustituir la acción directa de sus dientes sobre el cuerpo del animal que se disponían a devorar. Imaginaban la piedra como artilugio herramental estando aun en estado natural, y esta actividad cerebral sistémica lo indujo a la práctica de proyectar las imágenes que recreaba en su mente a su mundo cotidiano tangible. De esta práctica se deriva el universo de los arquetipos que dará lugar al mundo de los símbolos. 

Este es un punto esencial a la hora de comprender el porqué del nacimiento del mundo de los símbolos religiosos en la mente del Homo, derivado de su esfuerzo por proyectar las visualizaciones de su imaginación en su mundo tangible. Pero esta proyección tiene una base científica o socializante en su origen.

Más allá de sus estrictas connotaciones etimológicas originarias, la religión alude a una justificación, y el hecho religioso a la práctica que materializa esa justificación. Cuando el Homo justifica su existencia mundana en la voluntad de una potencia creativa percibida como insondable tiene religión, y cuando comienza a practicar un culto en torno a esa justificación que le hace auto-posicionarse como creación de la potencia creadora hay hecho religioso. La base científica o socializante de las proyecciones de la imaginación en su mudo tangible acaba transformándose en hecho religioso cuando el Homo pasa antes por la transición de la justificación, consecuencia a su vez del desarrollo cerebral que potencia cada vez con más fuerza la capacidad para proyectar mentalmente imágenes percibidas como provenientes de un universo no tangible.

Fue en la mirada al cielo, como la del animal rojo que mira al eclipse tras el alineamiento de la Luna, la Tierra y el Sol representado por la conjunción de tres círculos (véase el capítulo anterior), donde el Homo encontró sus primeros arquetipos, los astros visibles como la Luna y el Sol, que primero transmitieron con el lenguaje corporal de sus manos, y luego con círculos pictóricos o geológicos como los que representan esos mismos tres astros.

Pero también encontró otro arquetipo astronómico que en época histórica alegorizaría en forma de construcción arquitectónica de piedra o adobe: la pirámide.

Diferentes culturas de tiempos históricos las han construido por todo el mundo, la más antigua, en base a los testimonios arqueológicos hasta hoy conocidos, es la Pirámide escalonada de Saqqara o de Zoser en Egipto, de hacia mediados del siglo XXVII a.C. Se atribuye la invención de la pirámide en el país del Nilo al genio creativo del sabio Imhotep, pero esta atribución parte de una premisa errónea, pues la idea de pirámide estaba ya presente en la mente del Homo desde tiempos paleolíticos.

Desde tiempos ignotos muy anteriores a la época histórica la pirámide era una referencia científica que señalaba al Homo el inicio de los equinoccios de primavera y de otoño en las zonas más al norte o al sur del Ecuador, lo que anunciaba el cambio del ciclo climático entre las culturas paleolíticas, y además de los ciclos agrícolas entre las culturas neolíticas de esas partes del mundo. Así como en las culturas paleolíticas y neolíticas presentes en el resto de regiones de la Tierra constituía la luz zodiacal un anuncio del amanecer y de ocaso, es decir, del comienzo y final de la luz del Sol que cada día se imponía durante unas horas a las tinieblas de la oscuridad. En las zonas más septentrionales del Globo, al visualizarse durante los equinoccios de primavera y otoño, la luz zodiacal anunciaría la llegada de un largo día y de una larga noche de seis meses respectivamente.

Luz zodiacal como arquetipo astronómico de la pirámide

Este enorme fulgor que se hacia visible en el cielo constituía de tal manera una imagen astronómica arquetípica conocida universalmente. Imhotep solo vivió en una sociedad urbana muy rica que tenía los medios tecnológicos, humanos y económicos, al igual que otras culturas posteriores, para extrapolar al mundo tangible mediante la piedra lo que desde incontables generaciones veían en el cielo. Pero las luces zodiacales no solo eran representadas por grandes estructuras arquitectónicas piramidales, sino también por otras más simples como los obeliscos, que también representaban luces zodiacales.

Las culturas neolíticas también representaban esas mismas luces zodiacales por medio de grades piedras colocadas verticalmente ligeramente talladas, en un intento vago de representar la imagen arquetípica de la luz zodiacal. En el norte de Europa y otras zonas del mundo el menhir era el equivalente alegórico de la pirámide o el obelisco faraónico, de resultado que los diferentes tipos de pirámides presentes por toda la extensión de la Tierra tienen su equivalente en los diferentes tipos de obeliscos o menhires presentes también por toda ella. Todos ellos no eran pues sino distintas formas de alegorizar una misma idea arquetípica de naturaleza astronómica, que en su esencia primigenia venía a simbolizar el cambio de ciclo; ciclo climático o agrícola para las culturas más alejadas del Ecuador, del largo día de seis meses a la larga noche de seis meses para los más septentrionales de entre los del norte, y del paso de la luz del día a la oscuridad de la noche para el resto de culturas.

Menhir alegorizando la luz zodiacal en la prehistoria
Obelisco como otra forma de alegorizar la luz zodiacal

El tipo de alegorización terrenal de la luz zodiacal como remembranza de los cambios de ciclos iba a depender del potencial tecnológico, humano y económico de la cultura que los construyese… 

1.4.- Mecanismo cerebral del que surge la religión

El Homo es solo instintivo antes que científico y religioso. Con la ciencia comienza la primera revolución evolutiva que lo va separando del mundo exclusivo de los instintos. El trabajo sistémico de la piedra para darle funcionalidad herramental lo dirige su hemisferio cerebral izquierdo, pero la imaginación que este trabajo estimula visualizando esa piedra en bruto transformada en artilugio de trabajo para romper huesos y desgarrar la carne de las piezas carroñeadas empieza a desarrollar las potencialidades de su hemisferio cerebral derecho.

Las imágenes funcionales de la piedra comienzan a transmutarse en su mente y a hacer que esa capacidad imaginativa comience a proyectarse sobre otras realidades del entorno perceptible por sus sentidos naturales, de modo que ya no solo imagina las piedras en bruto transformadas en herramientas a las que darles una intencionalidad muy concreta, sino que ahora su universo cognitivo se ve desbordado por imágenes que procedentes de lo concreto se le manifiestan como abstracciones que cada vez comprende menos ..y lo que pasa a ser más determinante, de las que ignora su intención porque ya no controla su razón de ser por efecto de su propia voluntad, como si hacia con la de las imágenes meramente funcionales de las piedras, sino que estas nuevas imágenes parecen tener una intención desconocida y por lo tanto dependientes de una voluntad que no es la suya…

En esa percepción de que no controla la intención que guía a esas imágenes y de que por la tanto no dependen de su voluntad está el origen de la religión. Si el Homo no controla la intención de las imágenes entonces existe un mundo que escapa a sus sentidos, y lo que controla las intenciones de las imágenes debe poder controlarlo a el o a ella misma. Si el Homo no crea las imágenes, ¿quien las crea?, se pregunta a si mismo y a si misma. Esa potencia creadora debe ser responsable de su propia creación; cuando el Homo llega a esta conclusión ya se ha transformado en un ser que podemos llamar religioso.

A su condición de ser exclusivamente instintivo se superpone la de ser científico cuando comienza a trabajar la piedra, y a la de ser instintivo y científico se superpone ahora la de ser religioso cuando a consecuencia del trabajo sistémico de la piedra recrea en su mente un potente mundo de imágenes a las que percibe dotadas de una intención por ella y el no controladas…

El Homo que se enfrenta a las imágenes cuya intención no controla ve potentemente estimulado su hemisferio cerebral izquierdo ante el hecho de verse forzado a utilizar una forma de comunicación sofisticada para poder trasmitir entre sus congéneres las ideas que permitan socializar de manera adecuada la nueva realidad meta sensorial. La vieja realidad de lo concreto perceptible por sus sentidos naturales la transmite y socializa adecuadamente con signos surgidos del movimiento de manos, de otras partes de su cuerpo, o toscos sonidos que salen de su boca, pero la nueva realidad de su mundo ahora dual no puede transmitirla adecuadamente por medio de estos mecanismos, porque lo abstracto que emana de las imágenes no es accesible por aquellos sentidos.

Es entonces cuando su cerebro izquierdo comienza a desarrollar las primeras manifestaciones de un lenguaje articulado sofisticado, estimulado por una poderosa intención, la de ser capaz de transmitir y socializar la realidad abstracta que ahora bifurca su conocimiento del mundo.

La piedra forjada estimuló la religión

La relación del Homo con el mundo abstracto de lo meta sensorial le hace a su vez pasar de estar guiado por una intención colectiva y manifiesta ligada a sus instintos y necesidades de supervivencia del clan, a otra intención individual y oculta ligada a su relación personal con ese mundo de lo abstracto y su convencimiento de que su propia existencia se la debe a la voluntad de una potencia creadora. El Homo va así a ocultar el verdadero propósito de sus intenciones, una practica que tendrá su reflejo en la construcción de las tradiciones orales o escritas que van a sustanciar las cosmovisiones religiosas ya en tiempos históricos. 

El mecanismo cerebral descrito pasa a formar parte de la memoria genética del Homo, y es la causa de que todas las religiones cosificadas oral o escrituralmente tengan en su esencia un sustrato científico. El rastreo de la primigenia religiosidad humana nos lleva de tal manera a la remembranza prístina del conocimiento científico, donde las metáforas y alegorías contenidas en aquellas tradiciones religiosas orales o escritas son o solo enseñanzas éticas o morales, sino también transmisión de conocimiento científico a través de un arquetipo biológico, astronómico o geológico.

La actividad cerebral en el Homo oscilaba pendularmente activando potencialidades en el hemisferio cerebral izquierdo y en el hemisferio cerebral derecho; la forja de la piedra como actividad funcional del hemisferio izquierdo estimula la creación de imágenes por el hemisferio derecho, y estas imágenes estimulan el desarrollo del lenguaje sofisticado por el hemisferio izquierdo.

La memoria genética rememora recuerdos que yacen en el inconsciente del Homo y que pasan a formar parte de sus potencialidades como especie.

En el seno materno, los días anteriores al nacimiento el bebé cambia de posición y comienza a descender por el abdomen hacia el canal de parto,  dándose la vuelta y posicionándose generalmente con la cabeza hacia abajo para descender por el. El bebé oye voces y vislumbra destellos luminosos procedentes de más allá de su mundo acuoso. La distensión abdominal que coincide con el encajamiento de la cabeza del bebé en la pelvis , y que en algunas mujeres se produce semanas antes del alumbramiento o en ocasiones solo unas horas antes, permite en estos casos que penetre una tenue luz en el útero a través del canal de parto, la cual al contacto con el líquido amniótico adquiere para el bebé la apariencia de un resplandor rojizo. Los órganos visuales del bebé al estar en esos momentos en proceso de contracción y dilatación de las pupilas, perciben esa luz en forma de destellos luminosos muy difuminados que van desapareciendo desde su perspectiva a medida que avanza por el canal de parto, haciéndose claramente visible justo en el momento que se produce la confluencia entre la luz procedente del exterior y el borde externo del canal de parto, aún con restos de líquido amniótico. Ni siquiera es necesario que el bebé se deslice por el canal de parto con los ojos mirando hacia el frente para percibir esa luz, ya que el nacer de cara es una anomalía que solo ocurre en un porcentaje muy reducido de los partos. 

La memoria genética a diferencia de la memoria personal es producto de decenas de miles de años de acumulación de experiencias que forman parte de nuestro desarrollo como especie. Esta memoria genética relativa a la experiencia del nacimiento que subyace en nuestra inconsciencia,  va a reaccionar con el mundo de los abstracto surgido por la sistémica actividad científica de trabajar la piedra para impulsar al Homo a justificar su existencia en la voluntad de una potencia creadora. 

1.5.- La geometría cósmica inspiró la geometría rupestre

Como pictogramas rupestres las manos invocaban la Luna y el Sol para conformar con ellos el primer reloj pétreo con el que medir el paso del tiempo, según ya vimos en el segundo apartado. Una peculiaridad de estos pictogramas de manos es que en ocasiones aparecen estas con las falanges de uno o más dedos aparentemente cercenadas, lo que se debía a la intención premeditada de transmitir parcialidad.

Tanto si esa parcialidad se debía a que se doblaban los dedos al plasmar la mano en la roca como si se debía a que las que servían de moldes tenían dedos cortados por la razón que fuese, el hecho es que lo que importaba de las mismas era transmitir la idea de que el astro representado con los dedos extendidos hacia al cielo estaba parcial o totalmente oscurecido.

Una mano izquierda con la palma plasmada en la roca que representaba la Luna, transmitía las fases de oscurecimiento de este astro mediante la original fórmula pictórica de restarle tantas falanges como amplitud de zonas de oscurecimiento quería representar, transmitiendo las fases lunares de la siguiente manera:

  • 10. Dedo meñique cercenado para aludir a la fase de gibosa creciente
  • 11. Dos o tres dedos cercenados a partir del meñique para aludir a la fase de cuarto creciente
  • 12. Cuatro dedos cercenados a partir del meñique para aludir a la fase de luna nueva visible
  • 13. Cinco dedos cercenados para aludir a la fase de luna nueva
  • 14. Ningún dedo cercenado para aludir a la fase de luna llena
  • 15. Dedo gordo cercenado para aludir a la fase de luna gibosa menguante
  • 16. Dos o tres dedos cercenados a partir del gordo para aludir a la fase de cuarto menguante
  • 17. Cuatro dedos cercenados a partir del gordo para aludir a la fase de luna menguante
Arquetipos astronómicos para las manos rupestres con dedos cercenados

Hay que tener presente un hecho que nos suele pasar desapercibido a la hora de analizar las causas de la aparición de la religión entre el Homo, y es que este era nómada, por lo que no estaba ligado a la tierra como el sapiens sedentario del Neolítico.

A pesar de todo lo que creemos por sistema sobre la sacralidad de las cuevas en las que el Homo del Paleolítico moraba, esto no deja de ser un fake antropológico sobre el que ni siquiera nos paramos a meditar para razonar sobre su veracidad. Siendo nómadas las cuevas solo eran lugares de paso de los clanes del Homo, en su necesidad de estar constantemente en movimiento para buscar alimento, recolectando plantas y carroñeando animales primero, y mucho más tarde en su evolución cazando de manera organizada. La cueva que habitaban es posible que solo se cobijasen en ella una vez en la vida, durante unos días antes de reemprender su marcha infinita hacia ninguna parte.

Durante infinidad de tiempo a partir de que el Homo científico siendo nómada se sumergiera en la dualidad del mundo, entre el perceptible por sus sentidos naturales y el perceptible a través de su imaginación científica, y antes de que se hiciera sedentario, sus espíritus no estaban ligados a lugar terrenal alguno como no lo estaba en esos tiempos el Homo mismo. En esas cuevas en las que solo morarían unos días durante su vida reproducirán pictogramas como manos, animales, ellos y ellas mismas, o motivos geométricos como círculos u otros.

Vimos como en la escena en movimiento de las manos los tres círculos concéntricos ante el que posa el guanaco rojo mirándolo inmóvil era un eclipse lunar que representaba la Luna, la Tierra y el Sol conjuntados para producir el eclipse, pero los círculos también aludían a señales espacio-temporales, pues en esos tiempos las distancias se medían en ciclos de alternancia luz-oscuridad. Las escenas pictográficas grabadas en las cuevas representaban la memoria colectiva del clan, con señales temporales, espaciales que indicaban distancias, accidentes geográficos, y escenas vividas que contaban historias del clan o trasmitían su conocimiento sobre estos asuntos para dejar huella de su paso por la cueva.

No había significación mágica porque dichas cuevas solo eran lugares de paso y cobijo transitorio para el clan, no lugares sagrados donde poder peregrinar para realizar un culto. Estos clanes nómadas del Paleolítico estaban siempre en perpetuo movimiento, no volviendo a pasar nunca por el mismo lugar, y no teniendo por tanto apego a residencia ni espacio natural alguno.

El único apego a un lugar que tenía el Homo del Paleolítico era el que se posicionaba en el cielo a través de los astros y los fenómenos cosmológicos que le acompañaban durante toda su vida. Aprendió del cielo los rudimentos de la geometría rupestre, como el círculo en la redondez de los astros, o el cuadrado y el triángulo en la disposición de algunos de estos que parecían configurar estas formas geométricas sobre su cabeza, como la luz zodiacal o el Cuadrado de Pegaso.

Arquetipo del cuadrado en la geometría rupestre

El único apego a un lugar que tenía el Homo del Paleolítico era el que se posicionaba en el cielo a través de los astros y los fenómenos cosmológicos que le acompañaban durante toda su vida. Aprendió del cielo los rudimentos de la geometría, resultando impresionante comprobar como el Homo lo que hizo al escenificar su vida nómada mediante pictogramas en las cuevas, fue en parte proyectar la geometría cósmica que creía ver en el cielo profundo a través de la geometría rupestre con la que plasmaba círculos, triángulos o cuadrados para la posteridad.

Si los círculos concéntricos podían representar un eclipse o expresar la idea de distancia, y el triángulo la idea de principio y final de la luz del día o de cambio de equinoccio (véase el apartado tercero), ¿que idea podía representar el arquetipo representado por el Cuadrado de Pegaso que inspiró esta figura geométrica en los pictogramas rupestres?.

El Homo se ha potenciado en su capacidad imaginativa gracias a la ciencia que le permitía trabajar la piedra, y debido a ello es capaz de visualizar imágenes en el cielo que luego cosifica en forma de pictograma en las cuevas en las que pernocta ocasionalmente, o en las rocas al aire libre ante las que pasa en su deambular nómada. Esa capacidad que le permite ver cuadrados o triángulos en el cielo no es en realidad una cualidad de su sentido natural de la vista, aunque al Homo así se lo parezca, pues obviamente no existen cuadrados ni triángulos cosmológicos reales en el cielo, sino que es una cualidad producto de su imaginación científica ayudada por su sentido de la vista.

Paradojas de la vida, esta geometría primordial que acabaría sentando las bases de las matemáticas resulta ser el efecto de una imagen mental que solo existe en nuestro cerebro…

1.6.- Simblogía del cuadrado y el punto rupestre

Para el Homo del Paleolítico no hay división entre espacio y tiempo, de modo que el espacio se percibe en secuencias temporales y el tiempo se percibe en segmentos espaciales. El Homo nómada del Paleolítico no está ligado a una tierra sobre la que siempre está avanzando en busca de cobijo y alimento, solo está en ese tiempo ligado a aquello que durante su vida siempre es su referencia visible e inalterable, la imagen del cielo que lo cubre sobre su cabeza.

Solo hay en su mente direcciones espacio-temporales, y en el cielo sobre su cabeza concibe ese mundo en la imagen que le transmite la visión del Cuadrado de Pegaso, porque esta le habla de una geometría espacio-temporal de cuatro direcciones, los cuatro putos cardinales que conforman su mundo. La geometría del cuadrado pasa así a representar el mundo en movimiento, porque el Homo del Paleolítico se concibe así mismo como parte del tiempo al no estar sujeto a un lugar concreto de la tierra por su continuo nomadismo.

Los cuatro lados del cuadrado señalan al mundo de las cuatro direcciones, el este y el oeste, el norte y el sur. Un cuadrado aislado sin divisiones internas, un cuadrado con divisiones internas cuadriculadas, un cuadrado con cuatro divisiones triangulares que parten de un vórtice y de dirigen hacia los cuatro lados para formar con ellos sus bases aparentando una X, simbolizando respectivamente todo el horizonte que abarca su vista, la infinidad de horizontes con los que se encuentra a medida que avanza en su nomadismo, y los horizontes visibles en dirección a los cuatro puntos cardinales.

Dos o tres figuras geométricas cuadradas o rectangulares una junta a la otra transmite la idea de dos o tres etapas espacio-temporales diferenciadas. El horizonte del Homo es siempre cuádruple-direccional, y en este caso cada una de estas figuras geométricas representa una secuencia espacial y temporal diferenciada por algún motivo importante.

En la cueva La Pasiega de Cantabria se plasman pictogramas rupestres que transmiten la idea de espacio-temporalidad atribuida en parte a realizadores homo sapiens neanderthalensis como en parte a homo sapiens sapiens, estos últimos autores tardíos del animal fraccionado en dos mitades que aparece cada una de ellas dentro de una de las estructuras de la geometría cuadrado-rectángular del dibujo. Cada una de estas estructuras de la aparente escalera transmite la idea de una secuencia espacio-temporal diferenciada.

Secuencia espacio-temporal rupestre en la cueva de La Pasiega a la izquierda y dibujo de la misma por el prehistoriador Henri Breuil en 1913 a la derecha

Las partes trasera y delantera del animal fueron insertadas dentro de las estructuras geométricas por sapiens sapiens en una época posterior a la realización del dibujo original por sapiens neanderthalensis. La figura geométrica superior se topa con un obstáculo en forma de lineas curvas hechas de puntos que la circunvala por su parte oeste y norte, y luego se dirige hacia el norte, la central se señala con una figura que la limita por el este, y la inferior está abierta por debajo y se continua con un pictograma en forma de punta triangular con el vértice señalando al sur.

La geometría del punto alude a una abstracción de la idea de límite, final y muerte. El punto solo es una posición inescrutable en el final del cielo para el cerebro del Homo, su geometría alegoriza lo más simple e indivisible, pues nada hay más allá de esa geometría. Puede aludir a un obstáculo natural insalvable desde la perspectiva nómada del clan, señalar un lugar de muerte, o puntuar un animal del que se transmite la idea de que murió porque fue cazado. El punto implica así la idea más abstracta que surgida de la mente del Homo se plasmó como pictograma en sus representaciones rupestres.

En la secuencia rupestre de la cueva La Pasiega los sapiens sapiens que la ocuparon con posterioridad a los sapiens neanderthales introdujeron el elemento zoológico que se aprecia en la misma, un animal que siguieron en un lugar y durante un tiempo, y que por ello lo representaron con su lomo, luego se les perdió de vista en dirección al este durante un tiempo en la segunda geometría espacio-temporal, y en la tercera se lo reencontraron de cara regresando por el este hacia donde había desaparecido, disponiéndose a seguirlo en dirección al sur tras abandonar la cueva. El Homo transmitía historias de su vida, hablaba por lo tanto en los pictogramas del pasado, no de sucesos que no conocía porque no habían acontecido aún. Cuando se reencontraron con el animal estaban pues aún en la cueva, desde donde era visible el horizonte espacio-temporal representado por el cuadrante inferior de la secuencia rupestre.

El Homo del Paleolítico aprendía su ciencia de las estrellas antes de que le llegase el tiempo de sentirse ligado a la tierra cuando conoció las técnicas agrícolas que le permitirían sedentarizarse. Y con su ciencia que lo dirigía encaminándose hacia lo abstracto, comenzaría a derivar su realidad hacia la creencia en lo meta sensorial que lo induciría a considerar su existencia como el efecto de la voluntad de una potencia creadora. El conocimiento de lo meta sensorial se va transmitiendo en forma de una memoria ontológica que irá dominando y condicionando generación tras generación la psicología del Homo, hasta que la remembranza de esta memoria se transforme en un elemento socializador indispensable en el clan. La visualización de imágenes transfiguradas se va transmutando en pensamiento religioso en la medida en que esta interactúa con la intención cognitiva para transmitirlas y poder así socializar al grupo, pero a la vez le fortalece en la consciencia sobre una individualidad que diluye lo múltiple en lo indivisible.

En medio de tales procesos mentales su imaginación científica le hará concebir seres sin forma poblando todas las cosas de la naturaleza ya en tiempos del Neolítico.

1.7.- El camino del Homo geometricus

Nuestro género Homo miraba al cielo creyendo visualizar en este imágenes que en su cerebro se le grababan en forma de geometrías simples. Si pensamos en la representación gráfica de las constelaciones conocidas desde la Antigüedad, muy complejas, elaboradas y con enormes dosis de imaginación como para ver en ellas formas de caballos alados, osos, hombres cazadores, escorpiones o perros, entre otras, no nos será muy difícil razonar que el Homo del Paleolítico lo primero que veía al mirar al cielo eran triángulos, círculos, cuadrados, puntos y líneas. De tal manera que las representaciones zoológicas, humanas o instrumentales de las constelaciones en la época de la Antigüedad constituyeron una evolución psicológica que partió de aquellas primeras imágenes de geometría simple que en el Paleolítico dominaba la mente del Homo.

Fue nuestra especie Homo sapiens la que plasmaría las primeras representaciones pictóricas de esas figuras geométricas simples en cuevas, y fue nuestra subespecie Homo sapiens sapiens la que con el tiempo acabaría inventando la escritura propiamente dicha, como reminiscencia compleja y elaborada de aquellos pictogramas rupestres del Paleolítico, dando con ello inicio a lo que consensuadamente hemos dado en llamar época histórica.

¿Pero había alguna razón por la que el Homo del Paleolítico se fijase tanto en el cielo?. La había, y era meramente biológica, como consecuencia de su bipedismo que trajo consigo la hipercefalización y verticalización del cráneo. Su anatomía le inducía mecánicamente a mirar al cielo, es así de sencillo. Y cuando el Homo se irguió comenzó a su vez el proceso de liberación de sus manos, que ya no necesitaba para desplazarse sobre el terreno en coordinación con sus extremidades inferiores ni para desplazarse por los árboles saltando de rama en rama.

Con sus manos ahora libre comienza la primera revolución intelectual entre el Homo, la fabricación de instrumentos que le va a permitir enfrentarse son éxito a las enormes dificultades que la naturaleza le plantea para su supervivencia. Primero eran solo instrumentos para romper huesos o rasgar la carne de animales muertos, luego armas de caza, y más tarde utensilios para curtir las pieles de esos animales cazados con las que cubría su cuerpo para protegerse de las inclemencias climáticas. En el trabajo de la piedra el Homo comienza a vislumbrar una diferencia entre su especie y la de los otros animales que poblaban su mundo, es lo que le impulsa a desarrollar su primer atisbo de superioridad respecto al resto de animales al despertar a la consciencia sobre una fuerza invisible que lo diferenciaba del resto de bestias de la naturaleza, la inteligencia que le permitía fabricar instrumentos para superponerse a la naturalezaogra. La inteligencia es algo que no puede ser observado, por lo tanto el Homo se siente poseedor de algo que no es sensorial, aunque aún no logra desarrollar el mecanismo cognitivo que le permita aislar en su mente algo que no sea sensorial para diferenciarlo. Se siente diferente, integrado en la naturaleza, pero al fin y al cabo diferente.

La inteligencia es algo que aún no logra cosificar en su cerebro, pues aún no puede concebir una realidad fuera de la sensorial, pero la imaginación científica que se va a desarrollar como efecto de su trabajo sistemático de la piedra le va a proporcionar el mecanismo cognitivo que le permitirá bifurcar mentalmente su realidad existencial.

Primates superiores como el bonobo o el chimpancé utilizan piedras y trozos de ramas para ayudarse a conseguir alimento, pero no están aún en el salto evolutivo que en el Homo supuso pasar a trabajar la piedra de manera sistémica con la finalidad de otorgarle una forma precisa con la cual conseguir un objetivo predeterminado. Es lo que se llama ciencia artificial, diferente a la ciencia natural que pueda utilizar un bonobo o chimpancé al golpear con una piedra sostenida entre sus manos un alimento potencial del que necesita romper la coraza dura que lo protege para acceder a su parte blanda y comestible, o de un alimoche que suelta con fuerza la piedra que sostiene en su pico para romper con ella la cáscara del huevo que pretende comerse. El Homo no se limitaba a usar piedras en bruto como herramientas, como podían hacer otros animales, sino que las trabajaba de manera sistémica para darle la forma adecuada a la función para las que pretendía utilizarlas.

Chimpancé usando piedra en bruto como herramienta

La diferencia fundamental que hace que el chimpancé o el bonobo utilicen la piedra en bruto sin someterla a un trabajo de remodelación y adaptación para funciones herramentales precisas y el Homo que si remodelaba y adaptaba la piedra para conseguir con ella funciones herramentales precisas está en la anatomía de la columna vertebral de unos y otros, lo que a su vez influye en su desarrollo cerebral y en la funcionalidad de sus manos. Mientras que el chimpancé o el bonobo son cuadrúpedos semierguidos que usan sus manos para apoyándose en ellas desplazarse por la tierra o trepar a los árboles y agarrándose a sus ramas pasar de un árbol a otro, el Homo es ya un ser bípedo erguido que libera sus manos completamente. Por ello mientras el uno utiliza ciencia natural el otro utiliza ciencia artificial.

La adquisición del bipedismo pleno es condición indispensable para elaborar la ciencia artificial que es efecto de la inteligencia desarrollada a consecuencia de la hipercefalización y verticalización de su cráneo, así como el bipedismo le impulsa además al acto mecánico de mirar al cielo, donde encontrará las imágenes astronómicas que en su cerebro darán lugar a las visualizaciones geométricas que condicionarán su cosmovisión del mundo que le rodea.

La visualización de imágenes cósmicas en forma de geometría simple va ha ayudar al desarrollo en el Homo de una cualidad que pasará a formar parte de su memoria genética, la imaginación pura que hace que el Homo conciba durante los primeros años de su infancia a todas las cosas dotadas de vida e intenciones, como ya señalaba en el apartado primero. Con la revolución intelectual que supone el trabajo sistémico de la piedra llega la imaginación científica que le hace percibir objetos en bruto ya transformados en artilugios herramentales destinados a una finalidad práctica concreta. Es el proceso que seguirían bonobos y chimpancés, las únicas dos especies animales que según el conocimiento actual estarían en condiciones de seguir el proceso que dio origen a la aparición de la religiosidad en el Homo.

Cuando el Homo se yergue libera sus manos capacitándolas para trabajar la piedra, y es a través de esta liberación que llega a adquirir consciencia sobre su inteligente singularidad en el mundo del que es parte indisoluble. Los artistas rupestres representaban a sus semejantes con el tronco anatómico recto y de frente..como una linea recta. La linea recta pasa así en el cerebro del Homo a configurar su idea sobre la inteligencia y su propia singularidad, es el principio del que nace su capacidad para trabajar la piedra con su manos; inteligencia, singularidad, principio.

Entender nuestro género antropológico como un Homo geometricus es el punto de partida para escrutar en las premisas mentales que lo conducirían a bifurcar su cosmovisión en una realidad sensorial y en otra meta sensorial. El Homo geometricus ya miraba al cielo antes de conocer la ciencia artificial, y antes de concebir espíritus en su mente ya concebía figuras de una geometría básica; fue por tanto geométrico antes que científico, y científico antes que religioso.

Hay un camino que comienza en la geometría más básica para llevarlo a la plena humanidad…

SEGUNDA PARTE

Deconstruyendo alegorías del Apocalipsis y el Corán 

En los cuatro apartados siguientes aplicaré el método de extrapolar arquetipos biológicos y astronómicos para desencriptar la alegoría del 666 y las 7 cabezas en el Apocalipsis, así como los 300 años más 9 y los 1000 años menos 50 de Noé en el Corán. Se trata de demostrar como todas las alegorías de los libros religiosos están construidas sobre premisas mentales que se asentaron en el Paleolítico a través de la imaginación científica que llegó a dominar la mente del Homo y que le impulsó a sumergirse en la idea de concebir un mundo más allá del perceptible por sus sentidos naturales. Para ello tomaré como elementos de análisis las cuatro alegorías bíblicas y coránicas aquí mencionadas.

2.1.- Por qué a Cristo se le describe con siete cabezas en Apocalipsis 13:1

Según la tradición evangélica recogida en Mateo 2:1, Jesús nación en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes el Grande (73 a.C. – 4 a.C.). Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando por el nacimiento de un niño que sería rey de los judíos, lo que llegó a oídas del rey, que lo primero que hizo fue llamar a sus sumos sacerdotes a los cuales inquirió sobre que tenía de verdadero esa noticia. Entonces estos le relataron una antigua profecía mesiánica sobre un niño que habría de nacer en aquella misma localidad destinado a ser Pastor del pueblo de Israel, relatado en  Mateo 2:6. A continuación hizo venir a su presencia a los mismos magos, a los que conminó a visitar al niño e informarle luego de su visita. Estos hicieron lo primero, pero advertidos en sueños de que no regresasen al palacio de Herodes se regresaron a sus tierras sin pasar por el palacio del rey. Herodes se enfureció y mandó matar entonces a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y sus alrededores. Advertido también José en sueños de la intención de Herodes, tomó a su esposa María y su hijo Jesús y juntos migraron a Egipto, de donde regresaron a la muerte de Herodes para instalarse en Nazaret de Galilea siendo aún Jesús un niño.

Hasta aquí la versión evangélica sobre el motivo de la huida de María y su hijo Jesús al país del Nilo. Pero el filósofo griego Celso escribió que fue María y su hijo Jesús quienes migraron a Egipto después de ser repudiada por su marido de profesión carpintero, a causa de una relación adúltera que esta había tenido con un soldado romano llamado Pantera.

Del filósofo griego se sabe que vivió en el siglo II, pero hay algunas referencias de terceros que acotan el período de su existencia vital. El Padre de la Iglesia Orígenes Adamantius escribió que fue contemporáneo del emperador Adriano (117 – 138), y el escritor sirio de lengua griega Luciano de Samosata (125 – 181) escribió una obra denominada “Alejandro o el falso profeta” en la que a modo de carta se dirigía personalmente a Celso, su amigo:

 1 Tal vez tú, querido Celso, creas que es un encargo de poca monta el escribir y enviarte, en un libro, la vida de Alejandro, el impostor de Abonoteico…17 Entonces, querido Celso, si hay que ser sinceros…20 El primero es el siguiente, querido Celso. (Citas de “Alejandro o el falso profeta”, Luciano de Samosata)

 Se puede aseverar entonces que el filósofo griego Celso vivió en un período que abarcó todos o algunos de los años comprendidos entre el 117 y el 181, siendo por tanto prácticamente contemporáneo del tiempo en que fueron redactados los más antiguos evangelios canónicos. Esto es importante a la hora de concebir credibilidad histórica a la versión que Celso da sobre la paternidad de Jesús en su obra Alethes Logos (Palabra verdadera), pues su obra debió ser redactada más o menos en el mismo tiempo en que lo fueron los evangelios canónicos, y lo que en ella cuenta sobre la paternidad de Jesús y sobre su estancia en Egipto y su aprendizaje sobre las artes mágicas del país del Nilo se hizo afectada por la misma separación temporal con respecto al protagonista de su relato que la que separaba a este de la redacción de los evangelios canónicos.

La obra de Celso “Alethes Logos” se conoce por una fuente indirecta, Orígenes, que intentó un rebatimiento de la misma en su obra “Contra Celso”. En ella Orígenes escribió citando a Celso en relación a la historia sobre la paternidad de Jesús que la gestación de este se debió a una relación adúltera de su madre María con un soldado romano de nombre Panthera. Su marido de profesión carpintero la expulsó de su hogar, y a consecuencia de ello hubo de migrar con su hijo Jesús a Egipto, donde el niño crecería como hijo ilegitimo aprendiendo artes mágicas que al regresar al cabo de un tiempo a su tierra serían presentadas por Jesús como dones divinos, proclamándose entonces un dios, según el relato de Celso.

En el país del Nilo los maestros de las artes mágicas seguían a la diosa-escorpión Serket, una antigua manifestación de la diosa Isis, a la cual se la representaba con un escorpión sobre su cabeza. Al escorpión se le relacionaba en la religiosidad egipcia con la curación y la magia, de ahí que los magos egipcios seguidores de la diosa-escorpión se caracterizasen por la peculiar simbología de llevar en su cabeza una cola de caballo o trenza que simbolizaba al escorpión que la diosa Serket portaba sobre la suya, y en concreto aludía aquella trenza de los magos a la cola de este artrópodo. La cola del escorpión era por tanto el símbolo de los maestros egipcios en las artes mágicas y sanatorias. Pero estos sacerdotes de la diosa Serket eran especialistas sobre todo en combatir el envenenamiento producido por escorpiones o serpientes, y este poder era uno de los mayores dones que en Egipto se les atribuía a los siervos de Serket.

La diosa-escorpión Serket con el escorpión en su cabeza

El poder de los sacerdotes de la diosa-escorpión Serket sobre escorpiones y serpientes personalizado en la figura de Jesús se puede entrever en Lucas 10:19 cuando en el versículo se le atribuye la facultad de conceder a sus discípulos poder para hollar serpientes y escorpiones. Si Jesús adquirió en Egipto la condición de sacerdote de la diosa-escorpión Serket, podría haber portado una sola trenza en su cabeza cuando regresó a su tierra.

El hagiógrafo del Apocalipsis se refiere a este sacerdote maestro en las artes mágicas en 13:1 saliendo del mar, o sea, viniendo de Egipto por vía marítima, y diciendo de él que tenía siete cabezas. Hubiera tenido dos si solo portase una trenza como símbolo de la cola del escorpión al modo de esos sacerdotes en el país del Nilo, pero este hombre portaba seis trenzas en lugar de una, hasta completar con ello el conjunto de las siete cabezas descritas en el versículo mencionado. ¿Qué sentido podía tener esta extraña peculiaridad?.

De las leyendas mitológicas egipcias se infiere que en número de siete los escorpiones poseían un poder protector. En la Estela de Metternich, descubierta en Alejandría en 1828, y hoy en día en el Museo Metropolitano de Nueva York, se narra una leyenda denominada “Isis y los siete escorpiones”, en la cual aparecen siete escorpiones llamados Tefen, Befen, Mestet, Mestetef, Petet, Tetet y Mateten en torno a la diosa Isis, y se cuenta como estos artrópodos la protegían a ella y a su hijo Horus el Joven del intento de asesinato por parte de Seth, que pretendía matar al pequeño para que nunca pudiera llegar a reclamar sus derechos sobre la realeza de Egipto como hijo del dios Osiris, a quien Seth ya había asesinado para adueñarse de su trono.

La alegoría de la bestia con siete cabezas revelada veladamente en Apocalipsis 13:1 alude entonces al Jesús sacerdote de Serket, que portando seis trenzas saliendo de su cabeza conforman junto con esta misma el número siete, como símbolo de los poderes mágicos y protectores de aquellos siete escorpiones  de los cuales Tefen es el principal, simbolizado por la propia cabeza de Jesús:

pero Mestet y Mestetef, Petet, Tetet y Matet y Befen se pusieron de acuerdo y unieron todo su veneno bajo el aguijón de Tefen de modo que su picadura se convirtió en siete veces poderosa (Isis y los siete escorpiones)

El versículo completo de Apocalipsis 13:1 describiendo las primeras las siete cabezas del sacerdote que llega por mar de Egipto reza como sigue:

Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. (Apocalipsis 13:1)

Y su interpretación reza como sigue:

Vi como salía del río un hombre de larga cabellera, recogida en seis trenzas sujetas cada una de ellas por abalorios blasfemos que le caían sobre los hombros…Sus manos eran grandes y huesudas..y cada uno de sus dedos lo adornaba con un aro de cobre de poco más de un centímetro y medio de anchura… (interpretación libre de Apocalipsis 13:1)

El río aquí es el gran río Nilo, y alude simbólicamente a su lugar de procedencia.

Para ver las interpretaciones completas del libro del Apocalipsis comprendidas entre los versículos 13:1 y 14:5 ver Cristo en las alegorías del Apocalipsis

Apocalipsis 13 señala a la cruz como la imagen hecha en honor a la Bestia en los siguientes párrafos extraídos del mencionado artículo. En ellos se desvela que las alusiones del hagiógrafo de este libro bíblico a la Bestia Primera que tenía una herida de espada y a pesar de ello revivió, y a la cual se le levantó una imagen para que todos la adorasen, se refieren todas ellas al personaje que en la tradición cristiana se conoce como Jesucristo.

Mediante la alegoría de la Bestia Primera que revivió a pesar de la herida de espada el hagiógrafo del Apocalipsis alude de forma velada a la crucifixión y posterior resurrección de Cristo según el mensaje sostenido por San Pablo..la Bestia Segunda para este mismo hagiógrafo..¿Estamos ante el engaño perfecto?..

2.2.- Cuando la Bestia se desvela en la alegoría del 666

El Padre de la Iglesia Orígenes Adamantius (185 aprox. – 254 aprox.) escribió una obra llamada Contra Celso hacia el 248 donde se recopilaban unas referencias a una obra del filósofo griego Celso llamada Alethes Logos (Palabra verdadera) escrita hacia el 177, en la cual supuestamente refutaba un ataque a los fundamentos del cristianismo presente en esta obra de Celso al cuestionar la paternidad divina de Jesús el hijo de María.

Según Orígenes, Celso otorgaba la paternidad de Jesús a una relación adúltera de María con el soldado romano llamado Pantera, razón por la que su marido el carpintero la rechazó y la echó de casa. Todo ello lo cita Orígenes en capítulos como el 28, 32, 33 o 69 del Libro I de su obra Contra Celso.

Esta obra del filósofo griego Celso está considerada por algunos autores como el primer ataque global contra el cristianismo, así lo definen no ya por negar este autor la paternidad divina de Jesús, práctica que era algo ya muy común y extendido desde los primeros tiempos del cristianismo, sino por haber dado una explicación absolutamente lógica y racional a la filiación paterna de Jesús el hijo de María y a la razón por la que esta ocultó la auténtica paternidad de su hijo. ¿Cómo iba incluso su marido el carpintero a admitir como hijo de su sangre a quien sabía hijo de un soldado pagano romano?, según la lógica inferida del relato sobre la paternidad de Jesús que según Orígenes le atribuía el filósofo griego.

Busto del filósofo griego Celso

Un sacerdote católico estadounidense llamado Raymond E. Brown (1928-1998) experto en exégesis bíblica a la cual se presume que aplicaba el método histórico-crítico llegó a decir que la historia atribuida por Orígenes a Celso respecto a que este señalaba a un soldado romano de nombre Pantera como el padre de Jesús hijo de María suponía una “explicación fantasiosa” sobre el nacimiento de Jesús..

Para este experto en exégesis bíblica, la explicación racional y por lo tanto no fantasiosa basada en el método histórico-crítico sobre el nacimiento de Jesús estriba en conceder credibilidad a su nacimiento virginal del seno de su madre María, que se embarazó por la acción sobrenatural del Espíritu Santo.

Ya los padres de la Iglesia partían de la premisa mental de que otorgar la paternidad de Jesús a un hombre con filiación determinada, como este que Orígenes atribuye a Celso y que era soldado, romano y se llamaba Pantera, era propio de “anticristianos”..

A Celso le atribuye Orígenes haber escrito que Jesús había nacido en un cierto pueblo judío de una pobre mujer costurera, la cual había sido expulsada de su hogar por su marido de profesión carpintero al haberse esta quedado embarazada de un soldado romano llamado Pantera. Estuvo vagando durante un tiempo María, y al cabo dio a luz vergonzosamente a Jesús, un niño ilegítimo. Emigró con su hijo a Egipto, donde este creció empleándose como siervo a causa de su pobreza, y donde adquirió algunos milagrosos poderes parece ser que por conocimientos que obtuvo en brujería.  Regresó al tiempo Jesús a su país de nacimiento exaltado a causa de esos poderes, y entonces se proclamó un Dios.

Celso le reconoce a Jesús estar en posesión de ciertos poderes a los que en la época se la atribuía la condición de sobrenaturales, pero lo más llamativo de su relato es que da una filiación de Jesús perfectamente viable.

Hay alguna teoría como la de un profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de Carolina del Norte, conocida como hipótesis de James Tabor, que habla de que una tumba romana del siglo I encontrada en Alemania en 1859 en la que hay una lápida de un soldado romano en cuyo nombre figura el de Pantera, pudo haber sido la de un hombre que con anterioridad habría prestado servicio con el ejército Imperial en Judea en tiempos en que la tradición sitúa el nacimiento de Jesús, y que por tanto  habría sido el soldado romano del que hablaba Celso en su obra Palabra Verdadera atribuyéndole la paternidad de este. Pero aparte de la coincidencia en el nombre no hay prueba alguna que avale esta teoría del profesor estadounidense.

Para la contextualización psicológica que determinó al hagiógrafo del Apocalipsis a escribir este libro véase lo que en la introducción se dice al respecto.

13 La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros. (2 Corintios 13, 13)

Versículos del 14 al 18 de Apocalipsis 13

13:14

El hagiógrafo sigue relatando como la segunda Bestia, San Pablo, seduce a cuantos la escuchan rememorando el listado de los milagros de los que se vanagloriaba haber realizado en nombre de la primera Bestia, Cristo, y aprovechando esa seducción conmina a las gentes a que hagan una imagen en honor a la primera Bestia, de la que recalca que a pesar de haber tenido una herida de espada había revivido. Este énfasis del hagiógrafo resaltando esa característica de la primera Bestia oculta una alusión velada a la crucifixión y la resurrección:

La cruz como la imagen hecha en honor a la Bestia según el hagiógrafo del Apocalipsis

y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. (Apocalipsis 13:14)

Unamos ahora este versículo 14 al versículo 10:

«El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir». Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos. (Apocalipsis 13:10)

Tomado el versículo 10 por separado nos habla del castigo y el destino de los que desobedecen la ley de dios..pero comprendiéndolo dentro de un contexto plagado de velos y mensajes ocultos destinados a distorsionar la significación literal de los conceptos utilizados por el hagiógrafo, la alusión a la cárcel y la espada lo que hacen es velar el relato evangélico del proceso judicial en el que Cristo de vio inmerso..y en el que intervino también el personaje conocido como Bar Abbá.

Si el destino de Jesucristo hubiera sido ir a la cárcel a la cárcel hubiera ido..pero su destino era morir en la cruz, por ello lo de que “el que ha de morir a espada, a espada ha de morir”. La herida mortal de espada que tenía la Bestia y pese a lo cual revivió..oculta una referencia a la crucifixión de Jesucristo y su posterior resurrección. La imagen que la segunda Bestia pedía que se hiciese en honor a la primera Bestia era pues la cruz en la que fue Jesucristo clavado:

y los inducía al error vanagloriándose de los milagros del cielo que en nombre de la Bestia había realizado, conminando a sus seguidores a hacerle a esta una imagen como recordatorio de como habiendo sido la Bestia crucificada, aun así había revivido. (interpretación libre de Apocalipsis 13:14)

13:15

San Pablo fue el inventor de la imagen del Cristo muerto en la cruz y posteriormente resucitado. Hizo creer que el seguir la cruz del Hijo de Dios hacía entrar en comunión con dios por medio de la redención que esta traía consigo, y que quien no la siguiese habría de ser condenado a una extinción que no le permitiría alcanzar la presencia de dios:

Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. (Apocalipsis 13:15)

Se otorgaba la segunda Bestia la capacidad de otorgar a la primera Bestia un aliento de vida, de tal modo que mediante este se pudiese establecer comunión con dios, y amenazaba a la vez con el infierno a quien no adorase a la primera Bestia. (interpretación libre de Apocalipsis 13:15)

Los tres últimos versículos pienso que no necesitan de mayor aclaración:

13:16

Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, (Apocalipsis 13:16)

y les hizo creer a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, que la Bestia era realmente el hijo de dios, y que por ello se sentaba su diestra en el mundo de la preexistencia, y que dios tenía rostro de persona. (interpretación libre de Apocalipsis 13:16)

13:17

y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre. (Apocalipsis 13:17)

y los convenció de que nadie podría redimirse para ganarse el cielo ni evitar el infierno más que aquel que fuese creyente en la cruz que lleva el Hijo de Dios como parte del nombre que abarca al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.. (interpretación libre de Apocalipsis 13:17)

¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666. (Apocalipsis 13:18)

Aquí está la sabiduría, que el que sea inteligente desvele el número que oculta la identidad del nombre de la Bestia, pues es número de un hombre, y por ello tiene seis órganos distintivos en cada uno de los tres rostros con los que se nombra, ojos, orejas, nariz y boca. Una sola persona con los tres rostros del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.. (interpretación libre de Apocalipsis 13:18) 

2.3.- Los 19 años de Noé en los 1000 años menos 50 de Corán 29:14

¿Por que precisamente esa cifra antinatural de mil años y porqué esa sustracción de cincuenta?.

La ciencia tuvo así desde sus comienzos durante la evolución humana una ligazón invisible con los sentimientos profundos inspirados por las percepciones de las realidades meta sensoriales, alianza que se comenzó a transmitir mediante la potencialidad del lenguaje articulado, primero en las tradiciones orales y más tarde a través de las tradiciones escritas, resultando de ello el origen de la religión propiamente dicha.

Esta es la causa por la que todas las religiones cosificadas oral o escrituralmente tienen un sustrato científico en sus mensajes espirituales, como elemento que consciente o inconscientemente rememora la sustancia prístina sobre las que estas se gestaron. Sin ciencia no habría pues religión, y una de las bases de la transmisión cosificada de la cosmovisión sobre lo meta sensorial es la creación de arquetipos religiosos como técnica para hacer llegar la palabra divina a la parte inconsciente donde se generaron aquellas imágenes meta sensoriales..inconsciente en el sentido de que no depende de los sentidos físicos sino mentales como la imaginación y la inteligencia.

Los arquetipos fundamentan a su vez las metahistorias que transmiten enseñanzas éticas y morales, o conocimientos científicos sustentados en las realidades biológicas, astronómicas o geológicas. El tiempo es también metahistórico y no cosificado históricamente en los mensajes espirituales, razón por la que en estos se habla de períodos temporales inaplicables a los ciclos vitales del ser humano, tal como ocurre por ejemplo en la Revelación coránica.

Veamos así un ejemplo en la metahistoria coránica de Noé contenida en la sura La araña, donde el Corán emplea la expresión permaneció con él durante mil años menos cincuenta”:

Enviamos Noé a su pueblo y permaneció con él durante mil años menos cincuenta. Luego, el diluvio les sorprendió en su impiedad. (Corán 29:14)

La forma numérica es metahistórica, pero tiene una correlación en otras tres suras coránicas  donde también se alude metahistóricamente a un lapso temporal que obviamente no se corresponde con la realidad del ciclo vital humano, pero que al visualizarlas en su conjunto nos desvela una cifra que arquetípicamente se corresponde con una realidad astronómica muy conocida desde hace milenios:

Te piden que adelantes la hora del castigo, pero Alá no faltará a Su promesa. Un día junto a tu Señor vale por mil años de los vuestros. (Corán 22:47)

Obsérvese que ya en esta aleya de la sura “La peregrinación” en la que se habla de que un día junto a tu Señor vale por mil años de los vuestros” se relaciona esta cifra con la hora del castigo”

Él dispone en el cielo todo lo de la tierra. Luego, todo ascenderá a Él en un día equivalente en duración a mil años de los vuestros. (Corán 32:5)

De nuevo la atención recae sobre el hecho de que en esta aleya de la sura “La postración” se habla de un día equivalente en duración a mil años de los vuestros” en relación a que todo ascenderá”…

Los ángeles y el Espíritu ascienden a Él en un día que equivale a cincuenta mil años. (Corán 70:4)

Y en esta ocasión en la que en la sura “Las vías de ascenso” se habla de “un día que equivale a cincuenta mil años” lo hace en relación a que “los ángeles y el espíritu ascienden a Él”…

El día se asocia al tiempo divino, pero son los mil o cincuenta mil años los que lo hacen al tiempo humano en sentido metahistórico. De la superposición de estas tres aleyas se deduce que mil o cincuenta mil años aluden a la misma realidad meta sensorial que tiene que ver con la capacidad imaginativa del ser humano, no con su capacidad sensorial relativa al mundo físico, por lo que cada uno de los mil años equivalen a cincuenta de los cincuenta mil años:

Mil años = cincuenta mil años, por lo que 1 año = 50 años en el lapso temporal metahistórico.

En la aleya la araña sobre Noé cuando se lude a los mil años, “mil años menos cincuenta” (Corán 29:14), cada cincuenta de estos constituyen una fracción temporal dentro de esos mil años que equivale a un año..

Tenemos así 20 fracciones de cincuenta años metahistóricos equivalentes cada una a un año, por lo que al restar la fracción de cincuenta años mencionada en la aleya nos quedan 19 fracciones, o lo que es lo mismo, diecinueve años…

El Corán sustrae una fracción de cincuenta años a los mil porque habla en un lenguaje metahistórico, aludiendo así a un arquetipo oculto en la aleya, y por ello no dice directamente 950 años cuando habla del tiempo de Noé, pues no es obviamente su edad lo que se transmite, sino el conocimiento de un ciclo astronómico de 19 años conocido como ciclo metónico, tiempo en que el sistema Tierra/Luna da 19 vueltas al Sol, y al cabo del cual las fases de la Luna comienzan exactamente en la misma fecha luego de ese ciclo de 19 años.

Ciclo de fases lunares en el tiempo de Noé en el Corán

El ciclo metónico es conocido por quien le dio el nombre, el matemático y astrónomo ateniense Metón (siglo V a.C.), aunque este conocimiento científico astronómico ya lo conocían con anterioridad en Mesopotamia e incluso en culturas prehistóricas.

Pero en el Corán el tiempo atribuido a Noé en los mil años menos cincuenta no alude a un tiempo histórico de 19 años, sino que el arquetipo oculto en el ciclo astronómico de los 19 años que implica comienzo y cierre de un ciclo, al comenzar y terminar las fases de la Luna exactamente en la misma fecha tras 19 años, es una alegoría de algo claramente manifestado en las cuatro aleyas aquí mencionadas…

2.4.- Desvelando los 300 años más 9 de los durmientes en Corán 18:25

Para una mejor comprensión de la contextualización de la exegésis de la historia de los durmientos, véase la introducción donde se explica que todo lo concibo desde la premisa de la unidad de conceptos, y no desde la dispersión de los mismos.

El descenso desde la preexistencia o ájira a la existencia, mundo de los sentido o dunia, viene alegorizado en el Corán en la sura La Caverna (sura 18) en las aleyas en las cuales se relata la metahistoria de los durmientes de la caverna. Esta nos habla así del pacto preexistente establecido por Allah con Adam mediante el que este desciende al dunia una vez dotado de la capacidad de nombrar todas las cosas, alegoría que en la Revelación coránica alude al estado mental que implica el estar capacitado para percibir la dispersión de todas las cosas que preside la realidad de la existencia o dunia, toda ella contraria al estado de tawhid que preside la preexistencia o ájira…

Los durmientes en la caverna de Corán 18,25

Los durmientes constituyen las capacidades de Adam para nombrar todas las cosas; la imaginación, la inteligencia y los sentidos naturales. Mientras que Al-Rakim conforma la intención primigenia, que en la metahistoria de los durmientes aparece nombrada como un ente separado de los durmientes al ser esta una capacidad que continúa morando en la preexistencia dependiendo exclusivamente de la voluntad de Allah…a diferencia de los durmientes que moran en la existencia. De ahí la razón de que la Revelación coránica nombre por un lado a los durmientes y por otro a Al-Rakim. El conjunto de todo ello constituye el ahsan taqwim del que se habla en Corán 95:4…

El tránsito desde la preexistencia a la existencia, del ájira al dunia, se realiza a través del útero materno, que es el puente que conecta ambos mundos. La frase contenida en la Revelación coránica que habla de que los durmientes permanecieron trescientos años más nueve en la caverna junto con Al-Rakim sería así una alegoría biológica del tiempo que abarcaría el período de fecundación más el de embarazo; nueve años por nueve días, y trescientos años por trescientos días, es decir, el período que transcurre desde que se forma el cigoto hasta que se implanta en el útero más el período de embarazo propiamente dicho.https://joseangelh.wordpress.com/2016/02/23/trilogia-sobre-la-sura-18-del-coran/

El período máximo de embarazo es legalmente de 300 días, y el de fecundación de 9. En la Antigua Roma ya se tenían conocimientos de obstetricia en los que se hablaba de un período de gestación corta de 180 días y otro largo de 300 días, lo que implicaba establecer límites médicos para delimitar el tiempo mínimo y máximo durante el cual era posible que una mujer diera a luz un bebé vivo. El Corán establece también estos mismos límites; el mínimo de 180 días en una alusión directa deducida de la unión de tres aleyas:

Las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos si desea que la lactancia sea completa (Corán 2,233)

su madre le llevó sufriendo pena tras pena y le destetó a los dos años (Corán 31,14)

El embarazo y la lactancia duran treinta meses (Corán 46,15).

Si la lactancia dura dos años, y la suma de esta más el tiempo de embarazo 30 meses, significa que a partir de los 180 días de embarazo ya es posible el nacimiento de un bebé con perspectivas de vida, y por lo tanto de ser amamantado. Si en una parte del Corán se alude a ese tiempo mínimo de embarazo que ha de preceder al parto, en otra se alude al tiempo máximo que puede preceder al parto, que son los 300 días alegorizados en la metahistoria de La Caverna: “Permanecieron en su caverna trescientos años, a los que se añaden nueve” (Corán 18,25).

Los egipcios calculaban con bastante exactitud el tiempo del embarazo; tenían una prueba de embarazo, entre otras que también solían utilizar, que consistía en coger dos sacos en los que en uno metían cebada y en otro trigo, ponían en ambos dátiles y arena, y luego la mujer orinaba en ellos diariamente para comprobar si en los sacos se producía germinación, lo que sería prueba de que habría embarazo:

Tú debes poner en dos sacos de tela granos de trigo y de cebaday paralelamente dátiles y arena en los dos sacos que la mujer ha de orinar diariamente encima. Si ambos crecen tendrá descendencia. (Papiro médico de Berlín 199, verso 2, 2-5, y Papiro Carlsberg, III, I, 6 – X + 3)

Es interesante al respecto el experimento efectuado en 1963 en la Universidad cairota de Ain Shams, donde se demostró que mientras que la orina de mujeres embarazadas no estimulaba el crecimiento del trigo y de la cebada, la orina de mujeres embarazadas si que lo estimulaban en un elevado porcentaje de las pruebas realizadas (Ghalioungui, Khalil, Ammar, 1963, 241-246).

En lo que se refiere a la correlación astronómica entre los 300 años solares con 309 años lunares que las exégesis tradicionales islámicas atribuyen al significado de la aleya coránica,Permanecieron en su caverna trescientos años, a los que se añaden nueve(Corán 18,25), es un conocimiento científico del que ya disponían los antiguos egipcios en un tiempo muy anterior a la Revelación coránica. Los sacerdotes establecieron un ciclo de 25 años solares (300 meses solares) durante los cuales ocurrían 309 lunaciones, para así calcular con precisión astronómica las fases de crecidas del Nilo. (Papiro Carlsberg 9 o Papiro Rylands 666).

Las cosmovisiones religiosas suelen asimilar los días a los años o los años a los días dado que el tiempo es siempre metahistórico para ellas, de ahí que por ejemplo el Corán hable de 300 años más nueve en lugar de las 309 lunaciones en las que se habla en este papiro egipcio. En la alegoría coránica permanecemos en el útero los 300 más los 9 años en estado de pérdida de consciencia. Ese tiempo coránico Platón lo plasma en 9000 años; 300 meses, 9000 días…9000 años, todo en una maravillosa alegoría del olvidado amor entre dioses, sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta…

La intimidad con el no enamorado, que se mezcla con una moderación mortal, que dispensa mortalidades y mezquindades, y que produce en el alma amiga un servilismo aplaudido por las masas como virtud, le garantizará a ella nueve mil años sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta (Diálogos de Platón – Fedro 256 e4 – 257 a2)

El tiempo de los 9000 años de Platón es metahistoria, y nos lleva a la misma cifra que la del Corán, 300 años, 300 meses, 9000 días, 9000 años..todo lo mismo en la comprensión metahistórica. 

Hay un rito extraordinario, por su extrapolación científica, relacionado con el renacimiento de Osiris como alegoría de la gestación de la vida en el seno materno, la Festividad Khoiak. Consistía en rellenar una efigie ahuecada de Osiris con cebada y arena y luego regarla durante nueve días. Al noveno día se la exponía al sol antes del crepúsculo, y al día siguiente comenzaba la germinación, toda una alegoría de los ciclos agrícolas del Nilo, la inundación, la siembra y la cosecha, y a su vez del embarazo, los trescientos años en la alegoría, y del período previo de fecundación desde que se forma el cigoto hasta que este se implanta en el útero para comenzar el embarazo propiamente dicho, los nueve años en la alegoría coránica…

¿Como podían saber los antiguos egipcios que antes de comienzos del embarazo había un período de fecundación de nueve días?.

Las pruebas de embarazo como la mencionada en el Papiro médico de Berlín 199, y el Papiro Carlsberg, III, fueron el resultado de cientos de años de observación y experimentación. A mujeres que tenían relaciones sexuales se les comenzaba a hacer la prueba de orina con las bolsas de cebada y trigo; si la germinación que era prueba de que había comenzado el embarazo se producía al séptimo, octavo o noveno día, era síntoma de que anteriormente al comienzo del embarazo había obviamente un tiempo de fecundación que se había iniciado el día en que había tenido la última relación sexual…El renacimiento de Osiris iba así precedido pues de ese período de fecundación alegorizado en los nueve días de riego de su momia durante la Festividad Khoiak.

La aleya coránica de la sura La Caverna relativa a los trecientos años a los que se le añaden otros nueve nos remite así de manera alegórica al descenso del ser humano desde la preexistencia o ájira a la existencia o dunia a través del canal entre ambos mundos que se simboliza en el útero materno.

Conclusión

La religiosidad homínida que hemos heredado los sapiens se asienta sobre la premisa biológica del bipedismo que implica hipercefalización y la verticalidad craneana que impulsaba al Homo al acto mecánico de mirar a los cielos como consecuencia de esa naturaleza anatómica.

Antes de que el Homo fuese capaz de trabajar la piedra, ya su cerebro era capaz de imaginar las formas más básicas de la geometría contemplando las distancias y distribución de las estrellas en los cielos, a través del mecanismo mental de cosificar distancia y distribución hasta darle forma unitaria en la imagen del triángulo o del cuadrado, imagen aislada en la forma del círculo, imagen de movimiento en la forma del círculo, o su propia imagen como especie diferenciada en la forma de la linea que representaba su tronco anatómico.

La evolución cerebral le llevaría a ver en los cielos imágenes cada vez más y más elaboradas, mucho más allá de la geometría básica, como las complicadísimas imágenes zoológicas, antropomórficas o de utensilios que acabarían visualizando en las constelaciones asequibles al ojo humano a simple vista.

El bipedismo libera sus manos de la locomoción y de la necesidad de usarlas para trepar a los árboles, lo que las capacita para parta darles funcionalidad científica. Cuando comienza a trabajar la piedra su universo imaginario se enriquece con su imaginación científica, que va a confluir con aquella imaginación cósmica y con la imaginación pura con la que nace y pierde al cabo de unos años durante la infancia.  El choque de las tres imaginaciones otorga vida e intención propia a las imágenes que acaban tomando vida meta sensorial en forma de espíritus.

La religiosidad homínida es en esencia el resultado de ocultar las imágenes mentales tras la figura del símbolo de naturaleza meta sensorial, privándolo así de su originaria funcionalidad sensorial. Los símbolos comienzan siendo una construcción de la mente racional para transmitir memoria colectiva, y se van transformando en los átomos de la religiosidad a medida que se les va dotando de un carácter cada vez más y más oculto, para que su significado sea solo comprendido por una élite dominante que va a ser la responsable de la capacidad para socializar al clan y por lo tanto de dominarlo.

Sin ocultamiento de símbolos no hay religiosidad posible, y hoy en día el homo sapiens sapiens está dominado por aquella misma mente simbólica ocultista en la que acabó cayendo el Homo del Paleolítico que antes solo utilizaba los símbolos como mecanismo de transmisión de conocimiento para socializar al clan, hasta que esos símbolos acabaron haciéndose cada vez más ocultistas en la medida que las élites comenzaban a percibilos como elementos de dominio sobre ese mismo clan al que intentaban fortalecer a través de la socialización.

Los símbolos constatan un carácter universal porque tienen su origen en visiones cósmicas visibles en toda la Tierra por la entonces  escasísima población representativa del Homo cuyos individuos eran impelidos por su naturaleza anatómica a mirar al cielo. Eso a limitado la mente humana a fijarse en arquetipos comunes que luego eran transmitidos de diferentes maneras de generación en generación. La mente humana sigue siendo en la actualidad tan limitada como la del Homo del Paleolítico a la hora de crear símbolos ocultos, en este aspecto seguimos siendo tan paleolíticos como el Homo de aquellos tiempos.

Este hecho psicológico tiene un reflejo en la capacidad histórica para elaborar cuentos populares o metahistorias religiosas, todas ellas limitadas a unas funciones muy concretas que según el antropólogo ruso Vladímir Propp no pasan de 31. Todas estas historias contienen elementos que están incluidos en esas 31 funciones de Vladímir Propp, tal como este antropológo expuso en su obra “Morfología del cuento”. No significa que todas ellas contengan las 31 funciones por el relatadas, sino que prácticamente todas las partes del cuento están incluidas dentro del margen de esas 31 funciones.

Pensamos en personajes como Gilgamesh, Teseo, Moisés, Blancanieves o Frodo Bolsón, todos ellos conocidos de la literatura universal profana o sagrada que se insertan en obras cuya redacción abarca por lo menos los últimos 3000 años, desde Sin-Leqi-Unninni a Tolkien. Salvando las distancias temporales, la intención con la que fueron escritas y el público al que iba dirigido, todas esas obras contienen unas morfologías que analizadas detalladamente encajarían dentro de las 31 funciones de Vladímir Propp.

Sin necesidad de seguir estrictamente las pautas señaladas por el antropólogo ruso, vemos en las morfologías de esas obras funciones argumentales comunes:

  1. Objetos o poderes mágicos como la planta de la eterna juventud de Gilgamesh, la espada con la que Teseo mata al Minotauro, el cayado de Moisés, el espejo mágico de la bruja antagonista de Blancanieves, o el anillo de poder de Frodo Bolsón.
  2. El enfrentamiento del héroe o heroína con un antagonista como Gilgamesh con Enkidu, Teseo con el Minutauro, Moisés con el faraón, Blancanieves con la bruja o Frodo Bolsón con Sauron.
  3. El alejamiento de su lugar de origen como el viaje de Gilgamesh en busca de la planta de la juventud eterna, el de Teseo en busca del vellocino de oro, la huida de Moisés guiando por el desierto a su pueblo hacia la Tierra Prometida, la huida de Blancanieves a la profundidad del bosque, o el viaje de Frodo en dirección a Mordor.

Y así podemos con otros elementos morfológicos de cualquier cuento de hadas, relato mitológico o historia religiosa que se nos pase por la cabeza, lo que nos habla de una limitación humana condicionada por su anatomía cerebral, y no de ninguna revelación sobrenatural universal.

Si tomamos las metáforas y alegorías de cualquier tradición religiosa oral o escrita y las consideramos como encriptamientos originados a partir de la imaginación científica, o como arquetipos procedentes de la naturaleza elaborados con la finalidad de transmitir un conocimiento, veremos que su oculta naturaleza solo contiene en realidad elementos racionales fácilmente perceptibles por los sentidos naturales o por las capacidades de la inteligencia y la imaginación.

Lo oculto solo es pues imaginación simbólica…

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