Sobre la mención del Profeta Abraham en las Tablillas de Ebla

Fragmento con texto cuneiforme de Tablilla de Ebla
Fragmento con texto cuneiforme de Tablilla de Ebla

La ausencia de documentación histórica y arqueológica que respalde la historicidad de los profetas nombrados en el Antiguo Testamento ha sido frecuentemente fuente de controversias entre quienes se atienden a los aportes de las evidencias científicas, y quienes por sus creencias religiosas consideran que a pesar de la ausencia de prueba científica alguna, los mitos veterotestamentarios o coránicos constituyeron la manifestación real de hechos de naturaleza histórica.

En este sentido, surge de cuando en cuando quien recurre a una supuesta evidencia histórica o arqueológica recientemente conocida para afirmar que aquello que dice su creencia religiosa sobre determinados personajes o sucesos recogidos es su libro sagrado ha sido constatado por fin científicamente.

Uno de estos intentos de manipulación de un descubrimiento arqueológico ha ocurrido cuando al traducirse lo que se hallaba escrito en las Tablillas de Ebla, se ha intentado asociar estas con una supuesta evidencia documental que vendría a avalar la raíz histórica de tres personajes de la tradición profética contenida en la Biblia y en el Corán,  Abraham, Ismael, y David, cuyos nombre aparecerían según los sostenedores de esta teoría aludidos en caracteres cuneiformes en las mencionadas Tablillas de barro de Ebla.

La manipulación servida

La afirmación tergiversada de que en las Tablillas de Ebla se nombra a los profetas Abraham, Ismael, y David, parte de un autor musulmán llamado Adnan Oktar (cuyo pseudónimo es Harun Yahya) ver aquí

Pero los especialistas que han investigados las Tablillas de Ebla no dicen que en ellas aparezca los nombres del Profeta Abraham, del Profeta Ismael, y del Profeta David.

Lo que si dice algún especialista en arqueología bíblica es que al intentare traducir la escritura cuneiforme de las Tablillas se han podido reconstruir algunos nombres propios que filológicamente podrían corresponderse con el de algunos de los nombres de personajes veterotestamentarios, algo que no ha sido aún corroborado de manera fehaciente, solo se habla por ahora de posibles similitudes fonéticas entre unos y otros nombres.

De todas formas, se refiere en este supuesto a  que podría aparecer el nombre de alguien que se llamaba Abraham o algo parecido, y que por la comparación filologica de los supuestos caracteres cuneiformes eblaíta de ese nombre con el hebreo que se correspondería con el de Abraham, podría existir una similitud entre ambos, de lo que en absoluto se deduce que el probable nombre eblaíta de Abraham contenido en las tablillas se debiese asociar al “Profeta Abraham” de la Biblia y del Corán.

De particular interés son los nombres de lugares y personas. Encontramos una extensa zona de superposición entre las tablas de Ebla y el texto bíblico. Entre los muchos nombres personales, tanto en la Biblia y las tablas son las siguientes: Abraham, David, Esaú, Ismael, Israel, Micaías, Michael, y Saulo. Hemos normalizado la ortografía de los nombres que se ajusten al modelo bíblico, pero la ortografía en eblaíta es tan estrecha en todos los casos que no puede haber ninguna duda de la identidad de los nombres. (En ningún caso podemos decir que las personas son idénticas, sin embargo.) En algunos casos, sobre todo la de David (que en eblaíta se escribe da-ud-um), el nombre no se conoce de ninguna otra fuente en la antigüedad. (1)

El estudio de las Tablillas de David Noel Freedman fue en el que se inspiró Harun Yahya para elaborar su tesis de que los nombres de tres profetas coránicos, Abraham, Ismael y David, estaban contenidos en aquellas Tablillas de barro del tercer milenio a.C. Pero ni el mismo David Noel Freedman establece la relación inequívoca entre los probables nombres contenidos en las Tablillas de Ebla y los personajes de la tradición bíblica o coránica. Solo habla de probables similitudes entre nombres propios contenidos en unos y otros textos, no de que a los nombre de los de los textos eblaítas se les pudiesen asociar las mismas connotaciones o atributos religiosos que a los personajes de similar nombre escritos en los textos bíblicos o coránicos.

Entre el Profeta Abraham y David habrían mediado muchas generaciones según la tradición, y el personaje llamado Saulo en las mismas Tablillas según la transcripción de David Noel Freedman (ver texto de su obra más arriba), ¿se correspondería acaso con el San Pablo de los textos neotestamentarios?..

Breve historia del reino de Ebla

El asentamiento de Ebla, situado en la Siria septentrional, se remonta a comienzos del III milenio a.C., pero su transformación en un reino con capacidad expansiva no acontece hasta cerca del 2.400 a.C., tiempo que se corresponde con el período en el que se han datado las tablillas más antiguas.

Hacia el 2.250 a.C. Ebla es saqueada por invasores acadios, hecho que supuso el fin cultural del reino debido a que a partir de entonces cayó en deshuso tanto la lengua eblaíta como la sumeria, idiomas ambos en los que estaban grabadas las tablillas. La lengua del reino fue entonces sustituida por la de los invasores acadios.

La decadencia cultural después del saqueo del reino por los acadios de Naram-Sin no supuso sin embargo su desaparición como entidad política, pues el reino fue posteriormente restaurado. Sufrió otra invasión amorrita hacia mediados del XIX a.C.  que tampoco supuso su desaparición política, aunque en el plano cultural nunca volvió a resurgir su antiguo esplendor.

El período de pervivencia política aunque de decadencia cultural se extendió desde la invasión acadia hacia el 2.250 a.C. hasta la de los hititas en torno a 1.650 a.C.. Durante ese tiempo fue el idioma acadio, y en menor medida el amorrita, el que hizo de lengua oficial del reino de Ebla.

Tras la invasión hitita en 1.650 a.C. se cierra definitivamente la historia política del reino de Ebla.

La imposible crónica de los profetas en las Tablillas de Ebla

Este escueto resumen alusivo a la historia de las tablillas de Ebla viene a razón de establecer un marco cronológico para las mismas, en base a los datos aportados hasta el momento por la documentación histórica y arqueológica disponible.

Dado que las tablillas fueron redactadas en eblaíta y sumerio, estas no pueden recoger acontecimientos fechados con posterioridad al 2.250 aproximadamente. La caída en desuso de una y otra lengua traza una línea divisoria que viene ha indicar que con posterioridad al 2.250 no se volvió a escribir en eblaíta ni sumerio sobre las tablillas hasta ahora conocidas.

No obstante esta constatación arqueológica, hay quien dice que en estas tablillas se han encontrado tres nombres que han sido identificados con otros tantos profetas bíblicos anteriores al visionario José.

Estos tres personajes que se encuentran mencionados tanto en la Biblia como en el Corán, serían según los sostenedores de esta teoría, el profeta David, el profeta Abraham, y el profeta Ismael.

Según se desprende del relato veterotestamentario del Génesis, Abraham habría vivido tres generaciones antes que José (fue padre de Isaac, abuelo de Jacob, y bisabuelo de José el visionario), el cual habría residido en las Dos Tierras, siempre según el relato veterotestamentario, durante el dominio de los príncipes pastores, período que abarcaría desde mediados del siglo XVII a mediados del XVI a.C..

Bajo tal condicionamiento establecido por el mismo Libro del Génesis, no se puede sino inferir que Abraham debió haber vivido, según la propia lógica del relato tradicional, en algún lapso temporal comprendido dentro de la primera mitad del segundo milenio a.C.

Teniendo en cuenta que Ismael fue hijo de Abraham, es de sentido común situarlo cronológicamente más cercano aún al tiempo de José (mediados del XVII a.C. – mediados del XVI a.C.).

En lo que respecta al tercero de los profetas supuestamente mencionados en las tablillas en eblaíta y sumerio de Ebla, David, la cronología bíblica lo sitúa entre fines del XI a.C. y mediados del X a.C.

Tenemos así que la datación de las Tablillas de Ebla las sitúa cronológicamente entre el 2.400 a.C. y el 2.250 a.C. aproximadamente. El que dos de esos personajes, Abraham y su hijo Ismael, hubiesen vivido en un tiempo comprendido en la primera mitad del segundo milenio, y que el tercero de ellos, David, lo hubiese hecho entre fines del siglo XI a.C. y principios del X a.C., siempre según la tradición, hace que estas no puedan ser aceptadas como crónicas históricas para estos personajes bíblicos, puesto que fueron redactadas con varios siglos de anterioridad al tiempo en que la tradición los hace vivir.

Si en ellas aparecen los nombres de Abraham, Ismael, y David, significría que según las Tablillas de Ebla, escritas en cuneiforme ebaíta y sumerio y datadas entre el 2.400 y el 2.250 a.C., estos personajes tendrían que haber vivido dentro de este lapso temporal, ¿cómo pueden ser crónicas que confirmen la realidad histórica de protagonistas  bíblicos que con estos mismos nombres habrían vivido entre la primera mitad del segundo milenio y principios del primer milenio a.C.?, por no decir de la inclusión del nombre de Saulo, también mencionado por David Noel Freedman como uno de los que aparece en las Tablillas al hacer su transcripción..

La inclusión de los nombres de los profetas en el imaginario de los antiguos israelitas pudo suponer que la adopción de tales nombres se debiese al hecho de que estos hubiesen sido adoptados de entre los que ya circulaban en textos de los pueblos de Siria-Palestina desde hacía muchas generaciones por haber sido personajes de cierta relevancia, no habiendo ninguna constancia de que fuese esta de naturaleza religiosa.

Del mimso nombre de David,  rey en la Biblia o Profeta en el Corán, afirma David Noel Freddman que solo se conoce una filología similar del mismo en un texto de las Tablillas de Ebla, aparte de su mención en los textos veterotestamentarios.

Teoría de la pseudonimia con las Tablillas de Ebla

El hebreo arcaico utilizado en la época del primer templo comenzó a formarse después del X a.c., y a partir del VII a.c. comenzó a ser sustituido por el arameo, época a partir de la cual comenzaron a redactarse en ambas lenguas los primeros textos veterotestamentarios. En la época en que el pseudohistoricismo hace vivir a Moisés, siglos XIII-XII a.C. no se conocían ninguna de aquellas dos lenguas, pues era entonces el fenicio-hebraico la que pudieron conocer las tribus israelitas de aquel período histórico.

A pesar de ello y contra toda lógica, puesto que no existe texto veterotestamentario alguno escrito en fenicio-hebraico, este pseudohistoricismo le otorga a Moisés la autoría de algunos de los escritos sagrados hebreos. Las lenguas en las que fueron redactados aquellos más antiguos, hebreo o arameo, no eran conocidas en los tiempos en los que la cronología bíblica hace vivir a Moisés. De ello se puede inferir que la pseudonimia fue una práctica usual en el proceso de transcripción de distintos relatos mitológicos mesopotámicos al canon religioso hebreo a partir de la segunda mitad del primer milenio a.C. ya en tiempos del Segundo Templo.

La confirmación de que de la transcripción de determinados caracteres cuneiformes de las Tablillas de Ebla surgirían los nombres de Abraham, Ismael, o David, permitiría sustentar sobre una base arqueológica la hipótesis de que dichos nombres fueron tomados como referencias por los sacerdotes hebreos de la segunda mitad del primer milenio para dar nombres a algunos de los principales protagonistas de sus relatos veterotestamentarios.

Si las Tablillas de Ebla no pueden haber sido crónicas de los personajes de la tradición profética de la Biblia y el Corán, si pueden en cambio haber servido de inspiración para el proceso contrario, o sea, para que los sacerdotes hebreos hubieran llegado de alguna manera a tener conocimiento de aquellos personajes de los textos eblaítas y los hubiesen adoptado para dar nombre a los protagonistas de sus escritos sagrados.

¿Fueron entonces tomados los nombres de algunos de los personajes veterotestamentarios, como Abraham, Ismael o David, de las Tablillas de Ebla para ser adoptados en un ejercicio de pseudonimia por los sacerdotes hebreos del tiempo del Segundo Templo, y construir con esos nombres parte de sus relatos sagrados?.

(1) David Noel Freedman, “Las Tablas de Ebla y la tradición de Abraham”, en Reflexiones sobre el mormonismo: judeo-cristiana de Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Centro de Estudios Religiosos, Universidad Brigham Young, 1978, 67-78.
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4 comentarios en “Sobre la mención del Profeta Abraham en las Tablillas de Ebla”

  1. O también es posible que las fechas en las que sitúa la Biblia a esos personajes no fuera la cierta. ¿Qué le otroga a la Biblia autoridad histórica para otorgar fechas?

  2. Buenas tardes Maite

    La Biblia no da fechas para situar cronológicamente a los personajes de los que se habla en el artículo.

    Yo entiendo que lo que tu quieres decir es que si la tradición sitúa a esos personajes bíblicos digamos que en un amplio período que abarcaría prácticamente del primer tercio del segundo milenio a.C. al año 1.000 a.C apróximadamente (De Abrham a David respectivamente), y que si las Tablillas de Ebla están datadas entre el 2.400 a.C y el 2.250 a.C., los nombre con similitudes fonéticas similares a los de esos personajes bíblicos que ahí figuran no podrían corresponderes con ellos a no ser que la tradición estuviese equivocada, y que por lo tanto personajes como Abraham, Ismael o David hubiesen vivido en tiempos contemporáneos o anteriores al de la datación de dichas tablillas (2.400 a.C. – 2.250 a.C.).

    El problema para ello está en el Profeta José, para el que si hay un contexto histórico identificable con un período deteminado de la historia egipcia, que se situaría justo antes del Imperio Nuevo, durante el Segundo Período Intermedio, época de los reyes hicsos. Sobre este lapsus temporal que se situaría la época del Profeta José hay evidencias no solo en la Biblia, sino también en el Corán, que en este libro sagrado es una excepción, pues es el único personaje al que en el relato coránico se le puede dar un determinado contexto temporal que lo situría en esta misma época. Es muy extraño que el Corán haga esto, porque es el único caso en el cual este libro sagrado apunto a un contexto temporal determinado..todos los otros relatos coránicos son atemporales.

    Hay un caso único en el Corán en que se hace historicismo, como una extraordinaria excepción, pues la Revelación contiene un lenguaje a-histórico que no permite, en base estrictamente a la antropología coránica, limitar las historias en esta relatadas a un contexto geográfico o histórico definible.

    Pero la historia de Yusuf contiene un elemento diferenciador respecto a la naturaleza de las otras historias coránicas, pues la dimensión a-histórica del Corán se transmuta de repente en dimensión histórica cuando habla del bisnieto de Abraham.

    El Corán podía haber colocado a José en la dimensión a-histórica si para hablar de los gobernantes de Egipto hubiese empleado en todo momento solo el término rey d(al-malik), pero extraordinariamente rompe con la dinámica a-histórica cuando al hablar de Moisés y su relación con el gobernante de Egipto se refiere a este como “Faraón”. Al identificar al gobernante de Egipto como rey (al-malik) en la época de José, y como Faraón en la época de Moisés, el Corán hace una distinción histórica fácilmente reconocible por la egiptología. Con esta distinción el Corán está claramente apuntando al período hicso en Egipto (etapa final del Segundo Período Intermedio, entre 1650 a.C. y 1550 a.C. aprox.). El padre de José, Jacob, era nieto de Abraham, por lo que José vivió tres generaciones después del Profeta Abraham. Y si José vivió en el período hicos comprendido entre 1.650 a.C. y 1.550 a.C., o en un período anterior aunque cercano a la fecha de 1650 a.C., obviamente Abraham que era su bisabuelo no podía haber vivido en un período muy muy anterior al 1.650 a.C…y las fechas en las que están datadas las Tablillas de Ebla (2.400 a.C. – 2.250 a.C) son muy muy muy anteriores a esa fecha.

    Bajo esa premisa no es posible situar entonces a Abraham, Ismael o David en una fecha que no sea el segundo milenio a.C. No puede haber pues por ello relación entre estos personajes y las Tablillas de Ebla más que en sentido que menciono en el artículo, o sea, que los textos veterotestamentarios tomasen los nombres de esos pesonajes de la Tablillas.

    A no ser que se sitúe al Profeta José fuea del período hicso (1.650 a.C. – 1.550 a.C.) o su entorno temporal cercano, y tanto en la Biblia como en el Corán esto no parece factible desde el punto de vista histórico, teniendo en cuenta que en el Corán por ejemplo también lo sitúa en ese período al identifica al gobernante egipcio de la época de José con al-malik, y no con el de Faraón de la época de Moises.

  3. Si bien es cierto que conocemos hoy en día a los reyes de Egipto como faraones, según tengo entendido, no hay evidencia histórica de que esos reyes conocidos hoy por ese nombre se llamasen a sí mismos “Firaun” o en su época fueran conocidos por ese nombre, o de alguno de ellos en concreto que utilizara ese nombre o fuera conocido por él. Como tampoco parece que haya aparecido ninguna evidencia de que el territorio de Egipto haya sido llamado por sus habitantes de otra manera que esa o alguna de sus variantes antiguas. Es decir, que no consta que en épocas antiguas el valle del Nilo hubiera tenido el nombre “Misr” que es el nombre del territorio que aparece en el Corán en relación a los profetas Yusuf y Musa. Por lo tanto, es posible que esos personajes no habitaran ni en aquella época ni en aquel lugar.

    1. Hola Patricia

      Verás, con respecto al nombre de Misr para designar a Egipto si se utilizaba en la antiguedad. Es acadio en su variante medio-babilonio. Es como los babilonios designaban a Egipto. Este vocablo está recogido en la correspondencia diplomática que en el segundo milenio a.C. se intercambiaban los gobernantes de los estados de Oriente Medio. Así consta en las “Cartas de Amarna”,. También en ugaritico, lengua semítica conocida por ejemplo en Siria, se han hallado inscripciones con el término Msrm referido a Egipto.

      Las cartas diplomáticas de la correspondencia de Amarna designan a Egipto como Mi-is-ri, que en acadio tiene la significación de metrópoli, lugar civilizado, o tierra fronteriza. Denominaban así al país al que nosotros denominamos Egipto porque se situaba al oeste de lo que los pueblos de Oriente Medio de entonces consideraban la civilización. Egipto era pues Mi-is-ri en los textos cuneiformes. Esta es la razón por la que desde la perspectiva de los babilonios u otros pueblos de Medio oriente, el país del Nilo fuese denominado Mi-is-ri..la metrópoli en la frontera con el mundo incivilizado..

      En cuanto al término Faraón en realidad no designaba al rey de Egipto originariamente, sino al palacio donde este residía, o sea, la Corte, el Palacio, o más comúnmente, la Gran Casa. No designaba al gobernante en si, sino a su lugar de residencia.

      Hacia finales del Imperio Medio comienzan a proliferar los documentos conteniendo la fórmula “Gran Casa (Faraón), ¡Vida, Prosperidad, Salud!”, que es asociable no al soberano en si, sino a su lugar de residencia, su Corte. En los documentos en los que en ocasiones aparecía esta referencia nunca lo hacía asociado al nombre de ningún gobernante, o sea, no se decía por ejemplo “la Gran Casa (el Faraón) Ramsés II”. Faraón (Gran Casa) no era ni siquiera un título asociado al gobernante de Egipto, pues no es nombrado este entre los que figuran en la Titulatura Real, sino que era la forma con la que en algunos documentos los escribas se referían a la Casa Real, para entendernos.

      El término Faraón es bíblico, a pesar de que está tan fuertemente arraigado en el subconsciente colectivo, que incluso los especialistas en historia Antigua lo emplean por convencionalismo, ampliamente aceptado por otro lado. El título usado por los faraones (por seguir con el convencionalismo) era, entre otros, el de Nesu-Biti, Rey del Alto y del Bajo Egipto, aunque literalmente significaba “el que pertenece a la caña y a la abeja”, que a su vez provenía de títulos predinásticos alusivos a los antiguos soberanos del Delta del Nilo, en el norte, y del Valle, en el sur. La caña y la abeja eran los símbolos heráldicos del Alto (Sur), y el Bajo (Norte) Egipto respectivamente.

      Melek, al-malik en árabe, era la forma en que los hebreos se referían a los reyes, a los suyos propios entre otros. Nesu-Biti implica que se ejerce el derecho de soberanía sobre todo el territorio egipcio, o sea, sobre el Alto y el Bajo Egipto. Melek (al-malik) en referencia a los soberanos egipcios no podía implicar sino que la soberanía solo se ejercía sobre una parte del territorio egipcio, el Norte, donde estaba el Delta del Nilo, en el caso de los hicsos.

      Saludos

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