Como se construyó el mito de Santa Claus

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 Litografía navideña de Louis Prang de hacia 1885

El mito comienza en Holanda a partir de un momento indeterminado del siglo XV, y se inserta en la festividad de San Nicolás que se celebraba el 6 de diciembre. Se tiene constancia de que en las iglesias de Holanda comenzó a ponerse en práctica en este tiempo la costumbre de dejar zapatos la noche anterior a la conmemoración de esta festividad para que los más ricos dejasen diversas dádivas en ellos que al día siguiente habrían de ser repartidas entre los más pobres. Esta práctica se comienza a implementar en el contexto de la Reforma Protestante que atacaba a la Iglesia Católica y a los ricos que compraban su salvación con el comercio inmoral de las indulgencias. La iglesia rescató entonces la memoria de un supuesto obispo de Myra, en la actual Turquía, que vivió en el siglo IV y del que se decía que al morir hizo que su fortuna familiar fuese repartida entre los más menesterosos de la ciudad. Intentaba con ello paliar las acusaciones que los protestantes lanzaban a obispos y ricos por el mercantilista comercio de las indulgencias que unos con otros sostenían.

En otro momento indeterminado del siglo XVI esta costumbre del zapato en la iglesia comienza a trasladarse al ámbito familiar de las familias holandesas, donde las dádivas en los zapatos tienen ahora como principales receptores los niños que integran la unidad familiar, y los ricos que en el siglo anterior ponían las dádivas en los zapatos de las iglesias pasan ahora a tomar la imagen de los misteriosos gnomos invisibles de las mitologías populares germánicas. En esta primera época de la práctica de dejar regalos a los niños en los zapatos la noche anterior a la conmemoración de la festividad de San Nicolás no se atribuye por tanto a alguien definido fijado en la personalidad de este obispo, a pesar de que si se utiliza el marco de la conmemoración de su muerte para hacerlo, sino que son indeterminados gnomos los que dejan en los zapatos los regalos a los pequeños. Tenía por tanto esta costumbre un fundamento pagano.

A partir de 1609 los colonos holandeses comienzan a instalarse en la isla de Manhattan, y llevan consigo la práctica del zapato y los gnomos asociado a los regalos a los niños en la noche del 5 de diciembre. La práctica se instala así en las colonias americanas de Inglaterra, que fue la potencia que más tarde arrebataría Manhattan a los holandeses.

En 1804 un anticuario neoyorquino funda la New York Historical Society, una de cuyas intenciones era la de promover a San Nicolás como patrón de la sociedad y de Nueva York en el contexto de promover la recuperación de la memoria cultural holandesa que residía en el origen de la sociedad neoyorquina. Se adopta así el nombre de Santa Claus porque esta sociedad quería recuperar el origen holandés de su consciencia neoyorquina, y en Holanda ya entonces se usaba el nombre de Sinterklaas para designar a este personaje, donde Sinter aludía al apelativo de santo y Klaas a un derivado holandés del nombre griego Nikolaos.

Desde 1809 el escritor Washington Irving era miembro de esa sociedad, y en la fecha en que en ese mismo año se conmemoraba la festividad de San Nicolás, publica una obra satírica denominada “Historia de Nueva York desde el Origen del Mundo hasta el Final de la Dinastía Holandesa, por Diedrich Knickerbocker”, en la que San Nicolás deja de ser santo y obispo para pasar a ser un holandés enano que tenía la costumbre de fumar en pipa. Washington Irving fue el primero en describirlo también como un tipo bonachón y de carácter alegre.

El 23 de diciembre de 1823, el profesor de teología y literatura griega Clement Clarke Moore publica un poema dedicado a su hija con motivo de la Navidad al que llama “Una visita de San Nicolás”, en la que la imagen tradicional de San Nicolás que hoy persiste se va perfilando ya más acentuadamente, aunque aún era San Nicolás representado como un gnomo o duende. Fue este hombre quien trasladó en su poema la costumbre de hacer los regalos a los niños del 6 al 24 de diciembre.

En 1863 un caricaturista estadounidense de origen alemán llamado Thomas Nast publica en la revista de Nueva York “Harper’s Illustrated Weekely” la primera imagen de Santa Claus. Obvia la imagen del gnomo y lo representa como un hombre grande, barrigudo, portando un gran cinturón, aunque le conserva al personaje el carácter otorgado por Washington Irving y las otras peculiaridades del poema de Clement C. Moore como la mención de los renos.  En 1869 a Santa Claus ya se le imagina viniendo del Polo Norte, pues es en ese año cuando Thomas Nast adorna con varias ilustraciones un poema de George P. Webster llamado “Santa Claus y sus trabajos” donde se sitúa su casa en ese lugar.

En 1886 un litógrafo de Boston llamado Louis Prang publica postales de Navidad en color con la imagen de San Nicolás con vestimentas rojas y haciéndolo residir en el Polo Norte, siguiendo la estela de la caricatura de Nast publicada el año anterior.

Curiosamente ese mismo año se creaba la empresa Coca-Cola, que sacaba al mercado la bebida de nombre homónimo que en 1931 un ilustrador de la empresa asoció a la imagen de Santa Claus al dibujarlo portando en su mano una botella de esta bebida refrescante. Esta multinacional fue la responsable con su inmensa campaña publicitaria de que la imagen de Santa Claus como hoy día la conocemos se hiciese popular en todo el mundo.

Vemos entonces como durante la festividad de San Nicolás en el siglo XV los ricos comienzan a dejar dádivas en zapatos puestos en las iglesias holandesas para que estas fuesen posteriormente repartidas entre los menesterosos, ante las acusaciones de los protestantes por el comercio de las indulgencias. En el siglo siguiente los ricos se transforman en gnomos y ya van directamente a los hogares donde hay niños para dejar sus dádivas en zapatos. Los gnomos empiezan a tener un jefe al que se identifica con el personaje que motiva la celebración de San Nicolás el 6 de diciembre. En las colonias americanas este personaje deja de ser obispo para ser un enano holandés alegre y bonachón, en el contexto de la recuperación de la memoria cultural holandesa que pretendía la New York Historical Society. Posteriormente un profesor de teología escribe en Boston un cuento dedicado a su hija, trasladando la festividad de los regalos a la noche anterior a la Navidad, y transformando al personaje en un hombre grande y barrigudo que viaja en un trineo arrastrado por renos voladores. Pocos años después ya viste de rojo y se le ubica en el Polo Norte. La Coca Cola universaliza el mito durante el siglo XX en el periodo de entreguerras a través de una gigantesca campaña publicitaria que asocia el mito a su bebida emblemática.

El mito ya está construido y universalizado..

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