La India se tocaba con las Columnas de Hércules según Aristóteles

“Imago Mundi” es el nombre de una obra de cosmografía escrita en 1410 por el teólogo francés Pierre d’Ailly. Entre otros autores recogió referencias cosmológicas y geográficas de Aristóteles, concretamente de su tratado de cosmología “De Caelo” (De los Cielos).

Cristóbal Colón tenía un ejemplar de este libro en su biblioteca personal, y en el capítulo 8 de este hizo la siguiente anotación: “Aristóteles: entre el final de España y el comienzo de la India hay un trecho de mar corto y navegable en pocas jornadas” (1).

Colón se refería así a sus conclusiones entresacadas de la lectura de un texto cosmográfico de Aristóteles  (384 a. C. – 322 a. C.):

 14. Posición y estado verdaderos de la tierra

Además, por la forma como aparecen los astros no sólo resulta patente que la tierra es esférica, sino también que su tamaño no es grande: en efecto, realizando un pequeño desplazamiento hacia el mediodía o hacia la Osa, surge ante nuestra vista un círculo de horizonte distinto, de modo que los astros situados sobre nuestra cabeza cambian considerablemente y hacia la Osa y hacia el mediodía no aparecen ya los mismos cuando uno se desplaza; pues en Egipto y en las inmediaciones de Chipre se ven ciertos astros, mientras que en las regiones situadas hacia la Osa ya no se ven, y los astros que en las regiones situadas hacia la Osa aparecen todo el tiempo se ponen, en cambio, en aquellos lugares. De modo que no sólo es evidente a partir de estas observaciones que la figura de la tierra es redonda, sino también que dicha figura es la de una esfera no muy grande: pues, si no, no haría patentes tan deprisa aquellos cambios al desplazarse uno tan poca distancia.

Por ello, los que suponen que la región en tomo a las columnas de Heracles se toca con la región en torno a la India y que, de este modo, hay un único mar, no parecen suponer cosas demasiado increíbles; dicen, poniendo como testimonio a los elefantes, que su especie se encuentra en ambos lugares, pese a ser éstos los más extremos, considerando que esto les ocurre a los extremos porque se tocan.

Asimismo, todos los matemáticos que intentan calcular el tamaño de la circunferencia de la tierra dicen que son cuarenta miríadas de estadios.

De esos testimonios se desprende necesariamente no sólo que la masa de la tierra es esférica, sino que no es muy grande en relación con el tamaño de los demás astros. (2)

Aristóteles, discípulo de Platón, creía que la India estaba al oeste de las Columnas de Hércules, en dirección a la constelación de la Osa, y que aquella unía sus tierras a Europa y Africa por esas mismas Columnas de Hércules.

Alude a otras fuentes clásicas diciendo que estas prueban sus afirmaciones de que los extremos de la India se tocaban con la región en torno a las Columnas de Hércules, en la constatación de que la especie de los elefantes se encuentraba a ambos lados de aquellas columnas..

Esta afirmación de Aristóteles puede estar relacionada con lo que Platón dijo respecto a la ubicación de la Atlántida en su Diálogo del Timeo:

 En aquella época, se podía atravesar aquel océano (el Atlántico) dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis Columnas de Heracles. (3)

 Y aun con lo que en alusión a las grandes riquezas mineras, forestales, y de variedad de animales de la Atlántida, Platón dijo al respecto:

 En especial, la raza de los elefantes era muy numerosa en ella. (4)

La cosmografía de Aristóteles recogida en su obra De Caelo, aludiendo a la India con un contorno geográfico que se tocaba con la región en torno a las Columnas de Hércules, era una creencia que resultaba compartida por parte del pensamiento clásico de la época según Aristóteles, no siendo entonces descabellado pensar que esa idea estaba en la mente de Platón cuando la proyectó sobre el mito de la Atlántida, combinándola con el eco de ancestrales relatos provenientes de los marinos del Valle del Indo que un día surcaran el Mar Maditerráneo,ecos como el del hundimiento de Lothal en la península de Kathiawaren (5), o “la batalla de los diez reyes” contenida en el Rig Veda, relato que pudo haberse plasmado en la narración que Platón hizo de la guerra sostenida por la confederación de los diez reyes de la Atlántida con la Atenas primitiva (6).

Notas
1. Ejemplar de la edición incunable impreso entre 1477 y 1483, Lovaina, por Johannes de Westfalia, conservado en la Institución Colombina, Sevilla
2. “ De Caelo (De los Cielos), Libro II”, Aristóteles
3. Diálogo del Timeo 24 e, Platón – Biblioteca Básica Gredos
4. Diálogo del Critias 114 e, Platón – Biblioteca Básica Gredos
5. Véase “El tridente del proto Shiva en el Reino del Pez: Simbología shivaítica del tridente y relación con el mito de la Atlántida”, joseangelh.wordpress.com
6. Véase “Analogías indias con Tartessos y la Atlántida: La Batalla de los diez reyes y el mito de la guerra de Atlántida con la Atenas primitiva”, joseangelh.wordpress.com
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La Atlántida de Platón, anatomía de un fraude cronológico

La ausencia absoluta siquiera indiciaria de prueba arqueológica alguna que avale la teoría de la veracidad histórica del relato platónico sobre la Atlántida, ha llevado en la última década a los investigadores que sostienen esta teoría a fundamentarla en la creencia ciega de que la crónica Atlántida constituye la plasmación de acontecimientos históricos reales. El lapso temporal atribuido literalmente por Platón a su metahistoria oceánica es el principal campo de batalla de los intentos por parte de los defensores de la historicidad de la misma de revestirla de un enfoque  racional para historiadores y arqueólogos.

Es en este contexto donde entra en juego le expresión “nueve mil años” aplicada por el filosofo griego al lapso temporal transcurrido desde la fundación de Atlántida hasta su hundimiento en el mar poco después de su guerra con la Atenas primitiva. Según los atlantológos, la expresión “nueve mil años” debe ser considerada a partir de la premisa de que en realidad los egipcios “contaban los meses como años”, afirmación que le ha sido atribuida al matemático y astrónomo griego Eudoxo (c. 390 a.C. – c. 337 a.C.), y que vendría a avalar en boca de los atlantológos que la historia de la Atlántida habría acontecido en realidad dentro de un lapso temporal aceptable para historiadores y arqueólogos. Es a partir de este punto donde comenzaremos entonces a tirar de la cadena para que esta nos lleve al origen donde se encuentra el fundamento que sostiene tal afirmación.

La idea de que los egipcios utilizaban en su cronología un método de contabilizar su historia basada en la datación de la misma en miles de años que en realidad equivalían a meses lunares o lunaciones, atribuida en origen a Eudoxo de Cnidos, es presentada desde hace una década por los atlantólogos como un descubrimiento paleográfico extraordinario que aplicado a la cronología Atlántida metería a esta en parámetros racionales al rebajar sustancialmente el tiempo histórico en que se desarrolló según se cuenta en los Diálogos de Platón. Lo primero que habría que destacar al respecto de esta teoría, es que la supuesta genialidad del reciente descubrimiento de la alusión de Eudoxo a que los egipcios contaban sus meses como años no es tan reciente..

De hecho constituye en realidad el remanente de una antigua teoría ya enterrada y olvidada, que tuvo credibilidad entre el mundo académico entre el Renacimiento y el comienzo del siglo XX. Fue rescatada del olvido de la historia para el gran público por un periodista, investigador, y editor estadounidense a comienzos de este milenio, y presentada como un genial descubrimiento paleográfico que venía a otorgar definitivamente a la Atlántida el aval de ser una de las civilizaciones históricas y desaparecidas de la humanidad.

Lo que sigue es el análisis de los hechos que destapan el fraude de atribuir veracidad histórica a la afirmación de que los egipcios de tiempos faraónicos contaban su cronología en miles de años que equivalían a meses lunares o lunaciones.

Descubriendo a Eudoxo de Cnidos

Frank Joseph (*), escribió en un libro que sobre la Atántida publicó en 2002, “La destrucción de la Atlántida”, aerca de la teoría de que los egipcios podían haber contado sus años considerándolos como meses. Como autores de la Antigüedad en los que se basa para exponer dicha teoría cita a Eudoxo, Plutarco, Herodoto, Manetón, y Diódoro Sículo

El siguiente texto extraído de su libro se puede consultar en las páginas 200-201 de este enlace

Es posible que menos, si los sacerdotes egipcios utilizaron diferentes sistemas numéricos, como esotéricos o mágicos, así como otros métodos de calendario en su traducción, haciendo más arriesgada la tarea de calcular y recalcular apropiadamente el manuscrito original. Por lo tanto, cada vez que se refería a los valores numéricos, el trabajo de la traducción de la historia de la Atlántida estuvo lleno de un potencial error.

Los griegos, como nosotros mismos, utilizaron un calendario solar para computar la longitud de un año. Hace tan solo unos años, en 1952, el rey Faisal y su casa real utilizaban un calendario lunar como lo hicieron los faraones hace miles de años. Más cerca del período en cuestión, Eudoxo de Cnidos, uno de los primeros pioneros en la astronomía, que estudió en Egipto, descubrió la forma en que sus maestros, todos sacerdotes de varios templos, empleaban un calendario lunar. Plutarco, el historiador griego del siglo II a.C. escribió en Vidas, “al principio, el año egipcio, dicen, tenía solo un mes. Tienen el crédito de haber sido una de las naciones más antiguas e incluir en sus genealogías un prodigioso número de años que contenían meses, esto es, como años”. Herodoto, Manetón y Diódoro Sículo escribieron que lo que los egipcios querían decir era “mes/lunación” cuando hablaban de “años”.

Bailey escribe, “un antiguo uso semítico de la palabra año fue mes cuando la luna había sido el cuidador del hombre prehistórico y su año no significaba un ciclo solar, sino uno lunar.

(*) Periodista e investigador, editor principal de la revista Ancient American.

La teoría de Frank Joseph respecto a la cita de Eudoxo la cual avalaría que los antiguos egipcios contasen sus lunaciones o meses lunares como años ha servido de argumento en la última década a los atlantólogos para apoyar sus tesis historicistas respecto a la Atlántida. Pero lo que hizo este editor estadounidense no fue elaborar una nueva teoría en base a datos paleográficos recientemente descubiertos, sino sacarse del pozo de la historia una antigua teoría absolutamente sobrepasada por la egiptología moderna.

La rescató del siglo XIX y la hizo pasar ante el gran público por una nueva y esclarecedora hipótesis que aportaría luz histórica sobre la razón de que Platón emplease la fórmula “nueve mil años” en la narración de la cronología de su metahistoria oceánica.

Pero lo cierto es que ya un siglo antes de que Frank Joseph enunciara su teoría que tenía como centro al matemático griego Eudoxo de Cnidos, un historiador alemán llamado Eduard Meyer (1855 – 1930), había descubierto en 1904 que método de datación cronológica utilizaban los egipcios del tiempo de los faraones. Combinando cálculos astronómicos con el estudio de antiguos textos y datos arqueológicos, sentó las bases de una cronología del Antiguo Egipto basada en los años de reinado de los faraones. Los antiguos egipcios no fechaban pues los acontecimientos históricos fijándolos en una cronología general y por lo tanto fija, sino que lo hacían tomando como referencia los años de reinado de cada faraón.

El paprio Lahun, por ejemplo, da una fecha dentro del reinado del faraón Sesostris III (c. 1872 – c. 1853), de la Dinastía XII. Mil trescientos años de Solón era ya evidente que los egipcios fechaban los acontecimientos históricos aplicando el método de “año de reinado del faraón”. Eduard Meyer descubrió que los egipcios aplicaban este método de datación en 1904, hecho que obviamente los autores anteriores a este descubrimiento desconocían, pero que no puede ser ignorado por los atlantológos que en la actualidad justifican la historicidad de la Atlántida de Platón en la teoría eudoxiana de que “los egipcios contaban sus meses lunares o lunaciones como años”..

Pero la teoría rescatada por Frank Joseph del siglo XIX y disfrazada de novedad en el XX, ni tan siquiera es original de ese siglo.

La realidad es demoledora..

Lo cierto es que ya era conocida y esbozada en el siglo XVI, en plena efervescencia del renacimiento. Lo cuenta el que fue profesor de la Universidad de Osuna, catedrático, y rector de la Universidad de México Francisco Cervantes de Salazar (Toledo, c. 1514 – México, 1575), que entre 1557 y 1564 escribió una historia de la conquista de América a instancias del rey Felipe II llamada “Crónica de la Nueva España”, donde en el “LIBRO I. ARGUMENTO Y SUMARIO DEL PRIMERO LIBRO DE ESTA CRONICA”, escribió en el “CAPITULO II. LA NOTICIA CONFUSA QUE EL DIVINO PLATON TUVO DE ESTE NUEVO MUNDO”, el siguiente texto:

Hasta aquí habla Platón, aunque poco más abajo dice “que nueve mil años antes que aquello se escribiese, sucedió tan grande pujanza de aguas en aquel paraje que en un día y una noche anegó toda la isla, hundiendo la tierra y gentes, y que después aquel mar quedó con tantas ciénagas y bajíos, que nunca más por ella habían podido navegar ni pasar a las otras islas ni a la tierra firme de que arriba se hace mención”.

Esta historia dicen todos los que escriben sobre Platón que fue escrita y verdadera, de tal manera, que los más de ellos, especialmente Marsilio Ficino y Platina, no quieren admitir que tenga sentido alegórico, aunque algunos se lo dan, como lo refiere el mismo Marsilio en las Annotaciones sobre el Thimeo, y no es argumento para ser fabuloso lo que allí se dice de los nueve mil años; porque, según Pudoxio, aquellos años se entendían, según la cuenta de los egipcios, lunares y no solares, por manera que eran nueve mil meses, que son siete cientos y cincuenta años.

La cita se puede encontrar en la página 25 de este enlace

El error de la consideración de los meses contados como años

En la referencia de Francisco Cervantes de Salazar a la teoría de Eudoxo se puede apreciar un error interpretativo de bulto.

Volvamos a leer el último párrafo del texto extraído arriba y observemos como dice:

“porque, según Pudoxio, aquellos años se entendían, según la cuenta de los egipcios, lunares y no solares, por manera que eran nueve mil meses, que son siete cientos y cincuenta años.”

Años lunares y no solares refiere Cervantes de Salazar. A partir de esta premisa, el catedrático español infiere que de la alusión de Pudoxio (Eudoxo de Cnidos) a años lunares se deduce que estos equivaldrían a lunaciones. Según el diccionario de astronomía la definición de este acontecimiento sería como sigue:

La lunación, también llamada mes sinódico, es el período que transcurre entre dos idénticas fases de la Luna, por ejemplo dos Lunas llenas.

Equivale a veintinueve días, doce horas, cuarenta y cuatro minutos y tres segundos o, más simplemente, aproximadamente 29,5 días.

La mayor parte de los calendarios de la antiguadad se basaron en la lunación para medir el tiempo. La lunación es, pues, el origen de los meses.

Pero lo cierto es que el año lunar que utilizaban algunos pueblos del Creciente Fértil en el segundo y primer milenio a.C. en modo alguno significaba que esos años lunares eran equivalentes a meses lunares o lunaciones. Un año lunar es aquel que como referencia astronómica para su ciclo de rotación toma el período de tiempo que tarda la Luna en girar alrededor de la Tierra, esto es, 354 días aproximadamente.

Veamos como como a comienzos de este milenio el mismo Frank Joseph se hace eco de este error interpretativo de Francisco Fernández de Salazar y lo hace suyo, revistiéndolo de verdad científica:

Bailey escribe, “un antiguo uso semítico de la palabra año fue mes cuando la luna había sido el cuidador del hombre prehistórico y su año no significaba un ciclo solar, sino uno lunar. (ver más arriba en enlace a la obra de Frank Joseph)

Al hacer esta cita para justificar su teoría enunciada en el siglo XVI por Fernández de Salazar, el editor estadounidense está sacando de contexto una afirmación científica que habla de prehistoria, y que además ni siquiera lo hace de la de Egipto, sino de la de las tribus nómadas semíticas que habitaban al este de la península del Sinaí. En la prehistoria, cuando había una organización tribal nómada, y no se conocía la agricultura ni el pastoreo, actividades ambas que implicaron el establecimiento de ciclos estacionales condicionados por el Sol y la Luna, las tribus podían limitarse a medir el tiempo por lunaciones, ya que no necesitaban conocer de ciclos agrícolas ni del ciclo de reverdecer de los pastos de los cuales se nutrían sus rebaños.

Diodoro Sículo y el mes o los cuatro meses equivalentes a un año

Si seguimos tirando de la cadena, podemos remontarnos a un debate que se generó ya en la época clásica, cuando era habitual que algunos autores de este período debatían acerca de la inverosimilitud en lo que respectaba a los enormes lapsos temporales que los egipcios otorgaban..¡a sus dioses!.

SAGRADA BIBLIA

En latín y español

Con notas Literales, críticas e históricas, Sacadas del Comentario de d. Agustín Calmet, Abad de Senopes, del Abad Vence y de los más célebres autores, para facilitar la inteligencia de la Santa Escritura. Primera edición mexicana Enteramente conforme a la cuarta y última francesa del año de 1820.

XIV. Antigüedades de los Egipcios: su historia

La relación de los antiguos nombre de Egipto con lo que de el dicen los libros sagrados, muestra admirablemente la verdad de estos mismos libros, y refuta los delirios de los Egipcios; porque se sabe sin poderlo dudar, que desde Cam hasta Alejandro el Grande, no puede haber con mucha diferencia un tiempo tan largo, como quieren Maneton y la crónica egipcia.

Cuando hubiere un fundamento que nos obligara a admitir el número de años y de dinástias referidas en aquella crónica, todavía habría respuestas que dar a la excesiva antigüedad que pretenden los Egipcios. Primeramente sostiene algunos que los antiguos años de los Egipcios no eran tan largos como los nuestros. Pelafato (1) dice que al principio contaban ellos los gobiernos de sus reyes por días solamente, después de la muerte de Vulcano, Hélios su hijo reinó cuatro mil setenta y siete días, que hacen dos años comunes, tres meses y algunos días. ¿Quién nos asegurará que los autores egipcios de los tiempos posteriores para ponderar el número de los años de sus príncipes, y para sostener a expensas de la verdad su antigüedad pretendida, no han puesto años e lugar de días?.

Diodoro de Sicilia (Diodoro Sículo) dice que los Egipcios nos cuentan fábulas cuando aseguran que los primeros de sus dioses reinaron cada uno en Egipto o a lo menos mil doscientos años y los menos antiguos trescientos años por lo menos; de modo que desde el reino de Hélios o del sol, hasta el paso de Alejandro el Grande a el Asia, cuentan veinte y dos mil años. Añade pues que excediendo este número toda creencia, algunas personas sostienen para excusar a los Egipcios que antes de fijar el año en doce meses según el curso del sol, le daban un solo mes conformándose con el curso de la luna, así los mil doscientos años del reinado de cada dios se reducirían a mil doscientos meses, o cien años. Dicen también que habiendo posteriormente los Egipcios dado a sus años cuatro meses, dijeron que sus reyes habían reinado cada uno trescientos años, que hacen mil doscientos meses o cien años. Así quedaría reducida a una duración menos distante de la razón la excesiva antigüedad de las dinastías egipcias. Censorino (3) piensa que el antiguo año egipcio era de dos meses, que el rey Pison lo estableció de cuatro, y que luego lo fijó en doce.

Pero es muy dudoso que los años egipcios hayan sido tan imperfectos; en otra parte hablaremos de esto. No insistiremos pues en el argumento que se pretende sacar de aquí.

El texto se puede visualizar en las páginas 143 y 144 de este enlace

El siguiente párrafo extraído del texto mencionado es significativo respecto a las razones del debate gestado en torno a los inmensos lapsos de tiempo atribuidos por los egipcios a sus dioses. Se trata de buscar en ello una lógica que no tiene.

Añade pues (Diodoro Sículo, siglo I a.C.) que excediendo este número toda creencia, algunas personas sostienen para excusar a los Egipcios que antes de fijar el año en doce meses según el curso del sol, le daban un solo mes conformándose con el curso de la luna, así los mil doscientos años del reinado de cada dios se reducirían a mil doscientos meses, o cien años. Dicen también que habiendo posteriormente los Egipcios dado a sus años cuatro meses, dijeron que sus reyes habían reinado cada uno trescientos años, que hacen mil doscientos meses o cien años. Así quedaría reducida a una duración menos distante de la razón la excesiva antigüedad de las dinastías egipcias.

Podemos observar como una de las teorías alternativas de los atlantológos, la de los cuatro meses equivalentes a un año, está sacada también de la obra atribuida a Diodoro Sículo, aunque incluso en este caso se tergiversa lo que dice literalmente este autor clásico con la finalidad de reducir lo más posible la equivalencia en años de la expresión platónica referente a la cronología Atlántida de “nueve mil años”. Sículo nos dice cuando habla de la cronología atribuida a los dioses egipcios que se especulaba con que cada año del calendario de estos era igual a cuatro meses, pero los atlantológos hacen la operación matemática inversa a la que hace Diodoro. Este multiplica los trescientos años por cuatro meses, y luego lo divide entre los doce meses que tiene un año, dándole como resultado cien años.

La picaresca de los charlatanes de la atlantología, aun acogiéndose a esta teoría alternativa de los cuatro meses por año, es como sigue: toman los nueve mil años de Paltón, y en vez de multiplicarlos por cuatro meses y luego dividir el resultado por doce meses, lo que daría un resultado en meses solares de tres mil años, lo que hacen es dividir esos nueve mil años por cuatro meses, lo que da un resultado de..¡dos mil doscientos cincuenta  años!.

Todo ello sin tener en cuenta que el propio Diodoro Sículo lo que hace con estas teorías del mes o de los cuatro meses tomados como años es precisamente echarlas por los suelos. La mitología no tiene una base racional, forma parte del pensamiento religioso del ser humano, y como tal debe ser comprendido.

La dimensión mítica de los nueve mil años de Platón

¿Tiene algún sentido buscarle racionalidad a los nueve mil años de reinado de Ptah, según Manetón?.

El debate de los meses contados como años estuvo siempre en el pasado dirigido a especular con la lógica de los autores clásicos y helenísticos, que siempre se referían con ello a la dimensión mítica, no a la histórica. Si los 9.000 años de reinado de Ptah los transformamos en meses lunares y nos da por ello 727 años con nueve meses solares (según Manetón)..¿habríamos por ello encontrado de tal modo la lógica buscada?..

Desde comienzos del siglo XX se conoce como los antiguos egipcios fijaban sus acontecimientos históricos, situándolos en el año de un determinado faraón. La teoría de que los egipcios contaban sus meses como años es claramente errónea, viene de tiempos pretéritos, y está totalmente desmentida y sobrepasada por el conocimiento del que hoy en día disponemos en materia de egiptología. Las especulaciones de algunos autores clásicos y helenísticos respecto a que los egipcios podían contar sus lunaciones como años solo tenían contextualización dentro de la esfera mitológica, y dentro también de la psicología que embargaba a esos autores, a través de la cual consideraban que los milenios atribuidos a las divinidades debían tener, siempre desde su condicionada visión del mundo, una lógica racional.

Evidentemente, para una persona del siglo XXI los miles de años que los egipcios atribuían a sus dioses formaban parte de su psicología religiosa, y no hay que intentar buscarle lógica cronológica alguna. Sin embargo, los atlantológos utilizan el debate de aquellos autores de hace mas de dos mil años en torno al tiempo de los dioses del Nilo para buscarle racionalidad a los nueve mil años de la Atlántida de Platón.

Cuando ello dicen que los egipcios contaban sus meses como años, y que por ello aquellos nueve mil años del filosofo griego deben ser entendido como lunaciones, es entonces evidente que en su mente, el mito se reviste de realidad..la fábula de historia..

Pero lo cierto y constatado por la documentación histórica y arqueológica es que los egipcios nunca contaban su historia aludiendo de manera ambigua a lapsos temporales de miles de años, esto lo dejaban para su mitología. El único contexto en el que esto era posible se enmarcaba en el de los lapsos temporales referidos a los relatos mitológicos, es por ello pues que los “meses contados como años” solo podían tener viabilidad práctica en el contexto mítico. Las cronologías históricas egipcias, donde los acontecimientos eran fechados fijándolos en los años de reinado de cada faraón, no dejaban margen para que en ellas se aplicase el principio de “meses contados como años”.

La alusión de ciertos autores de la antigüedad clásica y helenística respecto de que los egipcios de tiempos faraónicos contaban meses como años, no tiene pues base en el calendario egipcio. Es una especulación de estos autores constatada, según su percepción, a partir de los tiempos contados en miles de años que los egipcios atribuían a sus dioses.

Si los egipcios decían que sus dioses y héroes habían reinado 24.925 años, había autores clásicos y helenísticos que consideraban que como estos debieran haber tenido existencia real, los egipcios tendrían que haber contado entonces sus años por años lunares, años lunares que estos autores entendían como lunaciones, esto es, meses lunares, y no como ciclos de doce lunaciones o años lunares. Todo no más que un enorme despropósito.

Al respecto, Manetón (finales del siglo IV – mediados del siglo III a.C.) escribió:

El tiempo máximo es de 11.000 años, pero de años lunares, esto es, de meses. Más el reinado, a decir verdad, a que se refieren los egipcios, de los dioses, de los héroes y de los espíritus de los muertos alcanza un total de 24.900 años lunares, que equivalen a 2.206 años solares. (Manetón – “La historia de Egipto”, Libro I, del capítulo “Desde el origen del mundo hasta el primer rey humano”)

Es un ejemplo de autor que cita la creencia de que los egipcios de tiempos faraónicos contaban sus meses como años, creencia que proviene de la premisa racional, desde el punto de vista del autor, de que los egipcios debían tener una lógica histórica para otorgar esos miles de años a sus cronologías divinas.

Los textos en los que estos autores conciben las cronologías divinas como históricamente reales, constituyen la premisa mental que determina la constatación especulativa de considerar “meses contados como años” atribuidos por estos autores a las cronologías egipcias.

Es significativo que los autores clásicos y helenísticos están entonces considerando que los egipcios aplicaban esos milenarios lapsos temporales a sus dioses..

¿Consideraban entonces los autores clásicos y helenísticos que identificaban los “nueve mil años” como meses contados como años, que la historia de la Atlántida de Platón era un relato asociado al tiempo de los dioses?..

Los nueve mil años como alegoría del tiempo de la ausencia en la obra de Platón

El descubrimiento del papiro Carlsberg 9, fechado en 144 d.C., permitió conocer a los egiptólogos que los sacerdotes egipcios seguían un ciclo de lunaciones que les permitía situar las festividades en el calendario civil. Constaba este de 309 lunaciones que rotaban en un ciclo equivalente a  25 años solares, método cíclico usado desde fuentes muy antiguas que contabilizado en días suponían 9.125.

Los meses lunares constaban unos de 29 días y otros de 30.

– 25 años solares x 365 días = 9.125 días

– 309 lunaciones x 29,53 días = 9.125 días

Pero si pasamos los 25 años a meses solares, descontando los 5 días epagómenos que fueron añadidos posteriormente para equilibrar el desfase con el ciclo astronómico solar, tendremos 300 meses de 30 días cada uno, lo que nos daría un total de 9.000 días..

En el lenguaje alegórico, los nueve mil días aludían a un tiempo místico de sumergimiento en el olvido y ausencia del ser amado. Se correspondía con la simbología del año concebido antes del nacimiento de Osiris, los trescientos meses transforman sus días en años, que suman entonces 9000, con la intención de señalar a un tiempo que se ha perdido en la memoria, un tiempo con ausencia de conocimiento, un tiempo en ausencia de amor..

Plutarco (c. 48 – c. 120) relata la versión en griego más conocida de este relato mitológico que narra el cuento de amor entre Isis y Osiris, fábula que por otra parte ya aparecía testificada en escritos muy antiguos plasmados en los Textos de las Pirámides.

XI (Ultimo párrafo)

Por tanto, si tomas y aceptas lo que se dice de los dioses proveniente de la interpretación que de ellos hacen quienes saben ver lo reverente y lo filosófico, sidas cumplimiento a las ordenanzas sacerdotales cumpliendo todos los ritos, y con la creencia cierta de que nada podría ser de más agrado a los dioses que cumplir sus ritos desde el conocimiento verdadero, podrás evitar un mal que es incluso peor que el ateísmo: la superstición.

XII

Te relataré ahora el mito prescindiendo, con el mayor de los cuidados, de cuanto hay en él de superfluo e inútil, a fin de que sea lo más breve posible. Según se cuenta, Rhea tuvo cierta unión secreta con Cronos, y el Sol, teniendo conocimiento de su entendimiento, alzó una invectiva contra ella diciendo: No darás a luz durante el mes ni durante el año (1).

No obstante, estaba Hermes enamorado de ella, y había tenido relación, por lo que se dirigió a la Luna, y jugó con ella a los dados. Mediante el juego, le arrebató la septuagésima parte de cada día de su aparición. A base de jugar, consiguió reunir cinco días, los cuales los añadió a los trescientos sesenta (2). A estos cinco días, los egipcios los llaman Epagómenos, que significa adicionales, y durante estos días celebran el nacimiento de los dioses (3). En decir del pueblo egipcio, el primer día nació Osiris (4) y, mientras nacía, oyóse una voz que decía: El Señor de todo cuanto hay, nace en la luz. En aquel tiempo había en Tebas cierto Pamylés que se hallaba extrayendo agua de un pozo, cuando oyó una voz que le pedía que gritase con todas sus fuerzas: El gran rey y benefactor Osiris acaba de nacer. (Texto extraído del “Tratado de Isis y Osiris” de Plutarco, XI (último párrafo) y XII)

La historia mitológica de Isis y Osiris sienta las bases para conocer la primitiva concepción del calendario egipcio.

Este era de 12 meses de treinta días, por lo que el año egipcio tenía 360 días. Pero aplicando este calendario, los egipcios se terminaron percatando de que cada año se producía un desfase de 5 días respecto del año estacional. Por ello idearon una explicación mitológica que justificase desde un punto de vista religioso el que al año establecido por los dioses de 360 días se le añadiesen otros 5 días más, a los que llamaron epagómenos, que según Plutarco significa adicionales.

Itemu (Atum) descubrió que Nut, diosa del cielo y los astros, y Geb, dios de la tierra (Rea y Cronos en la versión de Plutarco), estaban teniendo una relación amorosa de una pasión tal que provocó que el mundo se quedase sin aire. Itemu ordenó entonces a su hijo Shu, dios del aire, que separase a los amantes, y así este lo hizo.

Pero para entonces Nut ya estaba embarazada, por lo que Itemu se llenó de ira. Para vengarse de Nut, le ordenó no dar a luz durante “el mes” ni durante “el año” (1).

Entonces interviene Dyehuty, Thot para los griegos, dios de la sabiduría (Hermes en la versión de Plutarco), que se pone a jugar una partida a un juego con Jonsu, diosa de la La Luna , con la intención de ayudar a su hermana Nut, pues el premio para el vencedor habría de consistir en el otorgamiento de un tiempo extra que estuviese “fuera del mes y del año”.

Dyehuty consiguió arrebatar a la Luna la septuagésima parte del tiempo en que esta se aparecía durante los trescientos sesenta días del año (2), o sea, el equivalente a 5 días (360/70).

Dyehuty entregó estos cinco días ganados a la luna, epagómenos, a su hermana Nut, que aprovechó esos días para dar a luz a sus hijos, y de esa manera no saltarse la prohibición de Atum que la conminaba a no dar a luz durante el mes ni durante el año (1).

Tuvo un hijo por cada día epagómeno, en el siguiente orden, Osiris, Horus, Set, Isis y Neftis, y por esa razón en esos días pasaron a celebrarse el nacimiento de los dioses (3).

Por ello para los egipcios Osiris habría nacido el primero de esos días epagómenos (4), es decir, que lo habría hecho fuera de los meses y del año propiamente dichos..

Es por esta razón que en el primitivo calendario religioso egipcio, antes de que “el año” se viese ampliado por los 5 días epagómenos, los meses por si solos configuraban años exactos..12 meses de 30 días, un año de 360 días..

Platón toma el ciclo de 309 lunaciones equivalentes a 25 años, según el calendario egipcio, y los trasforma en los 300 que resultan metamorfoseados en los nueve mil años de su cronología Atlántida.

La intimidad con el no enamorado, que se mezcla con una moderación mortal, que dispensa mortalidades y mezquindades, y que produce en el alma amiga un servilismo aplaudido por las masas como virtud, le garantizará a ella nueve mil años sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta‛ (Diálogos de Platón – Fedro 256 e4 – 257 a2)

Como contabilizaban los egipcios los acontecimientos en su calendario

Ciertamente las fuentes griegas no son del todo fiables, pues  incluso a veces, en lo que se refiere a la religión de los egipcios, falsificaban intencionadamente los fundamentos de esta. Pero existe una segunda fuente de información que proviene de la traducción directa de los antiguos textos egipcios, gracias al desciframiento de Champollion. A través de la moderna egiptología disponemos hoy en día de un conocimiento muy valioso acerca de la antigua religión egipcia. De hecho estas fuentes egiptológicas contemporáneas son mucho más fiables y precisas como fuente de conocimiento del antiguo Egipto que las griegas o latinas clásicas.

La documentación arqueológica disponible nos permite conocer como Ramsés III detuvo una invasión de los Pueblos del Mar en el año octavo de su reinado, o como Merneptah venció a una coalición de libios y Pueblos del Mar..

“Año quinto, tercer mes de la estación shemu, día 3, bajo la Majestad de Horus: Toro poderoso, que se alegra con Maat. Rey del Alto y del Bajo Egipto: Morueco de Ra, amado de Amón. Hijo de Re: Merenptah, que está satisfecho a causa de Maat. (texto extraído de la Estela de Israel)

Los atlantólogos obvian los avances generados por la egiptología a partir de comienzos del siglo XX, y se remiten a viejas teorías vigentes hasta el pasado siglo XIX, a las que falsamente revisten de “teorías modernas” para otorgar supuesta veracidad histórica al relato de Platón sobre Atlántida. En esta remisión a teorías del siglo XIX está la base de su manipulación. Con ello los atlantólogos han creado una “ilusión” de veracidad histórica de la Atlántida ante el gran público.

El sensacionalismo mercantilista genera mucho dinero..pero lo cierto es que la Atlántida nada tiene que ver con la ciencia histórica ni arqueológica. Francisco Cervantes de Salazar (1514 – 1575), desconocía este método de datación vigente entre los antiguos egipcios cuando en su obra “Crónica de la Nueva España (escrita entre 1557 y 1564), consideró la posibilidad de que la alusión de Platón a los “nueve mil años”, se debiese a que los egipcios pudiesen dar fechas fijas que podían ser consideradas en meses tomados como años. El ignoraba en ese entonces lo que en 1904 acabó descubriendo el historiador alemán Eduard Meyer, que el tiempo con el que los egipcios aludían a lapsos temporales inverosímiles era el que se refería a la cronología mística de sus dioses, no a la cronología que hablaba de sus acontecimientos históricos.

Epílogo

Manetón atribuye “nueve mil años” al reinado de Hefestos (nombre egipcio Ptah, nombre romano Vulcano), lapsos temporales que siempre son atribuidos a la dimensión mítica, nunca a la histórica..

Según la versión de Sincelo (Jorge el Monje, finales del siglo VIII – principios del siglo IX).

 (CESAR VIDAL MANZANARES, 19 – TOMO I, DINASTÍAS DE DIOSES, SEMIDIOSES Y ESPÍRITUS DE LOS

MUERTOS – fr. 3, de Sincelo)

 Sobre la Antigüedad de Egipto

Manetón de Sebennito, sumo sacerdote de los malditos templos egipcios, que vivió

después de Beroso, en la época de Ptolomeo Filadelfo, escribe a este Ptolomeo el mismo

tipo de mentiras que Beroso, en relación a seis dinastías o seis dioses que nunca

existieron. Estos, según dice él, reinaron durante 11.985 años. El primero de ellos, el

dios Hefestos, fue rey durante 9.000 años. Ahora bien, algunos de nuestros

historiadores, que consideran estos 9.000 años como si se tratara del mismo número de

meses lunares, y que dividen el número de días de 9.000 meses lunares por los 365 días

que tiene el año, obtienen un total de 727 años y nueve meses. Imaginan éstos que han

alcanzado un resultado magnífico, cuando más bien debería señalarse que se trata de

una lamentable falsedad que han intentado oponer a la verdad.

La Primera Dinastía de Egipto. – 1.  Hefesto reinó 727 años y 9 meses.

Diodoro Sículo y los meses egipcios contados como años

El debate en torno a como los egipcios de la época de los faraones contaban sus años se remonta a la Antigüedad Clásica, cuando algunos autores apreciaban inverosimilitud en los enormes lapsos temporales que los egipcios otorgaba a sus dioses.

SAGRADA BIBLIA

En latín y español

Con notas

Literales, críticas e históricas

Sacadas del Comentario de d. Agustín Calmet, Abad de Senopes, del Abad Vence

y de los más célebres autores, para facilitar la inteligencia de la Santa Escritura.

Primera edición mexicana

Enteramente conforme a la cuarta y última francesa del año de 1820.

XIV. Antigüedades de los Egipcios: su historia

La relación de los antiguos nombre de Egipto con lo que de el dicen los libros sagrados, muestra admirablemente la verdad de estos mismos libros, y refuta los delirios de los Egipcios; porque se sabe sin poderlo dudar, que desde Cam hasta Alejandro el Grande, no puede haber con mucha diferencia un tiempo tan largo, como quieren Maneton y la crónica egipcia.

Cuando hubiere un fundamento que nos obligara a admitir el número de años y de dinástias referidas en aquella crónica, todavía habría respuestas que dar a la excesiva antigüedad que pretenden los Egipcios. Primeramente sostiene algunos que los antiguos años de los Egipcios no eran tan largos como los nuestros. Pelafato (1) dice que al principio contaban ellos los gobiernos de sus reyes por días solamente, después de la muerte de Vulcano, Hélios su hijo reinó cuatro mil setenta y siete días, que hacen dos años comunes, tres meses y algunos días. ¿Quién nos asegurará que los autores egipcios de los tiempos posteriores para ponderar el número de los años de sus príncipes, y para sostener a expensas de la verdad su antigüedad pretendida, no han puesto años e lugar de días?.

Diodoro de Sicilia (Diodoro Sículo) dice que los Egipcios nos cuentan fábulas cuando aseguran que los primeros de sus dioses reinaron cada uno en Egipto o a lo menos mil doscientos años y los menos antiguos trescientos años por lo menos; de modo que desde el reino de Hélios o del sol, hasta el paso de Alejandro el Grande a el Asia, cuentan veinte y dos mil años. Añade pues que excediendo este número toda creencia, algunas personas sostienen para excusar a los Egipcios que antes de fijar el año en doce meses según el curso del sol, le daban un solo mes conformándose con el curso de la luna, así los mil doscientos años del reinado de cada dios se reducirían a mil doscientos meses, o cien años. Dicen también que habiendo posteriormente los Egipcios dado a sus años cuatro meses, dijeron que sus reyes habían reinado cada uno trescientos años, que hacen mil doscientos meses o cien años. Así quedaría reducida a una duración menos distante de la razón la excesiva antigüedad de las dinastías egipcias. Censorino (3) piensa que el antiguo año egipcio era de dos meses, que el rey Pison lo estableció de cuatro, y que luego lo fijó en doce.

Pero es muy dudoso que los años egipcios hayan sido tan imperfectos; en otra parte hablaremos de esto. No insistiremos pues en el argumento que se pretende sacar de aquí.

El texto se puede visualizar en las páginas 143 y 144 del enlace meses contados como años

El sigiente párrafo extraído del texto es significativo respecto a las razones del debate gestado en torno a los inmensos lapsos de tiempo atribuidos por los egipcios a sus dioses. Se trata de buscar en ello una lógica que no tiene.

Añade pues (Diodoro Sículo) que excediendo este número toda creencia, algunas personas sostienen para excusar a los Egipcios que antes de fijar el año en doce meses según el curso del sol, le daban un solo mes conformándose con el curso de la luna, así los mil doscientos años del reinado de cada dios se reducirían a mil doscientos meses, o cien años. Dicen también que habiendo posteriormente los Egipcios dado a sus años cuatro meses, dijeron que sus reyes habían reinado cada uno trescientos años, que hacen mil doscientos meses o cien años. Así quedaría reducida a una duración menos distante de la razón la excesiva antigüedad de las dinastías egipcias.

La mitología no tiene una base racional, forma parte del pensamiento religioso del ser humano, y como tal debe ser comprendido.

¿Tiene algún sentido buscarle racionalidad a los nueve mil años de reinado de Ptah (según Manetón)?.

El debate de los meses contados como años estuvo siempre en el pasado dirigido a especular con la lógica de los autores clásicos y helenísticos, que siempre se referían con ello a la dimensión mítica, no a la histórica.

Si los 9.000 años de reinado de Ptah los transformamos en meses lunares y nos da por ello 727 años con nueve meses solares (según Manetón)..¿habremos encontrado de tal modo la lógica buscada?..

Desde comienzos del siglo XX se conoce como los antiguos egipcios fijaban sus acontecimientos históricos, situándolos en el año de un determinado faraón.

La teoría de que los egipcios contaban sus meses como años es errónea, viene de tiempos pretéritos, y está totalmente desmentida y sobrepasada por el conocimiento del que hoy en día disponemos en materia de egiptología.

Las especulaciones de algunos autores clásicos y helenísticos respecto a que los egipcios podían contar sus lunaciones como años solo tenían contextualización dentro de la esfera mitológica, y dentro también de la psicología que embargaba a esos autores, a través de la cual consideraban que los milenios atribuidos a las divinidades debían tener, siempre desde su condicionada visión del mundo, una lógica racional.

Evidentemente, para una persona del siglo XXI los miles de años que los egipcios atribuían a sus dioses formaban parte de su psicología religiosa, y no hay que intentar buscarle lógica cronológica alguna.

Sin embargo, los atlantólogos utilizan el debate de aquellos autores de hace mas de dos mil  años en torno al tiempo de los dioses del Nilo para buscarle racionalidad a los nueve mil años de la Atlántida de Platón.

Ellos dicen que los egipcios contaban sus meses como años, y que por ello aquellos nueve mil años del filosofo griego deben ser entendido como lunaciones. Es entonces claro que en su mente, el mito se reviste de realidad..la fábula de historia..

Pero lo cierto y constatado por la documentación historica y arqueologica, es que los egipcios nunca contaban su historia aludiendo de manera ambigua a lapsos temporales de miles de años, esto lo dejaban para su mitología.

La manipulación del orden mítico

Una forma clara de manipulación de las consciencias consiste en el establecimiento de premisas, que siendo falsas en su planteamiento, se fijan en el subconsciente, y pasan a formar parte de la realidad objetiva y a ser aceptadas con naturalidad.

Obsérvese el ejemplo de los atlantólogos con respecto a su intención de utilizar las alegorías temporales de Platón para alterarlas en su conceptualización cronológica..

Toman los “nueve mil años” presentes en el relato de la Atlántida, y nos dicen:

Los autores de la antigüedad decían que los egipcios contaban los meses como años, por lo que cuando hablaban de “miles de años, en realidad querían decir “miles de meses”..

Inconscientemente, nuestra mente pasa a dar por hecho que realmente los egipcios hablaban de cosas como “hace x miles de años ocurrió esto” y “hace miles de años ocurrió aquello otro”..y empezamos a esforzarnos en interpretar que querían decir los egipcios cuando empleaban lapsos temporales de inverosímiles miles de años para referirse a sus cronologías históricas.

¿Pero acaso nos preguntamos si realmente es cierto que los egipcios hablaban en esos términos de su historia?.

Incluso personas que tienen conocimientos de egiptología y conocen perfectamente como aludían los egipcios a sus acontecimientos históricos, fijando estos en los años de reinado del faraón correspondiente, se dejan engañar por el poder magnético de la falsa premisa y se preguntan “por qué los egipcios decían que el suceso x había ocurrido en unos inverosímiles miles de años atrás”.

Simplemente con indagar un poco en su propio conocimiento se darían cuenta estas personas de que realmente los egipcios no hablaban de sus tiempos históricos en esos términos.

La premisa de que los egipcios aludían a sus hechos históricos contándolos en años que en realidad equivalían a meses es pues falsa desde su origen, pues no hay modo de racionalizarla al no existir contexto para ello.

Los lapsos temporales inverosímiles eran aplicados en la concepción egipcia para transmitir el relato mítico, nunca el histórico.

En los manipuladores de las consciencias, el orden mítico se superpone y confunde con el orden histórico..

El tiempo de la ausencia en la didáctica de Platón

En el lenguaje alegórico, con alusión a un tiempo sumido en el olvido, como corresponde a la simbología del año concebido antes del nacimiento de Osiris, los trescientos meses transforman sus días en años, que suman entonces 9000 años, con la intención de señalar a un tiempo que se ha perdido en la memoria, un tiempo con ausencia de conocimiento, un tiempo en ausencia de amor..

XI (Ultimo párrafo)

Por tanto, si tomas y aceptas lo que se dice de los dioses proveniente de la interpretación que de ellos hacen quienes saben ver lo reverente y lo filosófico, sidas cumplimiento a las ordenanzas sacerdotales cumpliendo todos los ritos, y con la creencia cierta de que nada podría ser de más agrado a los dioses que cumplir sus ritos desde el conocimiento verdadero, podrás evitar un mal que es incluso peor que el ateísmo: la superstición.

XII

Te relataré ahora el mito prescindiendo, con el mayor de los cuidados, de cuanto hay en él de superfluo e inútil, a fin de que sea lo más breve posible. Según se cuenta, Rhea tuvo cierta unión secreta con Cronos, y el Sol, teniendo conocimiento de su entendimiento, alzó una invectiva contra ella diciendo: No darás a luz durante el mes ni durante el año (1).

No obstante, estaba Hermes enamorado de ella, y había tenido relación, por lo que se dirigió a la Luna, y jugó con ella a los dados. Mediante el juego, le arrebató la septuagésima parte de cada día de su aparición. A base de jugar, consiguió reunir cinco días, los cuales los añadió a los trescientos sesenta (2). A estos cinco días, los egipcios los llaman Epagómenos, que significa adicionales, y durante estos días celebran el nacimiento de los dioses (3). En decir del pueblo egipcio, el primer día nació Osiris (4) y, mientras nacía, oyóse una voz que decía: El Señor de todo cuanto hay, nace en la luz. En aquel tiempo había en Tebas cierto Pamylés que se hallaba extrayendo agua de un pozo, cuando oyó una voz que le pedía que gritase con todas sus fuerzas: El gran rey y benefactor Osiris acaba de nacer.

El texto está extraído del “Tratado de Isis y Osiris” de Plutarco (c. 48 – c. 120), que es la versión griega más conocida de este relato mitológico recogido desde tiempos muy antiguos en los Textos de las Pirámides.

La historia mitológica de Isis y Osiris sienta las bases para conocer la primitiva concepción del calendario egipcio.

Este era de 12 meses de treinta días, por lo que el año egipcio tenía 360 días. Pero aplicando este calendario, los egipcios se terminaron percatando de que cada año se producía un desfase de 5 días respecto del año estacional. Por ello idearon una explicación mitológica que justificase desde un punto de vista religioso el que al año establecido por los dioses de 360 días se le añadiesen otros 5 días más, a los que llamaron epagómenos, que según Plutarco significa adicionales.

Itemu (Atum) descubrió que Nut, diosa del cielo y los astros, y Geb, dios de la tierra (Rea y Cronos en la versión de Plutarco), estaban teniendo una relación amorosa de una pasión tal que provocó que el mundo se quedase sin aire. Itemu ordenó entonces a su hijo Shu, dios del aire, que separase a los amantes, y así este lo hizo.

Pero para entonces Nut ya estaba embarazada, por lo que Itemu se llenó de ira. Para vengarse de Nut, le ordenó no dar a luz durante “el mes” ni durante “el año” (1).

Entonces interviene Dyehuty, Thot para los griegos, dios de la sabiduría (Hermes en la versión de Plutarco), que se pone a jugar una partida a un juego con Jonsu, diosa de la La Luna , con la intención de ayudar a su hermana Nut, pues el premio para el vencedor habría de consistir en el otorgamiento de un tiempo extra que estuviese “fuera del mes y del año”.

Dyehuty consiguió arrebatar a la Luna la septuagésima parte del tiempo en que esta se aparecía durante los trescientos sesenta días del año (2), o sea, el equivalente a 5 días (360/70).

Dyehuty entregó estos cinco días ganados a la luna, epagómenos, a su hermana Nut, que aprovechó esos días para dar a luz a sus hijos, y de esa manera no saltarse la prohibición de Atum que la conminaba a no dar a luz durante el mes ni durante el año (1).

Tuvo un hijo por cada día epagómeno, en el siguiente orden, Osiris, Horus, Set, Isis y Neftis, y por esa razón en  esos días pasaron a celebrarse el nacimiento de los dioses (3).

Por ello para los egipcios Osiris habría nacido el primero de esos días epagómenos (4), es decir, que lo habría hecho fuera de los meses y del año propiamente dichos..

Es por esta razón que en el primitivo calendario religioso egipcio, antes de que “el año” se viese ampliado por los 5 días epagómenos, los meses por si solos configuraban años exactos..12 meses de 30 días, un año de 360 días..

Platón, en los nueve mil años de su cronología Atlántida,  toma el ciclo de 309 lunaciones equivalentes a 25 años, según el calendario egipcio, y lo trasforma en los 300 meses que se incluirían en esos 25 años.

En el lenguaje alegórico, con alusión a un tiempo sumido en el olvido, como corresponde a la simbología del año concebido antes del nacimiento de Osiris, los trescientos meses transforman sus días en años, que suman entonces 9000 años, con la intención de señalar a un tiempo que se ha perdido en la memoria, un tiempo con ausencia de conocimiento, un tiempo en ausencia de amor..

La intimidad con el no enamorado, que se mezcla con una moderación mortal, que dispensa mortalidades y mezquindades, y que produce en el alma amiga un servilismo aplaudido por las masas como virtud, le garantizará a ella nueve mil años sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta‛ (Platón – Fedro 256 e4 – 257 a2)

La teoría de Eudoxo respecto a los “nueve mil años” de la cronología Atlántida

La teoría esbozada por algunos seguidores de la veracidad histórica de la Atlántida de Platón respecto de que la alusión del filósofo griego a “los nueve mil años” presente en la cronología del relato, debe ser considerada a partir de la premisa de que en realidad se trata de “meses contados como años”, afirmación atribuida al matemático y astrónomo Eudoxo (c. 390 a.C. – c. 337 a.C.), está tomada de una teoría que ya fue esbozada en el siglo XVI por FRANCISCO CERVANTES DE SALAZAR (Toledo, c. 1514 – México, 1575), profesor de la Uuniversidad de Osuna, así como catedrático y rector de la Universidad de México.

Escribió una historia de la conquista de América a instancias del rey Felipe II, que llamó CRONICA DE LA NUEVA ESPAÑA, escrita entre 1557 y 1564, donde en el “LIBRO I. ARGUMENTO Y SUMARIO DEL PRIMERO LIBRO DE ESTA CRONICA”, escribió en el “CAPITULO II. LA NOTICIA CONFUSA QUE EL DIVINO PLATON TUVO DE ESTE NUEVO MUNDO”, el siguiente texto:

Hasta aquí habla Platón, aunque poco más abajo dice “que nueve mil años antes que aquello se escribiese, sucedió tan grande pujanza de aguas en aquel paraje que en un día y una noche anegó toda la isla, hundiendo la tierra y gentes, y que después aquel mar quedó con tantas ciénagas y bajíos, que nunca más por ella habían podido navegar ni pasar a las otras islas ni a la tierra firme de que arriba se hace mención”.

Esta historia dicen todos los que escriben sobre Platón que fue escrita y verdadera, de tal manera, que los más de ellos, especialmente Marsilio Ficino y Platina, no quieren admitir que tenga sentido alegórico, aunque algunos se lo dan, como lo refiere el mismo Marsilio en las Annotaciones sobre el Thimeo,y no es argumento para ser fabuloso lo que allí se dice de los nueve mil años; porque, según Pudoxio, aquellos años se entendían, según la cuenta de los egipcios, lunares y no solares, por manera que eran nueve mil meses, que son siete cientos y cincuenta años.

El texto se encuentra en la página 25 de este enlace Eudoxo en la “Crónica de la Nueva España”, a través del que se puede acceder a esta crónica de la historia de España de Francisco Cervantes de Salazar.

no es argumento para ser fabuloso lo que allí se dice de los nueve mil años; porque, según Pudoxio, aquellos años se entendían, según la cuenta de los egipcios, lunares y no solares, por manera que eran nueve mil meses, que son siete cientos y cincuenta años. (Crónica de la Nueva España)

Se cita a Eudoxo como el teórico de atribuir una equivalencia de “nueve mil meses” (750 años), a la expresión “nueve mil años”, aunque no se cita el texto exacto donde Eudoxo dice tal cosa, ni la obra en la que lo dice, ni obviamente por ello la referencia concreta del supuesto texto, con la que se lo podría ubicar en un contexto determinado.

Pero aun así, en la referencia de Francisco Cervantes de Salazar a la teoría de Eudoxo, se puede apreciar un error interpretativo de bulto.

El hecho de entender los años egipcios como “lunares y no solares” en modo alguno significa que los sacerdotes egipcios, en todo caso, considerasen por ello que esos años eran equivalentes a meses.

Un año lunar es aquel que como referencia astronómica para su ciclo de rotación toma el período de tiempo que tarda la Luna en girar alrededor de la Tierra, esto es, 354 días aproximadamente.

Supongamos que los sacerdotes egipcios no añadían a estos 354 días los que se necesitaban para que cada dos o tres años el ciclo lunar pudiese ajustase con el solar, tal como hacían otros pueblos cercanos a los egipcios como los hebreos Los orígenes del calendario hebreo.

Hacemos entonces un cálculo considerando que cada año de los nueve mil mencionados equivalen a 354 días, y luego los transformamos en años solares, lo que nos daría una cifra de 8738 años, aproximadamente.

Los “nueve mil años” de Platón se reducirían entonces a “ocho mil setecientos treinta y ocho”, si en vez de años solares fuesen estos años lunares.

¿Trirremes en la Atlántida?

Teniendo en cuenta que la historia de la Atlántida que Platón pone en boca de Critias no es una historia griega, sino una historia egipcia contenida en jeroglíficos representados en el templo de Neith en Sais, es difícil imaginar en que contexto podía estar representado el jeroglífico correspondiente al trirreme en ese templo egipcio visitado por Solón en una fecha en torno a la primera mitad del siglo VI a.C..

En el relato del Critias, Platón describe la capital de la Atlántida, y en un momento se refiere a su puerto de la siguiente manera:

También abrieron, siguiendo la dirección de los puentes, los círculos de tierra que separaba los de mar, lo necesario para que los atravesara un trirreme, y cubrieron la parte superior de modo que el pasaje estuviera debajo, pues los bordes de los anillos de tierra tenían una altura que superaba suficientemente al mar. (Critias 115 d-e)

Y unos párrafos más adelante menciona de nuevo los trirremes presentes en el puerto de la capital de la Atlántida:

 Los astilleros estaban llenos de trirremes y de todos los artefactos correspondientes, todo adecuadamente preparado. (Critias 117 d)

El historiador griego Tucídides (c. 460 – c. 396) escribió en los últimos años de su vida sobre la historia de la Guerra del Peloponeso, obra en la que da una fecha aproximada para la construcción de los primeros trirremes:

Dicen que los corintios fueron los primeros que inventaron los barcos de nueva forma, y que en Corinto, antes que en ninguna otra parte de Grecia, se hicieron trirremes. Se que el corintio Aminocles, maestro de hacer naves, hizo cuatro a los samios, cerca de trescientos anos antes del fin de esta guerra que escribimos (1), para lo cual Aminocles vino a Samos. (Tucídides, “Historia de la Guerra del Peloponeso”, Libro I, I)

La Guerra del Peloponeso sobre la que escribe Tucídides (1) acabó en el 404 a.C., por lo que según este autor, la invención de este tipo de barco de guerra se remonta a finales del siglo VIII a.C. o principios del VII a.C.

A pesar de lo dicho por Tucídides respecto de la invención de los trirremes, la documentación histórica y arqueológica disponible no permite datar el uso de trirremes más allá de la segunda mitad del siglo VI a.C.

La utilización por vez primera de trirremes se le atribuye al tirano de Samos, Polícrates (570 a.C. – 522 a.C.), que ya los usaba hacia el año 10 de su reinado (530 a.C.), según se desprende de un texto de Herodóto:

Entonces Polícrates eligió a los ciudadanos presuntamente más decididos a rebelarse y los envió en cuarenta trirremes, encargándole a Cambises que no les permitiera regresar. (Heródoto, “Historia”, Libro III, 44, 2)

Aunque la mención a los trirremes es puesta en entredicho por algunos historiadores críticos que consideran que donde Heródoto decía trirremes quería decir en realidad pentecónteros, lo cierto es que ya a partir de fines del siglo VI a.C. comienza a hacerse extensivo el uso del trirreme entre los distintos pueblos del Mediterráneo.

Los pentecónteros constituían un tipo de navíos de guerra impulsados por cincuenta remeros anteriores al trirreme, como de igual manera lo fueron los triacóntoros o los birremes, caracterizados por disponer de dos niveles de filas de remeros. Los triacónteros, impulsados por treinta remeros, fueron los navíos que en la Iliada Homero identificó con las negras naos, aquellas que los aqueos utilizaron en su expedición militar a Troya. El pentecóntero dejó de utilizarse hacia fines del siglo VI a.C., coincidiendo con la aparición del trirreme.

Algunos autores atribuyen la invención del trirreme a los fenicios:

76.7. Hemos oído que los persas fueron los primeros que fabricaron un carro, una cama y un escabel; y los sidonios aparejaron la nave trirreme. (Clemente de Alejandría (siglo II – c. 214), “Stromata” – Libro I, Capítulo XVI: Origen bárbaro de las invenciones. Invenciones de los pueblos bárbaros)

Aunque hay controversia sobre si los relieves que representan estos tipos de navíos atribuidos a los fenicios, se corresponden en realidad con birremes, en lugar de con auténticos trirremes.

No obstante, aun atribuyéndoseles la paternidad del tipo de navío de guerra conocido como trirreme a los fenicios, no se retrasaría su invención más allá de la segunda mitad del siglo VIII a.C, época hacia la que también Tucídides atribuye su invención a los corintios. Histórica y arqueológicamente, la realidad del trirreme surcando las aguas del mediterráneo solo está documentada a partir de la segunda mitad del siglo VI a.C.

Teniendo en cuenta que la historia de la Atlántida que Platón pone en boca de Critias no es una historia griega, sino una historia egipcia contenida en jeroglíficos representados en el templo de Neith en Sais, es difícil imaginar en que contexto podía estar representado el jeroglífico correspondiente al trirreme en ese templo egipcio visitado por Solón en una fecha en torno a la primera mitad del siglo VI a.C..

Los historiadores griegos Heródoto (484 –  425 a.C.) y Tucídides (460 – 396 a.C.), están entre los primeros que citan al trirreme en sus escritos, pero la mención más antigua a este tipo de navío de guerra se atribuye el poeta también griego Hiponacte de Héfeso, que se considera vivió en algún período impreciso de tiempo comprendido en el siglo VI a.C..

Solón en su época podía conocer de pentecóntero, triacóntoro, o birreme, pero no de trirreme. Digamos que si este hubiera querido adaptar la denominación transmitida por el sacerdote de Sais del jeroglífico que en el templo de Neith aludía a las naves de guerra de Atlántida al conocimiento de los griegos de la primera mitad del siglo VI a.C, hubiera utilizado una terminología referida a una de estos tres tipos de navíos de guerra.

¿Por qué habla entonces Platón de la presencia en la flota de guerra de Atlántida de trirremes?..