Analogías indias con Tartessos y la Atlántida

Estrella tartéssica

En una de las escasas obras que sobre escritura proto india han proliferado entre especialistas occidentales se puede leer el siguiente texto:

Los protoindios, como han revelado las inscripciones, fueron los descubridores de los movimientos del Sol a través del cielo, lo cual fue el fundamento del sistema zodiacal. Su zodíaco tenía solamente ocho constelaciones y cada constelación se suponía que era una “forma de Dios”. Todas esas formas de Dios finalmente vinieron a ser deidades que presidían cada constelación; así sucedió en Roma, por ejemplo. Las ocho indias son: Edu (carnero), Yal (arpa), Nand (cangrejo), amma (madre), Tuk (balanza), Kani (saeta), Kuda (jarro), Min (pez)». El sistema dodecanario del zodíaco sólo aparece en la forma en que actualmente lo conocemos a partir del siglo VI antes de Jesucristo. (1)

La divinidad solar recorre las ocho constelaciones para completar el año estacional, siendo que el paso por cada una de ellas se manifiesta en la personificación de una forma divina. Con la llegada del budismo a la India, que coincide con el siglo VI a.C. al que hace alusión H. Heras, se produce el paso del calendario zodiacal de ocho constelaciones al de doce que ha persistido hasta nuestro tiempo.

 Ãn” como vocablo que abarca la idea de superioridad y de subsistencia por si mismo y que era identificado también con el Sol, “Uyarel ire per kadavul”, “El gran dios que es el alto Sol”. Ésta identificación es primordial para comprender la idiosincrasia de ésta religión, pues el Sol al recorrer las ocho constelaciones/periodos del calendario proto-indio, tomaba en cada mes la personificación en correspondencia. Así, los meses/periodos eran “Edu”, el carnero, y con el que empezaba el año; “Yal”, el arpa; “Nand” (6,4) , el cangrejo; “Amma” (1,12), la madre; “Tûk” (1,3) , la balanza; “Kani” (4,8), la saeta; “Kuda” (19,8), el jarro; y “Mîn” (4,10), el pez. Como consecuencia de su identificación con cada uno de los ocho meses/periodos del año , se daba al dios Ãn el nombre de “El dios de la ocho formas”, “Et kadavul” y así nos relata el texto:, “Adu tali per mÎn orida et kadavul” (4) , “Este, el dios de la ocho formas, el gran pez, al que se le hacen aspersiones (adoraciones)”. (2)

La estrella de ocho puntas en Tartessos y en la tradición religiosa india

Las ocho deidades, o más bien ocho formas de la deidad primigenia, que presiden cada una de las constelaciones shivaíticas según H. Heras, podrían darnos una primera aproximación al simbolismo del número ocho en la primitiva religiosidad india, pero también en la de las gentes que habitaron en el segundo y primer milenio a.C. en el sur de la península ibérica, y que algunos autores han llamado tartéssicos, siendo mas tarde identificados estos con los turdetanos. La estrella de ocho puntas se puede ver en fragmentos de cerámica de la Cueva de la Carigüela de Piñar en la provincia de Granada, o en la Cueva de Jimena de la Frontera en la de Cádiz, entre otros lugares arqueológicos.

Este conocido símbolo turdetano que algunos arqueólogos han denominado estrella tartéssica, se supone compuesto de la superposición de dos cuadrados concéntricos de los que uno de ellos ha sido girado 45 grados, resultado de lo cual surge una estrella de ocho puntas.

Las ocho constelaciones de las gentes del Valle del Indo de las que habló H. Heras (1) , pudo haber tenido una derivación tardía en la estrella de ocho puntas que la tradición religiosa india asocia a la diosa Laksmí, o en la flor de loto de ocho pétalos del budismo.

En la religiosidad india alegoriza la manifestación del mundo físico como creación de la divinidad, siendo que cada pétalo alude a uno de los cinco elementos, tierra, agua, fuego, aire, y éter, y a las potencialidades humanas del intelecto, la mente, y el ego. Esta simbología de la flor de loto de ocho pétalos aparece en una manifestación tardía de la religiosidad india, el hinduismo, donde en sánscrito se la denomina apara-prakriti o naturaleza inferior:

 La Tierra, el agua, el fuego, el viento, / el éter, la mente, la razón, el yo: esta/ Naturaleza mía está escindida en ocho partes. (3)

El principio creador se escinde en ocho partes para manifestarse en la realidad física, que es el mundo perceptible por los sentidos naturales y las capacidades intelectuales humanas. Esta escisión en ocho partes se corresponde con la naturaleza inferior, pero aquel principio creador se asigna a si mismo otra naturaleza superior que es la verdadera mantenedora del mundo:

Es la inferior: pero otra/ Naturaleza superior de Mí conoce, el Ser Viviente, oh el de los Grandes Brazos,/ por el cual este mundo se mantiene. (3)

Hay que tener en cuenta que un mismo arquetipo puede variar su simbolismo de una cultura a otra, e incluso dentro de una misma cultura experimentar evolución en su significado a través del tiempo. En el caso de la simbología india es más evidente la evolución de los significados arquetípicos, dada la gran diversidad de aportaciones culturales y religiosas que esta sufrió a lo largo de su dilatada historia.

Obviamente, tal diversidad debió repercutir en el significado que un mismo arquetipo que conserva su apariencia externa, pudo experimentar en áreas que aunque ligadas por nexos económicos y culturales, se ven sometidas a influencias diferentes por el efecto geografico, caso de la estrella de ocho puntas tartéssica en relación con la estrella de ocho puntas india de Laksmí.

La diosa india Sarasvati y el Bronce Carriazo

La divinidad india Sarasvati se reconoce en su manifestación más primitiva en la diosa Jansá Vahini, de la que se decía que tenía como vehículo un ánsar indio, un ave que habita en el Asia central, pero que en invierno emigra a las regiones húmedas de la India, al lado de cuyas corrientes de agua crece la flor del loto, de ahí la asociación de la diosa Sarasvati o Jansá Vahini con el ánsar y la flor del loto. Quizás aparezca en esta identificación de la diosa india una relación con la iconografía contenida en el Bronce Carriazo atribuido por algunos arqueólogos a la cultura tartéssica del sur de la península ibérica.

Se la suele representar en los márgenes del rio Sárasuati, lo que parece relacionarla con la naturaleza de las divinidades acuáticas, y por ello con un origen más antiguo que el de otras divinidades femeninas indias. Este rio tiene importancia en los textos del Rig Veda, donde es mencionado numerosas veces (4). De hecho, la diosa Sarasvati comenzó siendo una personificación de este río.

La Batalla de los diez reyes y el mito de la guerra de Atlántida con la Atenas primitiva

La “Batalla de los diez reyes” es un hito guerrero relatado en el Rig Veda (5) donde se narra la derrota de una coalición de diez reyes a de diez reyes que intentaban conquistar el reino de Sudás, ubicado en el Punyab, entre los ríos Sarasvati y el Ganges.

El lingüista alemán Karl Friedrich Geldner (1852 – 1929), especialista en sánscrito védico escribió sobre la alusión en estos himnos védicos a la “Batalla de los diez reyes” que estarían “obviamente basados en un hecho histórico” (6).

 Al parecer Sudás y sus hombres lograron cruzar el Parusni con seguridad, mientras que sus enemigos, tratando de alcanzarlos, se ahogaron por una inundación, o fueron asesinados por los hombres del rey Sudás. (7)

La batalla parece enmarcarse en una disputa entre tribus arias durante su avance en el norte de la India, y puede estar fechada entorno a la mitad del segundo milenio a.C.. Este enfrentamiento inter-ario, en el que una coalición de diez tribus se vio enfrentado a la de Sudás, quien pese a todo pronostico resistió victoriosamente el avance de dicha coalición, pudo tener su reflejo mítico en la epopeya que Platón narra en el Timeo cuando habla de la guerra que la Atenas primitiva sostuvo con la coalición de los diez reyes de Atlántida (8).

Las analogías entre la civilización del Valle del Indo, diversos aspectos de la cultura del sur de la península ibérica atribuidos por algunos sectores del mundo de la arqueología a Tartessos, y el relato mítico de Platón sobre la Atlántida, son a mi entender más que evidentes.

Del Valle del Indo se puede decir sin exagerar que fue la cuna de una extraordinaria civilización que alcanzó altas cotas de desarrollo político, cultural, religioso, y tecnológico. Tal vez haya influido en el surgimiento de la civilización occidental en unos niveles que hasta ahora la historia y la arqueología parecen ignorar.

Quizás sea de justicia reconocer que el Mediterráneo no ha sido tan centro del mundo como hipnóticamente nos han hecho creer.

Notas
1. “La escritura Proto-Indica y su desciframiento” – H. Heras S.J., Barcelona 1940
2. Culturas del Valle de Indo: Los estados teocráticos y su manifestaciónes en la escritura proto-índica. (I), tomado a su vez de la obra de Jorge Quintana Vives, “Aportaciones a la interpretación de la escritura proto-índica” de 1946
3. Bhagavad-Gîtâ, Canto VII, 4-5, Edhasa 1988
4. Nadi stuti, Rig Veda 10:75. Los himnos 6:61, 7:95 y 7:96 están enteramente dedicados a este rio.
5. Rig Veda, Mándala 7, himnos 18:33 y 83:4-8
6. Der Rig-Veda aus dem sánscrito ins Deutsche übersetzt (3 vols.), Londres y Wiesbaden, 1951
7. Rig Veda, Mándala 7, himno 18:5
8. Diálogos de Platón, Timeo 25 a-d
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El origen indio de Tartessos según la hipótesis del pavo real

El dios astado Pashupati-Shiva en un sello del Indo

En el antiguo mundo Mediterráneo del primer milenio a.C. , había geógrafos e historiadores griegos de la época Clásica que mencionaban en sus obras a una entidad siempre indefinida a la que denominaban Tartessos, y con la que mantenían importantes relaciones comerciales según se deduce de las crónicas griegas.

En los textos bíblicos que los hebreos redactaron hacia la misma época en que los autores griegos clásicos elaboraban los suyos, se recogen algunas menciones también de manera difusa a una entidad a la que se alude como Tarsis, relacionada con los conceptos de naves y comercio.

Ya fuera del mundo estrictamente Mediterráneo, en culturas urbanas de Mesopotamia como Sumer y Accad se recogen menciones escritas a un país llamado Meluhha, del que a diferencia de la Tartessos de los griegos o de la Tarsis de los hebreos, si que hay evidencias históricas y arqueológicas de las relaciones comerciales que los pueblos mesopotámicos mantenían con Meluhha, un territorio del que no se sabía exactamente su ubicación geográfica, pero si que estaba en algún lugar del mar que se extendía más allá de los ríos.

Tartessos, Tarsis y Meluhha, aludían al nombre de un supuesto pueblo de comerciantes del que no se conocía donde estaba exactamente ubicado. En el caso de la aparición de los términos Tartessos y Tarsis en los textos de griegos y hebreos respectivamente, no pasan estos de ser más que vagas alusiones a una entidad teórica de la que no hay evidencia histórica ni arqueológica alguna.

Respecto a Meluhha, hay evidencias arqueológicas que relacionan este lugar con la región del Valle del Indo, la más conocida de las cuales es la presencia en Mesopotamia (1) de los llamados sellos del Indo, usados como signos identificativos tanto en las transacciones mercantiles de las urbes del Valle del Indo con el resto del mundo, como en sus documentos internos administrativos.

Los tres nombres aluden a una entidad marítima con la que se comerciaba pero de la que no tenían constancia de donde se encontraba exactamente ubicada, ya que este aspecto no es mencionado en los textos mesopotámicos, hebreos, ni griegos. Que los griegos que contaban con reputados especialistas en historia y geografía ignorasen la ubicación exacta de un territorio como Tartessos del que importaban importantes contingentes de metales como la plata y el oro es sumamente extraño.

¿Podía un poderoso y rico reino de mercaderes como Tartessos ocultarse en las tierras de Iberia sin que los griegos, fenicios, u otros pueblos mediterráneos conociesen su ubicación exacta?. Siempre eran las naves de Tartessos o Tarsis las que venían con sus mercancías a Grecia o Palestina..¿porque no se conocen textos griegos que hablen de naves griegas o fenicias que fuesen a comerciar a tierras de Tartessos?.

La hipótesis es que la Tartessos de los textos griegos o la Tarsis bíblica no eran ningún reino de poderosos y ricos mercaderes situado en algún punto desconocido de la península ibérica, sino el nombre de meras factorías comerciales que eran a su vez colonias de reinos que no estaban situados en ningún territorio relacionado con el Mediterráneo ni Mesopotamia, sino con el Valle del Indo, en la costa oeste de la península indostánica. Estas factorías comerciales habrían estado ubicadas tanto en el sur de la península ibérica como en el norte del actual Marruecos, y constituían escalas obligadas para los marinos indios que provenientes de sus lejanas tierras bordeaban la costa africana y llegaban a las puertas del Mediterráneo, donde en los lugares que los griegos denominaban Tartessos tenían establecimientos permanentes en los que vivir en seguridad y reabastecerse de víveres y mercancías con las que luego retornaban a sus lugares de origen el en Valle del Indo. A partir de Tartessos, iniciaban su periplo mercantil hacia Egipto y el Levante Mediterráneo, siendo que para los pueblos situados en esos lugares, el occidente Mediterráneo era de donde procedían los marinos que cargados de metales y exóticas mercancías arribaban a sus puertos.

La Tarsis bíblica en la costa del Valle del Indo

porque el rey tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. (1 Reyes 10,22)

Este versículo bíblico se inserta en el contexto de la descripción de la visita de la reina de Saba a Jerusalén en tiempos del rey Salomón. La mención a Tarsis y a los pormenores que a este nombre se le asocian, tales como el oro, la plata, el marfil, los monos, y los pavos reales, o las naves que cargadas de estos productos llegaban a Jerusalén cada tres años, constituyen todos ellos elementos que pudieran identificar algún lugar real, aunque el relato bíblico sobre la visita de Belkis a Jerusalén fuese en si mismo ficticio, del que era conocido en el Mediterráneo Oriental por ser el origen de la importación comercial de esos productos.

Bajo este supuesto, cabría preguntarse de que zona podían provenir una naves que traían en sus bodegas oro, plata, marfil, monos…y pavos reales. Los pavos reales no son naturales de Europa, Africa, ni el Creciente Fértil asiático, lo son de ciertas regiones de Asia. Hay una variedad de pavo en lo profundo de las selvas africanas del Congo, pero que no tiene nada que ver con el pavo real asiático.

Alejandro Magno lo trajo al Mediterráneo a raíz de la expedición militar que le llevó hasta el Indo en la india (334 a.C – 323 a.C.), aunque Aristóteles (384 a.C – 322 a.C.) ya lo menciona en su “Investigación sobre los Animales”, una obra de historia natural donde establece una clasificación de los animales. Aristóteles lo conocía, aunque este animal era extremadamente raro de ver entonces en Grecia, y solo era su presencia debida a la excentricidad de algún acaudalado noble griego. Lo cierto es que ya antes de Alejandro Magno, este exótico animal proveniente de la India era conocido en el Mediterráneo Oriental.

Ubicación del pavo real según National Geographic

El libro veterotestamentario de 1 Reyes lo nombre en el capítulo 10 versículo 22, en relación a un lugar llamado Tarsis del que procedían unas naves cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales. Lo primero que cabría preguntarse al respecto es ¿que lugar podían ser ese en el que se daban todos esos productos a la vez?. Y lo segundo..¿por qué las naves cargadas de esos productos tardaban en venir un tiempo tan prolongado como tres años según el relato veterotestamentario contenido en el libro de 1 Reyes?..

Tartessos fue una colonia india de Lothal

Desde el segundo milenio a.C., Lothal, grandiosa urbe india del Valle del Indo, tenía relaciones comerciales con el mundo Mediterráneo. Existía una ruta comercial a través del Golfo Pérsico, que conectaba Lothal con las culturas mesopotámicas (1), y una ruta que bordeaba Africa, pasaba por el estrecho de Gibraltar, y llegaba hasta Egipto y otras zonas del levante Mediterráneo. Dado el inmenso periplo marítimo que los marinos de Lothal debían realizar para llegar hasta las áreas geográficas de Egipto y el oriente Mediterráneo, establecieron una colonia comercial ubicada al occidente del Estrecho de Gibraltar, en un área a la que en el segundo milenio a.C. no llegaban aún las ambiciones imperialistas de las potencias Mediterráneas.

Representación de Lothal en el Valle del Indo

Lothal no se estableció exclusivamente en el territorio peninsular ibérico, sino que lo hizo también en la costa del Marruecos actual, siendo entonces que ambas áreas situadas al norte y sur del Estrecho de Gibraltar conformaban el territorio nebuloso que en los textos griegos pasó a denominarse Tartessos.

Las alusiones bíblicas a Tarsis, recogidas en textos elaborados con posterioridad al cautiverio en Babilonia (607 a.C. – 537 a.C.), no hacían sino recoger de manera vaga e inconcreta historias antiguas que circulaban por el Mediterráneo Oriental relativas a un misterioso pueblo de comerciantes con el que desde tiempo inmemorial se realizaban transacciones mercantiles. Los marinos de Lothal llevaban a los puertos del Mediterráneo la memoria de su mundo..la ciudad que poseía un gran puerto unido a través de un canal a un rio, el Sibarmati, que hacía que fuese posible la navegación de sus grandes naves hasta el mar. La ciudad perecería inundada bajo las aguas según la documentación arqueológica disponible.

Después de que el corazón de la civilización de Indus había decaído en Mohenjo-daro y Harappa, parece no sólo que Lothal ha sobrevivido, pero ha prosperado durante muchos años. Sus amenazas constantes, tormentas tropicales e inundaciones, causaron la destrucción inmensa, que desestabilizó la cultura y por último causó su final. El análisis topográfico también muestra signos que en aproximadamente el tiempo de su fallecimiento, la región sufrió de la aridez o debilitó la precipitación del monzón. Así la causa para el abandono de la ciudad puede haber sido cambios del clima así como catástrofes, como sugerido por archivos magnéticos ambientales. Lothal está basado en un montículo que era un pantano de sal inundado por la marea.

Fuente: aquí

Lothal

Fue una gran urbe fundada hacia el 2.400 a.C. en el Valle del Indo, que contaba, según la documentación histórica y arqueológica disponible, con una importante flota mercante que comerciaba con lugares lejanos tanto en Extremo Oriente como en Egipto y Mesopotamia. Hacia el siglo XX a.C. Lothal pereció bajo las aguas debido a una combinación de fuertes lluvias monzónicas y desbordamientos de los ríos que la rodeaban, según la constatación arqueológica.

A partir del siglo XVIII a.C. se produjo un renacimiento de la ciudad y con el un nuevo resurgir de su antiguo esplendor marítimo y mercantil, pero de nuevo hacia el 1.500 a.C. otras devastadores inundaciones terminaron por arrasar la gran urbe india.

Fue durante este segundo período de esplendor, que en el Mediterráneo coincide con la edad del Bronce Medio, cuando los marinos de Lothal se lanzaron a bordear las costas africanas en busca de una ruta marítima directa que les permitiese comerciar a gran escala con Egipto y los puertos situados al norte de las urbes sumerias y acadias. Fue a impulsos de esta iniciativa comercial que sus navíos alcanzaron por primera vez las puertas del Mediterráneo.

En los territorios europeos y africanos situados al oeste del estrecho de Gibraltar vieron el lugar idóneo donde instalar bases avanzadas desde la que lanzar posteriormente sus navíos a la actividad comercial en el Mediterráneo oriental. Es significativo el nivel tecnológico alcanzado en el Valle del Indo, hasta el punto de que los marinos de Lothal conocían ya en esta época un instrumento para orientarse durante la navegación que usaban a modo de brújula:

Un objeto de la cáscara parecido a un anillo grueso encontró con cuatro rajas que cada uno en dos márgenes sirvió como una brújula para medir ángulos en superficies planas o en el horizonte en múltiplos de 40 grados, hasta 360 grados. Tales instrumentos de la cáscara probablemente se inventaron para medir 8–12 secciones enteras del horizonte y cielo, explicando las rajas en los márgenes inferiores y superiores. Los arqueólogos consideran esto como pruebas que los expertos de Lothal habían conseguido algo 2,000 años antes de los griegos: una 8–12 división del pliegue de horizonte y cielo, así como un instrumento para medir ángulos y quizás la posición de estrellas, y para navegación. (2)

De hecho, es posible que la técnica del bronce fuese introducida en el sur de la península Ibérica por culturas procedentes del Valle del Indo, y de ahí se expandiese posteriormente hacia el centro y norte del territorio peninsular.

Probablemente Lothal solo fue la colonizadora primigenia durante la edad del Bronce Medio de los territorios ibéricos y marroquíes que ya en el primer milenio a.C. serían conocidos como Tartessos en los textos griegos o como Tarsis en los bíblicos. La destrucción por la fuerza de las aguas que esta urbe del Valle del Indo sufrió hacia mediados del segundo milenio a.C. no le permitió ser la protagonista de la historia posterior de Tartessos. Lo que debió de ocurrir fue que después de la desaparición de Lothal como potencia marítima, sus factorías coloniales tartéssicas continuaron siendo el punto de llegada de diversas expediciones marítimas procedentes de distintas localidades del Valle del Indo. Tartessos pasó a no estar bajo la férula de ningún rey indio en concreto, puesto que tales factorías comerciales pasarían a ser de uso comunitario. Una confederación de urbes del Valle del Indo harían uso conjunto de estas colonias-factorías situadas a las puertas del Mediterráneo.

La población de estas colonias-factorías podía variar dependiendo de los ciclos de llegada de las naves indostánicas, lo que entonces incidía en un mayor flujo hacia las mismas de las poblaciones locales de los alrededores, con motivo del incremento de la actividad comercial que entonces se generaban en torno a estas. Esta condicionalidad que provocaba la alteración poblacional de las colonias tartéssicas podía ser el motivo de que su localización geográfica exacta fuese de difícil ubicación en la primera mitad del primer milenio a.C. , de ahí la ignorancia que al respecto mostraban los textos de geógrafos e historiadores griegos.

Las historias que los marinos de Tartessos habían propagado por el Mediterráneo respecto al hundimiento bajo las aguas de la lejana Lothal, y a la confederación de reyes del Valle del Indo que la sustituyó para hacerse cargo de las colonias-factorías tartéssicas, pasaron a los marinos griegos, y de boca de estos pudieron llegar al filosofo Platón para inspirar su metahistoria oceánica acerca de un poderoso imperio insular de la Antigüedad surgido de la confederación de diez reyes, que había perecido bajo las aguas después de una épica guerra sostenida con la Atenas primitiva.

Porque los marinos del Valle del Indo tomaron el Mediterráneo como ruta comercial

Los navíos de la confederación india no comerciaban exclusivamente con Egipto, sino que además lo hacían con las urbes palestinas, los hititas, Creta, o los reinos micénicos. Una ruta marítima a través del Mar Rojo que supuestamente llegase a algún punto de la costa egipcia podía servir para establecer comercio con el país de los faraones, pero no con el resto de pueblos del Mediterráneo Oriental, y además, un comercio a gran escala como el que efectuaban las naves de Tarsis (confederación de urbes indostánicas), no podía hacerse atravesando el desierto desde un punto de la costa del Golfo Pérsico o desde el Mar Rojo hasta la costa del Levante Mediterráneo. Sería técnicamente imposible.

Al respecto es interesante lo que se dice en el libro bíblico de Ezequiel con referencia a Tiro y su comercio con Tarsis:

Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte: en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías. (Ezequiel 27, 12)

Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías. Así llegaste a ser opulenta y muy rica en el corazón de los mares. (Ezequiel 27, 25)

La navegación habitual se hacía siempre navegando en paralelo a la línea de costa, sin perder nunca esta de vista. La ruta comercial más practicada entre Tiro y Gadir era la que pasaba por el sur del Mediterráneo, en paralelo a la costa africana. Con las escalas pertinentes, lo normal era que este trayecto se hiciese en 80 o 90 días.

Otro pasaje bíblico dice respecto al comercio con Tarsis:

porque el rey tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. (1 Reyes 10,22)

El hecho de que según se dice en 1 Reyes 10,22 los navíos cargados con mercancías procedentes de Tarsis arribasen a la costa palestina cada tres años, pudiera ser indicativo de la lejanía de la cual procedían. Lógico cuando para su travesía mercantil debían bordear el Cabo de las Tormentas, situado al borde meridional de Africa, y ruta obligada hacia la India. No es que el periplo marítimo desde el Valle del Indo durase tres años, sino que dada la lejanía del territorio con el que se establecían esas relaciones comerciales, el viaje solo era rentable cada cierto período de tiempo, tres años en este caso. Por otro lado, el único lugar lógico del que se podían importar productos como monos, marfil, oro, plata, y pavos reales, y con el que se comerciaba cada tres años, era de las culturas urbanas del Valle del Indo. Los datos zoológicos dados en el texto bíblico son significativos al respecto.

Algunas apreciaciones sobre el culto

La importancia del ganado bovino, bueyes o toros, en la economía de las regiones sur occidentales tiene su reflejo en el mito griego de Gerión y su manada sagrada. En algunas estelas supuestamente tartéssicas aparecen dibujos de personajes tocados con cascos de cuernos. La sacralidad del toro en aquellas tierras peninsulares constituye un elemento que según la evidencia arqueológica pudiera formar parte de la religiosidad y los ritos asociados a esta que practicaban las gentes que las poblaban.

Constatando histórica y arqueológicamente la existencia de un culto al toro en el Valle del Indo, se puede decir que este era ya practicado en tiempos pre arios (c. 1. 500 a.C.). El culto a este animal en los territorios indios tenía relación con una religión naturista y el concepto de fertilidad asociado a ella. Shiva era una divinidad también conocida antes de la invasión aria a la que se le atribuía una danza ritual que culminaba cuando tomaba por montura a un toro blanco, acto de dominio que venía a simbolizar a su vez el control de los impulsos sexuales lujuriosos.

El culto a Shiva parece haber derivado del de un antiquísimo “dios astado” llamado Pashupati, cuya representación en uno de los característicos sellos del Indo fue descubierta por John Hubert Marshall durante las excavaciones que desenterraron las extraordinarias civilizaciones del Indo a partir de la década de los 20, fundamentalmente Muhenjo-Daro y Harappa, a la que pertenecería la ciudad de Lothal (3). Precisamente en los sellos de Lothal y otras urbes del valle del Indo se representaban toros.

Diversos sellos del Indo de la época Harappa con representación de astados

La idea es que el culto a este animal pudo haber sido introducido en la península Ibérica y otras zonas del Mediterráneo por los marinos de Lothal durante el Bronce Medio, al igual que también pudieron haber introducido la técnica del trabajo del bronce por este mismo camino.

Religión

Algunos aspectos importantes de la religión de esta Cultura del Valle del Indo, se pueden inferir por las artes menores documentadas en las excavaciones.
Una figurilla femenina de terracota de abultados senos, hallada en Mohenjo-Daro, está vinculada, con seguridad, al culto de la Diosa Madre, y ponen en relación el valle del Indo con Elam, Mesopotamia, Anatolia y con el Mar Egeo. Otra diosa, o quizás la misma, se representa en un sello sentada sobre un árbol pipal o brotando de él. Un devoto se arrodilla ante ella. Siete fieles están debajo de la diosa. Se trata, muy probablemente, de la epifanía de un espíritu arbóreo. (4)

Los habitantes del Valle del Indo que primeramente pudieron colonizar Tartessos no practicaban el hinduismo bajo la forma en que tradicionalmente lo conocemos. Lo suyo era una religión animista de cultos agrícolas, pastoriles, y de veneración por una Diosa Madre primordial. Obviamente, el aislamiento a decenas de miles de kilómetros de su tierra natal de los primigenios colonizadores de Lothal, habría producido que al ingresar en la península Ibérica con un determinado sistema de cultos religiosos, conservasen estos al margen de las nuevas aportaciones religiosas que si asimilarían los habitantes de sus metrópolis de procedencia.

El lógico desarrollo cultural durante los siguientes mil años, les haría a los indios de Tartessos evolucionar en su culto a partir de las creencias con las que se asentaron primigeniamente en la península y de la influencia de los cultos nativos con los que era fácil mezclarse, dado sobre todo que las poblaciones locales con las que se toparon practicaban también ritos naturistas de adoración a la Madre Tierra. Teniendo en cuenta la inmensa distancia con las tierras del Valle del Indo, y el contacto muy escaso que tenían con estas, es de sentido común pensar que no tenían por qué haberse contaminado de las sucesivas innovaciones religiosas que durante esos mil años si que marcarían de manera determinante las creencias de los habitantes del Valle del Indo. Esa sería la razón por la que debieron desarrollar la estructura de su universo religioso a partir de pautas propias y de las influencias de las poblaciones íberas de su entorno.

¿Por qué despareció bruscamente Tartessos hacia fines del siglo VI a.C.?

La respuesta a esta interrogante se puede encontrar en la propia historia de la civilización del Valle del Indo.

Cuando en el año 518 a.C. el rey de los persas Darío I conquista el Valle del Indo, anula la autonomía política de las urbes sometidas a su dominio, lo que conllevó una ruptura brusca de las comunicaciones con Tartessos. Al verse privadas las colonias-factorías repentinamente de la asistencia de la confederación de ciudades indias, estas dejaron de funcionar y fueron abandonadas. Esas tierras fueron entonces terreno abonado para caer en manos de las potencias mediterráneas.

Notas
1. S. R. Rao (1985). Archaeological Survey of India. ed. Lothal. p. 11
2. Fuente: KnowledgrES.com
3. Marshall, Sir John, Mohenjo Daro y la civilización del Indo, Londres 1931
4. La cultura del Valle del Indo, Revista de Arqueología, Año XVI, Nº 172, J. M. Blázquez Zugarto Ediciones, Madrid, 1995 Original

Tartessos, indios por el oeste

El dios astado Pashupati-Shiva en un sello del Indo

En el antiguo mundo Mediterráneo del primer milenio a.C. , había geógrafos e historiadores griegos de la época Clásica que  mencionaban en sus obras a una entidad siempre indefinida a la que denominaban Tartessos, y con la que mantenían importantes relaciones comerciales según se deduce de las crónicas griegas.

En los textos bíblicos que los hebreos redactaron hacia la misma época en que los autores griegos clásicos elaboraban los suyos, se recogen algunas menciones también de manera difusa a una entidad a la que se alude como Tarsis, relacionada con los conceptos de naves y comercio.

Ya fuera del mundo estrictamente Mediterráneo, en culturas urbanas de Mesopotamia como Sumer y Accad se recogen menciones escritas a un país llamado Meluhha, del que a diferencia de la Tartessos de los griegos o de la Tarsis de los hebreos, si que hay evidencias históricas y arqueológicas de las relaciones comerciales que los pueblos mesopotámicos mantenían con Meluhha, un territorio del que no se sabía exactamente su ubicación geográfica, pero si que estaba en algún lugar del mar que se extendía más allá de los ríos.

Tartessos, Tarsis y Meluhha, aludían al nombre de un supuesto pueblo de comerciantes del que no se conocía donde estaba exactamente ubicado. En el caso de la aparición de los términos Tartessos y Tarsis en los textos de griegos y hebreos respectivamente, no pasan estos de ser más que vagas alusiones a una entidad teórica de la que no hay evidencia histórica ni arqueológica alguna.

Respecto a Meluhha, hay evidencias arqueológicas que relacionan este lugar con la región del Valle del Indo, la más conocida de las cuales es la presencia en Mesopotamia (1) de los llamados sellos del Indo, usados como signos identificativos tanto en las transacciones mercantiles de las urbes del Valle del Indo con el resto del mundo, como en sus documentos internos administrativos.

Los tres nombres aluden a una entidad marítima con la que se comerciaba pero de la que no tenían constancia de donde se encontraba exactamente ubicada, ya que este aspecto no es mencionado en los textos mesopotámicos, hebreos, ni griegos. Que los griegos que contaban con reputados especialistas en historia y geografía ignorasen la ubicación exacta de un territorio como Tartessos del que importaban importantes contingentes de metales como la plata y el oro es sumamente extraño.

¿Podía un poderoso y rico reino de mercaderes como Tartessos ocultarse en las tierras de Iberia sin que los griegos, fenicios, u otros pueblos mediterráneos conociesen su ubicación exacta?. Siempre eran las naves de Tartessos o Tarsis las que venían con sus mercancías a Grecia o Palestina..¿porque no se conocen textos griegos que hablen de naves griegas o fenicias que fuesen a comerciar a tierras de Tartessos?.

La hipótesis es que la Tartessos de los textos griegos o la Tarsis bíblica no eran ningún reino de poderosos y ricos mercaderes situado en algún punto desconocido de la península ibérica, sino el nombre de meras factorías comerciales que eran a su vez colonias de reinos que no estaban situados en ningún territorio relacionado con el Mediterráneo ni Mesopotamia, sino con el Valle del Indo, en la costa oeste de la península indostánica. Estas factorías comerciales habrían estado ubicadas tanto en el sur de la península ibérica como en el norte del actual Marruecos, y constituían escalas obligadas para los marinos indios que provenientes de sus lejanas tierras bordeaban la costa africana y llegaban a las puertas del Mediterráneo, donde en los lugares que los griegos denominaban Tartessos tenían establecimientos permanentes en los que vivir en seguridad y reabastecerse de víveres y mercancías con las que luego retornaban a sus lugares de origen el en Valle del Indo. A partir de Tartessos, iniciaban su periplo mercantil hacia Egipto y el Levante Mediterráneo, siendo que para los pueblos situados en esos lugares, el occidente Mediterráneo era de donde procedían los marinos que cargados de metales y exóticas mercancías arribaban a sus puertos.

Lothal

Fue una gran urbe fundada hacia el 2.400 a.C. en el Valle del Indo, que contaba, según la documentación histórica y arqueológica disponible, con una importante flota mercante que comerciaba con lugares lejanos tanto en Extremo Oriente como en Egipto y Mesopotamia. Hacia el siglo XX a.C. Lothal pereció bajo las aguas debido a una combinación de fuertes lluvias monzónicas y desbordamientos de los ríos que la rodeaban, según la constatación arqueológica.

A partir del  siglo XVIII a.C. se produjo un renacimiento de la ciudad y con el un nuevo resurgir de su antiguo esplendor marítimo y mercantil, pero de nuevo hacia el 1.500 a.C. otras devastadores inundaciones terminaron por arrasar la gran urbe india.

Fue durante este segundo período de esplendor, que en el Mediterráneo coincide con la edad del Bronce Medio, cuando los marinos de Lothal se lanzaron a bordear las costas africanas en busca de una ruta marítima directa que les permitiese comerciar a gran escala con Egipto y los puertos situados al norte de las urbes sumerias y acadias. Fue a impulsos de esta iniciativa comercial que sus navíos alcanzaron por primera vez las puertas del Mediterráneo.

En los territorios europeos y africanos situados al oeste del estrecho de Gibraltar vieron el lugar idóneo donde instalar bases avanzadas desde la que lanzar posteriormente sus navíos a la actividad comercial en el Mediterráneo oriental. Es significativo el nivel tecnológico alcanzado en el Valle del Indo, hasta el punto de que los marinos de Lothal conocían ya en esta época un instrumento para orientarse durante la navegación que usaban a modo de brújula:

Un objeto de la cáscara parecido a un anillo grueso encontró con cuatro rajas que cada uno en dos márgenes sirvió como una brújula para medir ángulos en superficies planas o en el horizonte en múltiplos de 40 grados, hasta 360 grados. Tales instrumentos de la cáscara probablemente se inventaron para medir 8–12 secciones enteras del horizonte y cielo, explicando las rajas en los márgenes inferiores y superiores. Los arqueólogos consideran esto como pruebas que los expertos de Lothal habían conseguido algo 2,000 años antes de los griegos: una 8–12 división del pliegue de horizonte y cielo, así como un instrumento para medir ángulos y quizás la posición de estrellas, y para navegación. (2)

De hecho, es posible que la técnica del bronce fuese introducida en el sur de la península Ibérica por culturas procedentes del Valle del Indo, y de ahí se expandiese posteriormente hacia el centro y norte del territorio peninsular.

Probablemente Lothal solo fue la colonizadora primigenia durante la edad del Bronce Medio de los territorios ibéricos y marroquíes que ya en el primer milenio a.C. serían conocidos como Tartessos en los textos griegos o como Tarsis en los bíblicos. La destrucción por la fuerza de las aguas que esta urbe del Valle del Indo sufrió hacia mediados del segundo milenio a.C. no le permitió ser la protagonista   de la historia posterior de Tartessos. Lo que debió de ocurrir fue que después de la desaparición de Lothal como potencia marítima, sus factorías coloniales tartéssicas continuaron siendo el punto de llegada de diversas expediciones marítimas procedentes de distintas localidades del Valle del Indo. Tartessos pasó a no estar bajo la férula de ningún rey indio en concreto, puesto que tales factorías comerciales pasarían a ser de uso comunitario. Una confederación de urbes del Valle del Indo harían uso conjunto de estas colonias-factorías situadas a las puertas del Mediterráneo.

La población de estas colonias-factorías podía variar dependiendo de los ciclos de llegada de las naves indostánicas, lo que entonces incidía en un mayor flujo hacia las mismas de las poblaciones locales de los alrededores, con motivo del incremento de la actividad comercial que entonces se generaban en torno a estas. Esta condicionalidad que provocaba la alteración poblacional  de las colonias tartéssicas podía ser el motivo de que su localización geográfica exacta fuese de difícil ubicación en la primera mitad del primer milenio a.C. , de ahí la ignorancia que al respecto mostraban los textos de geógrafos e historiadores griegos.

Las historias que los marinos de Tartessos habían propagado por el Mediterráneo respecto al hundimiento bajo las aguas de la lejana Lothal, y a la confederación de reyes del Valle del Indo que la sustituyó para hacerse cargo de las colonias-factorías tartéssicas, pasaron a los marinos griegos, y de boca de estos pudieron llegar al filosofo Platón para inspirar su metahistoria oceánica acerca de un poderoso imperio insular de la Antigüedad surgido de la confederación de diez reyes, que había perecido bajo las aguas después de una épica guerra sostenida con la Atenas primitiva.

Porque los marinos del Valle del Indo tomaron el Mediterráneo como ruta comercial

Los navíos de la confederación india no comerciaban exclusivamente con Egipto, sino que además lo hacían con las urbes palestinas, los hititas, Creta, o los reinos micénicos. Una ruta marítima a través del Mar Rojo que supuestamente llegase a algún punto de la costa egipcia podía servir para establecer comercio con el país de los faraones, pero no con el resto de pueblos del Mediterráneo Oriental, y además, un comercio a gran escala como el que efectuaban las naves de Tarsis (confederación de urbes indostánicas), no podía hacerse atravesando el desierto desde un punto de la costa del Golfo Pérsico o desde el Mar Rojo hasta la costa del Levante Mediterráneo. Sería técnicamente imposible.

Al respecto es interesante lo que se dice en el libro bíblico de Ezequiel con referencia a Tiro y su comercio con Tarsis:

Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte: en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías. (Ezequiel 27, 12)

Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías. Así llegaste a ser opulenta y muy rica en el corazón de los mares. (Ezequiel 27, 25)

La navegación habitual se hacía siempre navegando en paralelo a la línea de costa, sin perder nunca esta de vista. La ruta comercial más practicada entre Tiro y Gadir era la que pasaba por el sur del Mediterráneo, en paralelo a la costa africana. Con las escalas pertinentes, lo normal era que este trayecto se hiciese en 80 o 90 días.

Otro pasaje bíblico dice respecto al comercio con Tarsis:

porque el rey tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. (1 Reyes 10,22)

El hecho de que según se dice en 1 Reyes 10,22 los navíos cargados con mercancías procedentes de Tarsis arribasen a la costa palestina cada tres años, pudiera ser indicativo de la lejanía de la cual procedían. Lógico cuando para su travesía mercantil debían bordear el Cabo de las Tormentas, situado al borde meridional de Africa, y ruta obligada hacia la India. No es que el periplo marítimo desde el Valle del Indo durase tres años, sino que dada la lejanía del territorio con el que se establecían esas relaciones comerciales, el viaje solo era rentable cada cierto período de tiempo, tres años en este caso. Por otro lado, el único lugar lógico del que se podían importar productos como monos, marfil, oro, plata, y pavos reales, y con el que se comerciaba cada tres años, era de las culturas urbanas del Valle del Indo. Los datos zoológicos dados en el texto bíblico son significativos al respecto.

Algunas apreciaciones sobre el culto

La importancia del ganado bovino, bueyes o toros, en la economía de las regiones sur occidentales tiene su reflejo en el mito griego de Gerión y su manada sagrada. En algunas estelas supuestamente tartéssicas aparecen dibujos de personajes tocados con cascos de cuernos. La sacralidad del toro en aquellas tierras peninsulares constituye un elemento que según la evidencia arqueológica pudiera formar parte de la religiosidad y los ritos asociados a esta que practicaban las gentes que las poblaban.

Constatando histórica y arqueológicamente la existencia de un culto al toro en el Valle del Indo, se puede decir que este era ya practicado en tiempos pre arios (c. 1. 500 a.C.). El culto a este animal en los territorios indios tenía relación con una religión naturista y el concepto de fertilidad asociado a ella. Shiva era una divinidad también conocida antes de la invasión aria a la que se le atribuía una danza ritual que culminaba cuando tomaba por montura a un toro blanco, acto de dominio que venía a simbolizar a su vez el control de los impulsos sexuales lujuriosos.

El culto a Shiva parece haber derivado del de un antiquísimo “dios astado” llamado Pashupati, cuya representación en uno de los característicos sellos del Indo fue descubierta por John Hubert Marshall durante las excavaciones que desenterraron las extraordinarias civilizaciones del Indo a partir de la década de los 20, fundamentalmente Muhenjo-Daro y Harappa, a la que pertenecería la ciudad de Lothal (3). Precisamente en los sellos de Lothal y otras urbes del valle del Indo se representaban toros.

Diversos sellos del Indo de la época Harappa con representación de astados

La idea es que el culto a este animal pudo haber sido introducido en la península Ibérica y otras zonas del Mediterráneo por los marinos de Lothal durante el Bronce Medio, al igual que también pudieron haber introducido la técnica del trabajo del bronce por este mismo camino.

Religión
Algunos aspectos importantes de la religión de esta Cultura del Valle del Indo, se pueden inferir por las artes menores documentadas en las excavaciones. Una figurilla femenina de terracota de abultados senos, hallada en Mohenjo-Daro, está vinculada, con seguridad, al culto de la Diosa Madre, y ponen en relación el valle del Indo con Elam, Mesopotamia, Anatolia y con el Mar Egeo. Otra diosa, o quizás la misma, se representa en un sello sentada sobre un árbol pipal o brotando de él. Un devoto se arrodilla ante ella. Siete fieles están debajo de la diosa. Se trata, muy probablemente, de la epifanía de un espíritu arbóreo. (4)

Los habitantes del Valle del Indo que primeramente pudieron colonizar Tartessos no practicaban el hinduismo bajo la forma en que tradicionalmente lo conocemos. Lo suyo era una religión animista de cultos agrícolas, pastoriles, y de veneración por una Diosa Madre primordial. Obviamente, el aislamiento a decenas de miles de kilómetros de su tierra natal de los primigenios colonizadores de Lothal, habría producido que al  ingresar en la península Ibérica con un determinado sistema de cultos religiosos, conservasen estos al margen de las nuevas aportaciones religiosas que si asimilarían los habitantes de sus metrópolis de procedencia.

El lógico desarrollo cultural durante los siguientes mil años, les haría a los indios de Tartessos evolucionar en su culto a partir de las creencias con las que se asentaron primigeniamente en la península y de la influencia de los cultos nativos con los que era fácil mezclarse, dado sobre todo que las poblaciones locales con las que se toparon practicaban también ritos naturistas de adoración a la Madre Tierra. Teniendo en cuenta la inmensa distancia con las tierras del Valle del Indo, y el contacto muy escaso que tenían con estas, es de sentido común pensar que no tenían por qué haberse contaminado de las sucesivas innovaciones religiosas que durante esos mil años si que marcarían de manera determinante las creencias de los habitantes del Valle del Indo. Esa sería la razón por la que debieron desarrollar la estructura de su universo religioso a partir de pautas propias y de las influencias de las poblaciones íberas de su entorno.

¿Por qué despareció bruscamente Tartessos hacia fines del siglo VI a.C.?

La respuesta a esta interrogante se puede encontrar en la propia historia de la civilización del Valle del Indo.

Cuando en el año 518 a.C. el rey de los persas Darío I conquista el Valle del Indo, anula la autonomía política de las urbes sometidas a su dominio, lo que conllevó una ruptura brusca de las comunicaciones con Tartessos. Al verse privadas las colonias-factorías repentinamente de la asistencia de la confederación de ciudades indias, estas dejaron de funcionar y fueron abandonadas. Esas tierras fueron entonces terreno abonado para caer en manos de las potencias mediterráneas.

Notas

1. S. R. Rao (1985). Archaeological Survey of India. ed. Lothal. p. 11

2. Fuente: KnowledgrES.com

3. Marshall, Sir John, Mohenjo Daro y la civilización del Indo, Londres 1931

4. La cultura del Valle del Indo, Revista de Arqueología, Año XVI, Nº 172,  J. M. Blázquez Zugarto Ediciones, Madrid, 1995 Original

Tartessos fue una colonia india de Lothal

Representación de Lothal en el Valle del Indo

En el año 518 a.C. Darío I, rey de los persas, conquista las tierras del Valle del Indo, en la India, las convierte en satrapía de su imperio, y pasa de esa manera a controlar la economía india.

Este sometimiento del Valle del Indo al poder persa coincide en el tiempo, fines del siglo VI a.C., con la época hacia la que diversos historiadores y arqueólogos parecen constatar la desaparición de la supuesta Tartessos ibérica.

La coincidencia de ambas fechas tiene una lógica histórica.

Desde el segundo milenio a.C., Lothal, grandiosa urbe india del Valle del Indo, tenía relaciones comerciales con el mundo Mediterráneo. Existía una ruta comercial a través del Golfo Pérsico, que conectaba Lothal con las culturas mesopotámicas (1), y una ruta que bordeaba Africa, pasaba por el estrecho de Gibraltar, y llegaba hasta Egipto y otras zonas del levante Mediterráneo.

Dado el inmenso periplo marítimo que los marinos de Lothal debían realizar para llegar hasta las áreas geográficas de Egipto y el oriente Mediterráneo, establecieron una colonia comercial ubicada al occidente del Estrecho de Gibraltar, en un área a la que en el segundo milenio a.C. no llegaban aún las ambiciones imperialistas de las potencias Mediterráneas.

Lothal no se estableció exclusivamente en el territorio peninsular ibérico, sino que lo hizo también en la costa del Marruecos actual, siendo entonces que ambas áreas situadas al norte y sur del Estrecho de Gibraltar conformaban el territorio nebuloso que en los textos griegos pasó a denominarse Tartessos.

Las alusiones bíblicas a Tarsis, recogidas en textos elaborados con posterioridad al cautiverio en Babilonia (607 a.C. – 537 a.C.), no hacían sino recoger de manera vaga e inconcreta historias antiguas que circulaban por el Mediterráneo Oriental  relativas a un misterioso pueblo de comerciantes con el que desde tiempo inmemorial se realizaban transacciones mercantiles.

Los marinos de Lothal llevaban a los puertos del Mediterráneo la memoria de su mundo..la ciudad que poseía un gran puerto unido a través de un canal a un rio, el Sibarmati, que hacía que fuese posible la navegación de sus grandes naves hasta el mar.

La ciudad de Lothal, fundadora de la colonia afro-europea de Tartessos, pereció inundada por las aguas..

Después de que el corazón de la civilización de Indus había decaído en Mohenjo-daro y Harappa, parece no sólo que Lothal ha sobrevivido, pero ha prosperado durante muchos años. Sus amenazas constantes, tormentas tropicales e inundaciones, causaron la destrucción inmensa, que desestabilizó la cultura y por último causó su final. El análisis topográfico también muestra signos que en aproximadamente el tiempo de su fallecimiento, la región sufrió de la aridez o debilitó la precipitación del monzón. Así la causa para el abandono de la ciudad puede haber sido cambios del clima así como catástrofes, como sugerido por archivos magnéticos ambientales. Lothal está basado en un montículo que era un pantano de sal inundado por la marea.

Fuente: aquí

Otras urbes sindhis tomaron las rutas comerciales de Lothal, y mantuvieron vivas las relaciones con el Mediterráneo hasta la conquista persa de Darío I en 518 a.C.

Las historias que los marinos de Tarsis habían propagado por el Mediterráneo inspirarían a Platón para elaborar su narración sobre la Atlántida.

1. S. R. Rao (1985). Archaeological Survey of India. ed. Lothal. p. 11